19.10.11

Yo también lo hago / Redux


Los espectadores contemplan la instalación o el cuadro o el dispositivo artístico. Ignoran que la contemplación total la tenemos nosotros a través de la fotografía que los recoge. Un metacuadro. Una de esas pertubaciones a las que los galeristas dan salida como si la Historia del Arte se escribiese o se narrase con estas desviaciones. Lo verdaderamente llamativo es el blanco de las telas, el blanco purísimo al que no afecta ningún trazo y se exhibe con desparpajo, limpio de obscenidades, y la casual trayectoria del público, que involuntariamente participa de la composición y le da (tal vez) un sentido más racional. De todas maneras, incluso con el casual concurso de las tres figuras de negro perfecto, me sigue chirriando el conjunto. Será que el arte, una vez que se le extrae la parte sentimental y se le considera la excusa para escribir un texto, deja de interesarme. Sí, admito que soy un iletrado en estos asuntos de hermeútica. No tengo la voluntad para ejercer la inquietud y, curioseando, en fin, entrando en honduras, encontrar la armonía, ver el espacio interior, maravillarme ante el repentino descubrimiento de la esencia misma del arte en un pliegue imprevisto de la bufanda del observador situado más a la derecha. Permitan que no pueda ponerme serio del todo.

12 comentarios:

Isabel Huete dijo...

Realmente la obra artística está en la foto. Supongo que los lienzos en blanco tienen también su sentido, quizá guarden la belleza de lo intocado, de lo virginal, lo cual me supera siendo yo tan terrenal y realista. Digo yo que será también arte si lo dicen los que saben bastante más que yo. Pero las sombras... esas sombras no significarían apenas nada sin el tríptico en blanco, y el tríptico también necesita de ellas para cobrar vida, para que su insignificancia tenga significado.
Un besote.

Alberto Granados dijo...

Me suelo preguntar si en este ámbito no hay demasiado papanatismo, si todo vale. Yo, que también soy un lego en esta materia, no pillo el concepto, pero me da risa.

AG

Ana María Lopera dijo...

A mí tampoco me interesa el arte moderno, aunque he visto cosas no tan modernas que parecen modernas de lo puro malas que son, dicho burdamente. Malas a lo mejor porque el vulgar no las entiende y yo soy vulgar cuando me lo propongo, no creas. Me siento identificada con el texto y con la forma inteligente de plasmar el "aturdimiento" que produce la visión de estas cosas "modernas", que no entendemos. La fotografía vale más que el cuadro, eso es seguro. Un saludo mañanero.

Miguel Cobo dijo...

Entre iletrado e ilustrado sólo media una casi imperceptible mutación fonética. ¿O es genética? Ya dijo alguien que "Hel -arte" es tener frío: Blanco como la nieve.
Ya te digo (como se dice ahora).

Abrazo, mon ami

José Luis Martínez Clares dijo...

Ah, el arte... Saludos

Joselu dijo...

A mi me gusta ver arte conceptual y recorrer museso que lo recogen de Arte contemporáneo. La impresión que tengo en un ochenta por ciento de las veces es la misma que tú, pero hay un veinte por ciento que da sentido a ese recorrido. El arte reproductivo ya ha hecho todo, hace mucho tiempo, y lo ha enfocado de todas las formas posibles en todas las direcciones imaginables. ¿Qué queda? Jugar con la misma noción de arte, con la burla al espectador... pero ciertamente hay mucho camelo. Sólo considero justificada mi visita a una exposición cuando logra conmocionarme, cuando lo que inspira en forma de reflexión intelectual es capaz de inspirarme. No es fácil. Pero a veces sucede y entonces doy por buenos mis medineos por salas de arte conceptual. Me encantaría estar en Londres o Berlín para recorrer sus galerías. En Barcelona hay ciertamente un panorama bien pobre. En el resto, aunque tenemos docenas de museos de arte contemporáneo carísimos, menos.

El arte siempre nacerá de la emoción.

Conrado Castilla dijo...

Malevich, un artista del movimiento suprematista, una vanguardia de posguerra buscaba precisamente el arte supremo de la pintura y tras muchos intentos lo encontró en la realización de un cuadro que se titu´la precisamente "blanco sobre blanco". No es como el cuadro que tu recoges en la imagen, pero si lo ves llegas a la conclusión de que es el culmén de la pintura abstracta, pero yo que lo vi hace años en una exposición en el museo Reina Sofía, tengo que reconocer que me impresionó, a pesar de que sólo representa un plano blanco sobre otro blanco, y es que en el arte como en la naturaleza no todo es lo que vemos, sino más bien lo que percibimos.

Ramón Besonías dijo...

El lienzo en blanco es la génesis del acto creativo. Otra cuestión diferente es convertirlo en la creación, en una obra conclusa.

Quizá sea una metáfora acerca del agotamiento creativo del arte contemporáneo. ¡Vete tú a saber! Me he quedado in albis.

José Antonio Muñoz dijo...

Poseo una cultura pictórica o artística nula o casi nula, y no entiendo a estos extremistas del arte, porque son extremismos, extremismos vestidos de modernidad o como quiera el entendido decir. Yo, a mi entender corto, muy corto, me pongo a pensar en que me están tomando el pelo, que tengo poco, todo sea dicho aquí de paso.
Unos hombres mirando unos lienzos en blanco es una majadería, pero aquí estamos todos divagando sobre la naturaleza del absurdo. Un texto maravilloso, eso es cierto y de eso sí que entiendo y sí que disfruto. Un saludo con mi admiración...

Anónimo dijo...

Great cool funny. Go on that way, Emi

Juan Herrezuelo dijo...

Imposible no pensar en aquella obra de Yasmina Reza, Arte (tuve la suerte de ver a Flotats, Pou e Hipólito en el 99), en la que un amigo había comprado por cinco millones un cuadro de metro sesenta por metro veinte, pintado de blanco, blanco su fondo y blancas sus finíiisimas líneas transversales que podían ser percibidas entornando un poco los ojos. No es, efectivamente, como para ponerse serio. (Compruebo que tú también has tendido hacia la depuración en tu espacio: me gusta esta invitación a centrar toda la atención en tus textos). Un abrazo.

Rafael Roldán dijo...

Pues como dice Besonías yo también creo que es una metáfora de la disgregación de los personajes en la contemplación de la obra inmaterial y que transciende en las tres secciones del tríptico blanco, representando la transfiguración de los elementos que forman la composición y que crea elementos de fuga más allá de los límites contemplativos del espectador unívoco.
También me quedo in albis.