13.10.11

Queremos tanto a Hitch



Ojalá toda la gente retorcida y perturbada del mundo lo fuese al modo en que lo fue Alfred Hitchcock. Gente que contuviese el yo díscolo y lo arrojase, transfigurado, en una creación artistica. Gente que antes de desnucar un gato o fisgonear en el correo electrónico de su pareja cogiese un folio en blanco y escribiese un poema de amor o un haiku funesto. Incluso estaría más que bien que en un arrebato de maldad se quitasen de encima el pudor y se pusiesen a bailar como lo hace el tito Hitch. Da igual que le estallen los botones a la altura de la panza. Es lo mismo que uno perciba que la solución es risible y que más le valdría bosquejar el asesinato de un tipejo en un callejón o planear un crimen perfecto marcando M en el dial. Le queremos tanto.

4 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Después de Psicosis, sus películas fueron adquiriendo un tono cada vez más oscuro y torturado. Hitchcock era un hombre complicado, lleno de frustraciones e inseguridades. Su cine es el cine de la paranoia. Sus películas hablan siempre de la obsesión de un personaje que fija su mirada en una imagen evanescente, como el caso extremo de Vertigo (1958), un filme apasionado sobre la imposibilidad de conseguir la mujer soñada.

Una vez Hitch recibió una carta: "Después de ver Las diabólicas mi hija no se ha vuelto a bañar nunca más. Y después de Psicosis ya no se querrá duchar. ¿Qué puedo hacer?."
El mago del suspense le respondió: "LLévela a la tintorería."

Emilio Calvo de Mora dijo...

No conocía la historia. Jugosa. No sé las veces que he visto el cine de Hitchcock. Hay como una peregrinación anual que no dan otros directores. Hizo lo que yo le pido al cine. Oscuridad, suspense, humor. Todo mezclado, agitado incluso. Y bailaba como un Fred Astaire de ciento veinte kilos.

Abrazo, paco.

José Luis Martínez Clares dijo...

A las rubias de Hitchcock probablemente no les pareciese tan amable. Era un tipo obsesivo, pero es muy difícil crear algo intenso si no estás impulsado por tus obsesiones. En cualquier caso, su cine es más cine que los demás porque es perverso y bello. Abrazos.

alex dijo...

Amarle es sencillo. Lo complicado llega en un primer momento, tras visionar su obra completa, en el que piensas que nunca más serás deslumbrado del mismo modo. Los segundos (y en algunos casos, vigésimos) visionados son incluso más gozosos. Descubren claves ocultas, planos escondidos e insertos reveladores cuya información fue en un primer momentos relegada. Sin embargo la fascinación de la primera vez se esfuma...