26.1.12

Leer a Kavafis

Uno, al escribir, hace a veces el trabajo sucio. Se esmera más bien lo justo o incluso no se esmera en absoluto. Sostiene mi buen amigo K. que hoy escribe todo el mundo y no lee casi nadie. Yo mismo escribo en esta página para unos cuantos escritores que dejan de escribir para leer lo que yo escribo en uno de esos momentos en los que no estoy leyendo lo que ellos han escrito. Hago el trabajo sucio, K. En efecto. El trabajo elegante, el fino y el cultivado, el que relumbra en la oscuridad, guía a los aturdidos y esplende el a veces zaherido lenguaje lo hacen los otros, nunca yo. Tengo una biblioteca en la que confío cada vez que la realidad me descabalga de mis ensoñaciones y me arroja a sus lodos. Una biblioteca inútil, me informa K. No tienes tiempo en tres vidas para leer todos los libros que tienes. Necesitas cuatro para escuchar todos los discos que posees. Otra entera para ver todo el cine que guardas. En ese esfuerzo titánico no podrás amar a tu mujer y a tus hijos, cumplir tus obligaciones laborales y no descuidar el afecto de tus amigos. Cuando luego te sientes en casa y escribas un post sobre lo que estamos hablando estarás perdiendo un tiempo precioso que podrías ocupar en leer a Kavafis.

8 comentarios:

Alfonso Torres dijo...

Iba a poner un comentario, pero he preferido abrazar a mis hijas

Manolo Delgado dijo...

No es mala cosa lo que dice K. A uno le tiene que faltar tiempo para leer, para escuchar música, para amar a su mujer y a sus hijos, y a sus amigos, para equivocarse y ejercer de burro si es preciso. Si se acabaran los libros, o el amor, o la música, antes que la vida, ésta no tendría sentido. Al morir hay que dejarse un libro por estrenar, por abrir con ambas manos por la mitad y oler sus páginas antes de leer su primera palabra. Hay que dejar amor por dar. Aspiro que en mi último momento lo único que no me sobre sea tiempo.

Miguel Cobo dijo...

Leo a Kavafis:

Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
en contacto excesivo con el mundo,
con una excesiva frivolidad.

No la envilezcas
en el tráfago inútil
o en el necio vacío
de la estupidez cotidiana,
y al cabo te resulte un huésped inoportuno.

Cumplo, K.

Kaplan dijo...

Y bien hiciste, Alfonso.
Una buena pretensión ésa que dices, Manolo. Tiempo. No somos otra cosa. Todo se resume en esa medida. Lo demás se arroga a él y lo hace la medida de todas las cosas.
Cumples siempre, amigo Miguel. Kavafis es un anfitrión estupendo.

Anónimo dijo...
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José Luis Martínez Clares dijo...

El tiempo es una jaula. Sólo el reo tiene la llave. Abrazos

Olga Bernad dijo...

Se puede elegir la "tura" (Cortazar dixit), es decir, la invención. Literatura. Eso de enfrentar la vida y las palabras es una falacia. El carpe diem es otra falacia. Nadie lo ha hecho nunca porque el día se escapa entre los dedos hagas lo que hagas. Y, si no haces nada, también.

Isabel Huete dijo...

Si ocupamos el tiempo en algo pensando en las muchas otras cosas en las que lo podríamos ocupar, sólo lo perderemos dejándonos invadir por un laberinto de dudas. Fluir, fluir y fluir, y dejar de soñar en ser dioses.