7.10.11

Una de Pynchon y otra de King




 I/ Pynchon son los padres
Me desalientan las novelas inasequibles, pero eso debe ser porque mi cerebro está paralizado por lecturas banales y ando a la gresca conmigo mismo por avanzar y entrar en un universo libresco de más hondura. Una vez entré en El Corte Inglés, ah templo del saldo beatífico, con la inocente idea de hacer tiempo a la espera de ver a un buen amigo. Ojeé un par de libros de Pynchon. Nada profundo. Abrir unos páginas. Leer unos párrafos. Intentar convencerme para sacar la tarjeta y llevarme el tocho (oh sí que lo era) a casa. En el autobús, a la vuelta, me recriminé por mi falta de osadía libresca. ¿Dónde están los tiempos en que la dificultad, la aparente dificultad, digamos, me parecía una cima digna de ser cubierta? ¿Por qué el lector que soy huye de los pynchons de la literatura y se refugia en banalidades, en distracciones livianas, en toda esos libros que se engullen con presteza y se olvidan sin esfuerzo? Será, en el fondo, que uno no posee vicios eternos. Que al paso que voy acabaré preguntándome quién es Borges, dónde puedo comprar el último libro de Matilde Asensi, de Clara Sánchez,  qué sé yo, el último recetario moral de un coelho.


(El título de este parte del post, en su cápsula, es un volunto ocurrente de Vicente Luis Mora traído con mimo cómplice al facebook de un servidor)




 II/ Me relajo una barbaridad hablando de Stephen King
Está bien visto que el autor sea un ser invisible, casi un personaje de sí mismo, que no concurra a festejos ni haya fotos suyas en el google. Pynchon, en este sentido, es el autor ideal. Da igual que uno no haya leído una línea suya o que haya leído poco o lo haya leído mal. Lo verdaderamente relevante es que uno se maneje en el pedigrí del escritor ausente. En ese no estar hay un brillo como fantasmagórico, un aureola de genio que, en ocasiones, se escuda en lo extraliterario, en la metalingüística, en la morralla que se expide a beneficio de los exégetas y de los frikis de turno. Siendo yo friki de muchos cosas, no lo soy de Pynchon, y bien quisera. Estaría bien (más que bien) hablar con propiedad de las virtudes del autor, sacar en una cháchara de taberna los entresijos de su obra. No me preocupa no estar en ese grupo de elegidos. No soy sensible a esa vertiente excéntrica de lector muy avezado en literaturas de gama alta, digamos. La mía, la literatura a la que propende mi últinmamente cercenado ocio, es la asequible, la que no me exige cogitaciones excesivas, la que (ay qué mal camino llevo)se apresta a manosearla sin que se me caiga el cielo sobre la cabeza, sin que note un peso en la frente, una sensación inquebrantable de asfixia intelectual. Lo dicho: un despojo de lector, en eso me estoy convirtiendo. Soy un Samsa libresco. Mi amigo K., cuando me ve comprar libros, tercia siempre hacia el mismo hilo: quién te ha visto y quién te ve. No me vio nadie, K. Le contesto. Tú es que estás adentro y me vigilas sin que yo lo pida ni lo aprecie. Además todos los libros, incluso los de Coelho y Bucay, sirven para lo mismo. ¿Y para qué sirven los libros? Para hablar de ellos con quienes se dejan. Últimamente disfruto con eso muchísimo. Me relajo una barbaridad hablando de Stephen King. Y eso que todavía no he leído La cúpula. Es que un tocho infame, una cosa inabarcable en la cama. Ah cómo echo en falta esa obesidad decimonónica de Proust o de Stendhal. Qué feliz fui en el balneario llevado de la mano de Thomas Mann. Con qué dulzura me dejé llevar por las desventuras de Ana Ozores por Vetusta. Cómo sufrí a bordo con el capitán Ahab a la caza de su ballena metafísica. Siempre bromeando, Emilio, concluye K.


6 Indicios de vida exterior:

Marta García Cuesta dijo...

A lo mejor Pynchon está muerto y tiene un negro o un equipo de negros. No confío en la gente que no se enseña y está temerosa de los medios y de las cámaras. Me gustan sus libros, pero hay algo que asusta de esa pose excéntrica. De todas formas he leído, sin que se me parta ningún miembro, Contraluz, y he salido viva. Cansada, no sé si deseosa de volvera a la aventura "pynchoniana", pero viva, uf.

Un saludo.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Un día nos presentas en sociedad a K., Emilio.
Llevo escribiendo comentarios mucho tiempo en tu querida página, de verdad eso de querida, y todavía no he visto que comente nada ni que se note que haga otra cosa que salir en tus posts. Me escama K., si me permites el atrevimiento. No será K., el gran K. de los K., un personaje en vez de una persona? Un ser conveniente para elaborar tus argumentos y dejarnos a todos pendientes? Se está novelizando el blog?

Me perdonas ?


Rafa

Isabel Huete dijo...

Pues yo no he leído nada de él, ni ganas. Hay autores de esos que llamas de "gama alta" que no me interesan en absoluto, aunque tampoco he leído a la tal Neus Asensi, ni a Coelho, ni a otros de sus "gamas". :) Cada vez más tengo la necesidad de "desestrujar" la mente y "frivolizarme" un poco haciendo naderías.
Besazos querido Emilio.

Isabel Huete dijo...

Con perdón, quise decir Matilde Asensi. La otra es la actriz. :)

Marta García Cuesta dijo...

Leído otra vez, me gusta más. Un saludo. Un placer conocer, y entrar en esta rincón de la Red. Uno grande, por supuesto. De verdad que estoy encantada. No es peloteo, que va.