18.12.11

Mirar por primera vez




Una de las fantasías a las que acudo cuando me aturde la realidad es la de borrar una parte de mi memoria, digamos la más frívola, la que no ahonda ni me compromete, y alegrarme después con la posibilidad de volver a llenarla. Sería fantástico volver a escuchar por primera vez So what, la pieza inmortal de Miles Davis, o ver también por primera vez Ser o no ser, la obra inmortal de Ernst Lubitsch. El volcado de esas unidades elementales de placer, una vez que sabe uno de su bondad y de su trascendencia, me excita enormemente. De hecho me da una envidia sana ver al espectador vírgen en Hitchcock o en Ford. Saber de gozosa primera mano qué le aguarda. Debiéramos en este hilo sutil de las cosas, disponer de un mecanismo que suprimiera la experiencia a capricho y luego la restituyera sin pérdida. Como ninguna de estas ocurrencias mías suceden ni de momento hay visos de que puedan suceder (ay, la ciencia avanza una barbaridad) mi alma sensible, la apetitiva y la discursiva, se conforma conque le proyecte nuevamente El sirviente, la película maestra del olvidado Joseph Losey. Todo en ella, sin embargo, ha sido nuevo. Reconocía sensaciones, intuía riesgos de la trama, pequeños giros argumentales que, al final, resultaban sorprendentemente trascendetales, pero ignoraba la sustancia narrativa en sí. Supongo que la memoria, compinchada con el corazón o con cualquiera que sea el órgano que gobierne el placer estético y el intelectual, ha jugado a mi beneficio y me ha permitido (una vez más) contemplar lo contemplado como si fuese la primera vez. Me pasa a veces con los amigos, con los hijos, con mi esposa, con mis padres. Sucede que de pronto parecen unos recién llegados de quienes poseo, sin embargo, información relevante. Los sé míos, aunque los mire con el asombro de lo nuevo. Es un juego (involuntario, de difícil manejo, como todos los buenos juegos) que practico siempre que puedo y que me da cada vez más satisfacciones. Se puede empezar con una sinfonía de Mahler, pasar a un poema de Gil de Biedma y terminar contigo mismo, mirándote al espejo, haciendo con palabras nuevas las mismas viejas preguntas de siempre. Un juego, ya digo. Solo un juego para una mente ociosa de sábado por la noche. Pinter escribió una obra maestra. Una de invasores y de invadidos. Lo había visto antes, pero esta vez se me ha revelado como nunca. Igual no era yo sino otro el que estaba hace un rato ahí sentado, en el salón, a oscuras, viendo la opresiva obra de Losey.

7 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Sencillamente magistral,amigo.El otro día volví a ver esa maravilla de película que es La prima Angélica.José Luis López Vázquez se mira en un momento determinado en un espejo en el desván de un pasado incierto a través de una memoria desmemoriada.Quizá coincidimos tú y yo en ese momento mientras tú mirabas la obra de Losey.Todo es muy extraño.Ahora te leo aquí.

Un fuerte abrazo,amigo.

Alex dijo...

En "El Cazador de Sueños", Thomas Jane fantasea con la posibilidad que citas, Emilio: vaciar la memoria de lo sobrante en su cerebro. También, en lo referente a la memoria sentimental, "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" también jugueteaba con la posibilidad. El futuro guarda, con seguridad, sorpresas en dicho aspecto. Confieso que no me importaría ser utilizado como cobaya en experimentos destinados a borrar partes de memoria. Lo que es seguro es que no borraría las sensaciones que sentí al ver por vez primera "El Hombre que Mató a Liberty Valance" o "Vértigo". No podría renunciar a ellas.

De Losey recordaré siempre "Accidente" como la película que sin contar nada permanece en estado larvante dentro de ti. He olvidado la trama por completo, sin embargo mantego las buenas sensaciones. La memoria, además de selectiva, es caprichosa.

Ana Isabel Orazabal dijo...

