2.11.11

Elogio brevísimo e irrelevante de la alegría

Tengo una visión hedonista de la vida. No es una confesión hiriente hacia quien posea una visión distinta. Me inclino siempre a pensar que quien busca a cada instante la alegría la acaba encontrando y la incorpora a sus palabras y a sus gestos con la comodidad de quien sabe que hace algo bueno para él y para los demás. Porque la alegría, al compartirse, se expande y alcanza a quienes no la ejercen. La alegría, la que defendía enfáticamente Benedetti, no se parece a nada y es el motor que lo mueve todo. Está hecha de júbilos pequeños, irrelevantes, júbilos que al arrimarse unos a otros construyen la felicidad, que es lo que se esconde debajo del amor y que movía, en opinión del hadado Dante, el sol y también la estrellas. Se trata, en fin, de que el tiempo no nos hiera en exceso o nos dañe escoradamente.Se trate, en fin, de que ya que no es posible la felicidad absoluta (porque de entrada tal cosa no existe) sí que podamos granjearnos la amistad de la alegría. Verla acudir de vez en cuando, merodear nuestras cosas, arrimarse a lo más íntimo de uno y saberse privilegiado por esa visita. Una vez que se acepta la alegría y se mecanizan sus posturas lo demás viene por añadidura. Ninguna recomendación más higiénica que ésta: buscar la alegría, inclinar el cuerpo y el alma a su centro exacto y sorberla sin decoro, abrevar la testuz, libarla, perder en la libación todas las formas, caso de que tengamos alguna y haya sido útil en algo. 
Un amigo me dijo hace poco que me notaba alegre últimamente, como achispado y ocurrente. Que te digan cosas así te hace pensar en el estado previo al cambio. Como si antes hubieses estado triste, huidizo, depresivo.. Hasta un anónimo lector dominicano me escribía ayer que nota el dolor en lo que escribo. Oscuro, apostillaba. Algo así como un bloguero de temperamento oscuro. No supo o no quise entenderlo. Que te digan oscuro me hizo pensar. La oscuridad es algo muy serio. Más si llevas adentro, como me indicó el amable (a pesar de la revelación) lector. Y ahora digo alegre sin poso de congoja, alegre sin semántica ni argumentos que estropeen la sencilla convocatoria de esa alegría. Luego asiste uno al espectáculo de la vida y la alegría se abruma de luto y cambia el júbilo por la pena, pero hoy estoy alegre y me explotan (como escribió un poeta) cien sonetos en el pecho. Mañana me escalarán cien lagartijas y me contarán al oído las miserias del mundo. Mañana volverán las (oscuras) golondrinas, en fin, será uno de esos días rutinarios, mercenarios del color gris, hecho para ser recorrido sin detenerse uno casi nada en sus bancos, en sus miradores. Los días tienen miradores desde donde es posible pensar en la belleza infinita de las horas que los surcan. No tenemos tiempo (ay paradoja) para detenernos y desplazar sin prisa, con arrobo, mimando la mirada, los ojos por el paisaje. El del alma está a veces inextricablemente zaherido. Sale uno a trompicones, si es que sale. Hoy, bien al contrario, pienso como Benedetti. Me parezco un poco a él, cuando miraba de frente la mañana y le levantaba, picarón, las faldas.

7 comentarios:

Ana dijo...

Soy feliz como puedo y a veces no puedo. Intento, pero a veces no lo consigo. Soy alegre sin darme cuenta, y de eso sí me alegro. Me alegro, amigo Emilio, tanto tiempo sin venir por aquí y ahora estoy alegre por haber venido, de estar alegre y así hasta que me doy cuenta de que estar alegre, en este mundo gris como dices, es una cosa rara. Rara de verdad. No nos gusta la risa de la gente. La vemos rara. No somos felices porque la felicidad, escierto, no existe, pero tenemos derecho a estar alegres de vez en cuando, y en esas estamos. El texto, una vez más, maravilloso.

Ana dijo...

Ah me gusta la nueva presentación de tu blog. Antes era, no es criticarla, más espesa. Ahora está todo limpio, presentable, se ve a la primera. El fondo entero blanco me encanta. Es una opinión personal, por supuesto.

Anónimo dijo...

todavia se siente la tristeza, como bailar en los abismos, la verdadera felicidad esta llena de tristezas, como siempre un gusto leerte
roberto a.

Joselu dijo...

Ayer me planteaba que si tuviera que definir en una escala del 0 al 10 mi nivel de felicidad (no sé si de alegría) sería -pensé- un 9. Un dígito alto que expresa mi nivel de satisfacción con la realidad. Son concomitantes mi familia, mi situación profesional, y no es totalmente ajena esta ventanita maravillosa al mundo que es internet. Entiendo que la tecnología y la literatura para mí son excluyentes pero atravieso un momento dorado de bienestar vital, que se une al que sientes tú, y pienso que tampoco es ajeno este diario literario tuyo sin ningún objetivo. De ahí su belleza y capacidad de deslumbrar. Porque escribes -porque escribimos sintiéndonos libres- aunque a veces, en mi caso, se bordee el desastre.

Por estos pequeños júbilos.

José Luis Martínez Clares dijo...

Una de mis alumnas me ha comentado esta mañana: "Maestro, hoy estás alegre". No tenía constancia de que en otras ocasiones no lo hubiese estado, pero quizá la alegría sea una sensación que -como el amor- no basta con sentirla sino que conviene que además la perciban nuestros acompañantes. Saludos cordiales.

Diego dijo...

pienso que lo primero es aceptar la realidad, acomodarnos a ella y apartir de ahí plantearse la vida.
Lo que no podemos hacer es pensar que seremos felices mañana, cuando nos suceda algo.
Todas las fábulas de felicidad dicen que busquemos en nosotros,,,

Ramón Besonías dijo...

Alegría ganada. No hay afección que la merezca sin dolor. No es lo igual alegría, gozo, que placebo.