12.2.12

Pasos atrás



De las vidas ajenas  apena que sean tan iguales a las nuestras. Por eso somos de Nadal y de Alonso. Ahí estriba el compromiso moral e incluso la dependencia estética con el triunfo de los otros, de quienes logran cotas de esplendor que no están a nuestro alcance. En esa admiración radica la vigencia del héroe. Los de ahora no son épicos o lo son de un modo accidental e irrelevante. El héroe de nuestro tiempo es un volcado de muchos grumos, una especie de monstruo de frankenstein con el que algún equipo de márketing se ha empleado a fondo y se ha lucido. Vivimos a lomos de un caballo desbocado. A poco que nos descuidemos, nos desaloja de la silla, nos arroja al barro, nos pisa si no sabemos quitarnos a tiempo de su avance. El caballo de estos días se ha esmerado en descabalgar a un juez y lo ha pisado a base de bien. Lo ha dejado k.o. Ha impuesto su lógica animal. No sabe uno del todo la trama de estas cosas, pero entiende la subtrama, los fragmentos de trama que nos van dejando como pequeños mendrugos de pan que marcan un camino en el bosque. No sabe uno si ha sido juzgado o ajusticiado el juez valiente de todas las causas nobles. Porque mirar de frente a Pinochet y sentarlo en un banquillo es una causa noble, no me cabe la menor duda. Si todo es un complot, una de esas conspiraciones de las alturas más brumosas del poder y le han apartado para siempre de la incómoda arena en la que se movía. Si Franco en su tumba estará echando una sonrisita cómplice. Si los encausados por la Gürtel la repetirán sin disimulo. Lo que escandaliza es la fiereza con la que los mandos de la plaza han apiolado a uno de los suyos. Uno de imposible amarre, culo de mal asiento, héroe de causas que algunos ni sabían que existieran. De esas vidas ajenas siempre se esfuerza uno en extraer lo bueno, lo hermoso, lo heroico. La de Garzón es una vida de una cinta de suspense, una no vida, en cierto sentido. Lo que le quedaba de paz se lo han birlado con las armas que él bien conoce y que ha usado, a juicio de algunos, interesada, torcidamente. Dicen que sabía lo improcedente de su actuación. Que prevaricó. Que apartó la ley para que ésta se ejerciera con más eficacia y contundencia. El villano de moda entre las huestes gürtelianas, todas exculpadas o a punto de serlo, tiene el tirón del pueblo, pero le han arrebatado los galones y arrojado como un perro al desquicio ético y a la infamia. Ahí está, en una infamia impostada. Se sabe que saldrá a flote, pero está herido y no son legítimas (entiende uno, torpe en estas cosas de la judicatura) las formas en que lo han derrotado. Quedan las palabras del pueblo, arrojado a las calles y a los medios, en su defensa. Pero las palabras y lo que las palabras tutelan (el respeto de mucha gente, la admiración que causa su indeclinable voluntad de trabajo) me temo que no van a torcer el fallo. Yo, en mi pequeña atalaya, lo siento a mi manera. Es una vida un poco menos ajena de lo que parece.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy Agneska:
Me duele que hayan hecho daño a este hombre. Ha protagonizado episodios valientes como dices de la historia reciente. Que haya molestado a Pinochet, el intocable, me parece digno de todos los elogios. No se debe perdonar cualquier acto que conduzca a bien, pero creo que habría matices, que no deberían haber sido tan vengativos, desde la esfera del PP, desde lo de Gurtel, con Garzón. Soy como tú, digo tambi´`en wentender poco, pero en lo poco que entiende una, qué mierda más grande...

Joselu dijo...

Asombra la unanimidad y la contundencia de la sentencia, tanto como uno se de cuenta de lo controvertido de la cuestión cuando entra a fondo del tema. Los jueces han sido implacables cuando uno está acostumbrado a leer actuaciones nada ejemplares de magistrados que no requieren ni un tirón de orejas. ¿Qué ha pasado para que el docto y alto tribunal haya alcanzado tal claridad de juicio respecto a un asunto que les atañe directamente? ¿Por qué han sido tan celosos veladores de las argucias procesales en este caso cuando no lo son en otros? Admirable el hecho de que no haya ni siquiera un voto particular, uno, que hubiera introducido algo de complejidad en el asunto. Ellos han dictado sentencia pero en muchos de los que la acatamos (porque no hay otro remedio) vemos la larga mano de la venganza contra un elemento anómalo en su seno. Un día los jueces se dijeron: hasta aquí hemos llegado. Y dieron igual los argumentos de la defensa, fueran cuales fueran no podrían torcer el sentir definitivo de una casta frente al outsider maldito. Larga vida a Gürtel. Decir que se ha hecho justicia sería un sarcasmo.

Rafael Roldán dijo...

Insinuar que la "poderosa mano" de Franco, la Falange y los requetés se alarga desde el Valle de los Caídos o que el "bigotes" y Correa desde el trullo son capaces de poner de acuerdo a todo un tribunal Supremo para condenar a Garzón es poco menos que...
Esto merece una entrada de BLOG.
seguir leyendo: http://guionrevuelto.blogspot.com/

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Garzón es un personaje y es una persona. Como sucede con los personajes, que son más de la ficción que de la realidad, en ocasiones, según quién los narre, uno inevitablemente toma una postura de adhesión o de repulsa. No hay el deseable término sesudo, el de enmedio, el que traza bien trazados los argumentos y los apura. Se está en contra o a favor. Es meritorio el paso neutro. El estar ahí, al tanto de todo, y no caer de un lado. En el fondo lo que se siente es pena de este estado de las cosas. De cómo se apartan del camino piezas que molestan, aunque merezcan (quizá, no sé) un pequeño aviso de quien deba hacerlo. El aviso ha sido letal, me temo.