Buena idea, buena hasta lo que puedo entender en estas malas horas de la noche, pero la rumio mañana y te cuento qué tal. Mientras tanto, dejo mi memoria descansar, que está reventando emociones, y descanso. Adiós, gladiador de las letras.

Isabel Huete dijo...

Tengo la suerte de no tener que jugar a ese juego para ver las películas o leer los libros que me gustan una y otra vez como si no las hubiera visto o los hubiese leído nunca. Sencillamente en pocos días se me olvidan. Así que los guardo como oro en paño para volver a verlas o leerlos cualquier día o momento que me sienta ociosa. A veces alguna que otra escena me confirman que ya han entrado por mis ojos o invadido mi mente en otras ocasiones, pero el resto lo disfruto como una novedad. No sé por qué no retengo en la memoria estas cosas, concretamente éstas, pero no me importa porque cada vez que las vuelvo a utilizar es motivo de celebración y goce. Yo lo atribuyo al disgusto que me produce siempre que las cosas bellas desaparezcan, se extingan o caduquen, y una manera de que eso no pase es olvidarlas para poder mirarlas de nuevo como si fuese la primera vez. Quizá mi mente sea mucho más sabia que yo.

Felipe dijo...

Mi suerte es haber recién aterrizado al mundo de los libros y de las películas, es decir, a la Gran Cultura en general. Joven, uno nunca es joven del todo, a punto de entrar en el parnaso, dice el poeta. Yo soy un afortunado, lo sé. Las cosas bellas, en lo que pienso, me esperan. La primera vez de verdad, pero no sé si estoy preparado. Vuestro punto de vista es muy bueno. Las habeis visto y volveis a ellas, pero la experiencia que teneis las colocan en un escalón de prestigio y de "arte" que yo no tengo, no sé si me estoy explicando. No he visto las películas nombradas en el post, excelente post, y en los comentarios, pero las apunto. Soy un devorador del disfrute ajeno. Lo que no sé, Emilio, comentaristas, es si estoy preparado. Por si acaso, lo intento... Gracias por escucharme.

Jorge Ramírez dijo...

Soberbio, soberbio texto que subscribo sin quitarle un acento. Verlo todo nuevo, siendo viejo. Un proyecto de vida, en suma, es de lo que hablas.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

La memoria que se desmemoria es fantástica. Solo el olvido es nuestro, dejó escrito Borges, amigo Paco. Pecado confesado: No he visto La prima Angélica. Lo subsano este fin de semana a más tardar...

Pensé en llamar al post Eternal sunshine of the spotless mind, que es un precioso título en inglés, malogrado aquí, como tú sabes. Con eso te lo digo todo. Pensé poner ese título sin escribir nada sobre la película, pero dejándola ahí, en el título, desafiando. Otro pecado, Álex: no he visto Accidente. Muchas cosas que subsanar en un fin de semana excesivamente ocupado con otros asuntos... (Te envío relato, as you can understand, mañana a más tardar)

Rúmiala, no mucho rato, Ana. Gladiadora usted.

Yo tengo algo de eso, Isabel. Tengo de las pelis o de los libros una impresión fiable, duradera, pero pierdo los detalles, los subterfugios, los recovecos de la trama. Mira que es bonita la palabra recoveco. En fin. Todo es novedad si queremos que lo sea, sin embargo. Tu mente es más sabia que tú. Yo admiro a las dos.

Gran suerte la tuya, Felipe. Eres el objeto de mi post. Afortunadísimo. Lo subscribirán los comentaristas amigos que conozco más (Francisco, Álex e Isabel)... Pero cuida de que todo entre de forma natural. No hay que ver, como quería un amigo, Fritz Lang porque sea Fritz Lang. Creo que me entiendes.. Gracias por leerme.

Soberbio es el contenido de lo que hablo, no lo que hablo. Gracias por el énfasis, de todas maneras, Jorge. Vuelva usted por aquí.