13.3.12

La maldición del vampiro plateado




Quien sostiene la muerte de un pájaro en su mano adquiere la facultad del vuelo. No existe descripción alguna sobre la naturaleza del flujo del alma del ave a la de quien la porta, no se ha registrado evidencia alguna de que el invadido por ese espíritu ice el vuelo, pero en ese prodigio imposible reside la misma naturaleza de la poesía. De la misma forma, obrado un milagro similar, el que acompaña la muerte de un semejante recibe sus tristezas y sus júbilos, los pecados que cometió en vida y las virtudes que lo engrandecieron ante los demás. Que no haya acto que corrobore esta mera especulación narrativa no significa en modo alguno que no pueda ser cierta. En la poesía subsiste de forma primaria y pura la fe. En lo invisible, en esa sustancia sin argumento, es en donde se arrima el asombro y abreva. En cuanto me desprenda del quebranto místico al que he confiado el ocio de mis noches, vuelvo a las novelas de Curtis Garland, vuelvo a Clark Carrados, vuelvo a Joseph Berna, vuelvo a todas esas novelas pulp de intenso aroma lúbrico, impregnadas de dulces peligros, que salvaban el alma del peso de la responsabilidad de saberse elegida por los dioses. Ah la feliz travesía de la ignorancia, ah el vértigo sin dueño, ah la fiebre invisible. No saber ya perderse en la serie B en las enormes tardes de verano. Mirar siempre con lupa nihilista la coraza de las cosas. Despertarse todas las mañanas con la secreta esperanza de que se obre el milagro y regrese el vampiro plateado.





6 comentarios:

Joselu dijo...

Yo también leí mucha serie B en infinitas tardes de verano, tardes que ya no me lo parecen tan infinitas cuando las vivo ahora. Debe de ser que el verano es una categoría adolescente. Yo solo sé situarlo allí. Mis lecturas prohibidas, mis meditaciones en el faro con poemas de Apollinaire durante el ocaso, mi enfermedad conradiana en una playa de Ibiza… Siempre que pienso en las infinitas tardes de verano, pienso en el amor, en la cerveza, en los faros, en aquel ser extraño que fui yo cuando era adolescente y leía noveluchas de la serie B, aunque no sabía que eran de serie B.

Miguel Cobo dijo...

El nihilismo, llevado a su más alto grado de lucidez se convierte en autortura existencial.

Sí, conviene retornar a los placeres primigenios.En la lectura y en la vida. Pero que regrese la vampira dorada (porque pedirse una vampiresa, va a ser que no).

Isabel Huete dijo...

Pasé de los libros de Salgari a las novelas de serie B. No tenían comparación pero me entusiasmaban. Las devoraba como si fuera el monstruo de las galletas. En mi tiempo, en los quioscos en vez de comprarse se alquilaban y las ibas cambiando por unos céntimos. ¡Cuántas tardes de verano leyéndolas a escondidas, subida a un algarrobo en el huerto de detrás de la casa que alquilábamos en la sierra de Ávila porque en realidad debía estar estudiando por los cates que me habían dado! Este post me ha traído unos recuerdos que casi había olvidado.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Siempre que pienso en la serie B pienso en todo eso que cuentas. No saber que era serie B. Qué fantástica ocurrencia la tuya. No saber para disfrutar. No la leeríamos ahora. O sí. Estamos contaminados de grandeza. Pero lo que nos gusta es lo epidérmico, lo que nos induce a enervarnos, no a pensar, no a trascender. A veces es cierto esto, Joselu.


Los placeres son siempre primigenios. Los funda el asombro y los mantiene en vilo, vigías, la rutina. No podemos ser lo que somos si no somos lúdicos con nosotros mismos, Miguel. Vampiresas como que no. Cierto.

Salgari es una puerta a otra cosa. Todos son puertas. Se abren, se cierran, Isabel. Somos los que entran y salen. Reforzados por la lectura, por la vida que imparte la lectura. Dibujas una escena precioso en esa sierrade Ávila. Un beso.

alcalina - facebook dijo...

alguien me puede decir donde consigo de estos libros???gracias

Anónimo dijo...

Hola a todos y un cordial saludo. En la web: bolsilibrosbruguera.globered.com podeis encontrar un gran número de estas novelas, para todos los interesados en literatura popular.