28.11.11

Papel, tabaco, comida y un poco de whisky / Leyendo cuentos de William Faulkner





–¿Entonces cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
– El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ése es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada que hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo le da cierta posición social; no tiene nada que hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán "señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán "señor". Y podrá tutearse con los policías. De modo, pues, que el único ambiente que artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.

Jean Stein Vanden Heuvel – Entrevista a William Faulkner (1956)





Borrada la confidencia periodística, sería una máquina de escribir Underwood como otras tantas, pero la de arriba fue la de William Faulkner. La encontraron y confiscaron a beneficio memorialístico en Rowan Oak, la casa de los Faulkner, una especie de Tara libresca, en Oxford, Mississippi. El Faulkner rural, ebrio, emprovinciado, demiurgo de Yoknapatawapha, el que reivindicaba la bondad de la escritura pero renunciaba a la memoria del escritor: en ese Faulkner me siento a gusto como lector. Porque hay muchos escritores dentro del escritor o muchos lectores dentro del lector. No hay ocasión en que no vuelva a Faulkner sin que me descubra absorto en un pasaje que pasé por alto o en el que no entreví nada relevante. Faulkner es a la literatura como Charlie Parker al jazz. A los dos les encantaba el pirriaque, el bendito éter de los alambiques. Ya lo dice bien a las claras: papel, tabaco, comida y un poco de whisky.

4 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Esas son las cosas necesarias para llenar una mochila de versos. Saludos

Joselu dijo...

No me he atrevido con Faulkner, excepto a los diecisiete años que leí del Círculo de lectores un libro titulado Los rateros. Luego aprendí quién era y le cogí miedo: El sonido y la furia, Absalom, Absalom… Tomé conciencia de que era un escritor muy difícil y me amedrentaba. A ver si algún día le pierdo el miedo…

En cuanto al contenido del fragmento que transcribes, tengo la impresión de que en la época que vivió Faulkner los artistas eran mucho más libres que ahora, la sociedad era menos puritana, menos morigerada y vive en un moralismo extremo en que todo se rige por las apariencias, y por lo p.correcto. Me produce náuseas esta expresión. Cuando uno bucea en otros tiempos advierte que se podía ser más libre que ahora en que somos esclavos de la opinión social que es mayoritariamente necia, pero basada en buenos criterios llamados democráticos. Creo que vivimos en una sociedad que hemos hecho absolutamente intolerante, y cuando uno lee un texto como el de Faulkner intuye lo que se le vendría encima a un escritor actual que dijera eso en un periódico, y sin ironía, porque el texto de Faulkner es tal cual. El lugar más digno y apropiado para un escritor es un prostíbulo. Yo también lo creo, pero ya no existen escritores libres. todos son esclavos del pensamiento correcto, aunque finjan contradecirlo. Uno que no es escritor, ya querría, añora otros tiempos en que no había penicilina pero el espíritu liberal estaba más en auge, aunque tuviera muchos enemigos, también había muchos cómplices.

Fer dijo...

Leer Faulkner en versión original en inglés se parace bastante a tomarse un vaso de buen whisky: es potente, te pega fuerte, y deja un sabor inconfundible y una memoria imborrable.

Me gustan los escritores justamente por ser tan políticamente incorrectos y tan intelectualmente honestos: no debe haber mejores lugares para la creación artística que los bares y los burdeles.

Me gustan las letras anglosajonas, la lengua de Shakespeare y el jazz, así que, habiendo llegado a tí de la mano de Joselu, aquí me quedo.

Un saludo desde Buenos Aires, Argentina.

Manuel Alberto Ordóñez dijo...

El ruido y la furia es magnífica. Gambito de caballo fue lo primero que leí de Faulkner. Me llega a cansar, pero es uno de los mejores novelistas del siglo Xx. Tajantemente.