5.9.11

The show must go on




Le desocuparon del cometido al que estaba orgánicamente predestinado y le redujeron en ocasiones al papel bufonesco que él mismo solicitó a beneficio personal, por darle altura lúdica a su paso por este mundo. No se privó casi de nada y esa falta de pudor le pasó factura. El peaje fue el cese de la actividad, la rendición final, la cortina cayendo y el show cerrándose con su exquisito inventario de placeres y de quebrantos. No fue en la intimidad, a lo leído, un descerebrado que se despeñara en ningún abismo de promiscuidad y de toxinas, pero navegó las aguas que se le antojaron y no tuvo reparo en evidenciar que de esa navegación tumultuosa se extraía la felicidad contagiosa de su música, de su entrega total hacia quien asistía a sus monumentales conciertos y se empapaba de Mercury hasta el desmayo acústico y el colapso óptico. Era un showman completo como quizá no haya habido otro. A ese disciplina mediática se agrega con facilidad el resto de bondades requeridas para ser la estrella del rock and roll que fue. Y lo fue mayúsculamente. Lo vi en Marbella junto con May, Deacon y Taylor en el tour A kind of magic. Eran años de descubrimientos y de prospecciones en lo personal, de ir a buscar sin saber qué podía encontrarse, pero esa experiencia, el concierto en sí, contemplado a escasos diez metros del escenario, solo, sin otra compañía que mi devoción por la banda y la certeza de saberme espectador de un momento sublime e irrepetible, está todavía presente, tantos años después.  Recuerdo cantar la rapsodia bohemia a pulmón perdido y recuerdo también notar cómo se me saltaban las lágrimas al escuchar las primeras notas de Love of my life




Hoy el Google le ha dedicado este hermoso tributo al celebrarse su sesenta y cinco cumpleaños. Una edad estupenda para seguir desgañitándose, haciendo discos y montando conciertos por todo el mundo. De seguro que estaría fibroso y viril, entregado al cometido ése que le venía de perlas (entretener, deleitar, conmover, hacer que el mundo sea algo más hermoso durante los seis minutos que dura Bohemian Rhapsody, pongo por caso) y que ejecutó con desparpajo hasta que el cuerpo cedió al peso de los muchos excesos y dejó de cantar y de colocarse la capa de terciopelo y la corona de la pérfida Albion. Tengo amigos que saben lo mal que lo estoy pasando al escribir este texto íntimo y minúsculo. Saben que me cuesta expresarme en lo que verdaderamente me importa. De hecho creo que es la primera vez que hago el esfuerzo (lo es, no lo duden) de escribir sobre Freddie Mercury. Me marcó en esa etapa de la vida en la que, ya digo, uno va haciendo descubrimientos y va construyendo el edificio en el que va a vivir el resto de sus días. El mío está un poco en deuda con este hombre descomunal, privilegiado y honesto en el oficio al que se arrimó para ser feliz mientras estuvo en este mundo y hacer feliz a quienes acudían a su presencia a recoger las migajas de su talento. Descansará en paz en un cielo en el que no creo, pero al que es imposible no mirar cuando las cosas te tocan en el alma y sabes que estás desprotegido, vulnerable, expuesto.

4 comentarios:

Marta García Cuesta dijo...

A mí, recordando recordando, es a quien se le han saltado las lágrimas. No he visto ningún concierto pero me sé las canciones y Love of my life es una de mis favoritas. Grande Mercury, y tu texto grande también, Emilio

Ana dijo...

Hoy en Antena 3 le han dedicado un rato pequeñito, y me emocioné, son tantos recuerdos, tantos ratos buenos y tanta compañía. Lo llevamos dentro, muy dentro.

Julio Cabrera dijo...

Hermoso texto, Emilio. Se nota que te iba mucho en su volcado.
No soy muy de Queen, pero admito que la Rapsodia es una pieza maravillosa, un clásico que se oirá en el siglo XXII. Eso dejo este hombre sorprendente, de voz barítona, de corazón grande, por qué no.
Pongo en el cumpleaños una versión en Wembley que debo tener en vinilo por ahí. Mi hija es más de Queen que yo, pero le basta un Grandes éxitos que compró, una caja grande con todos los "singles". Nosotros no somos de singles, creo. Por la edad, por buscar más allá de lo que las radios fórmulas programa.
Va por Mercury.

Un saludo, una admiración.

Anónimo dijo...

Juan Pérez Mangas:

Emotivo tributo al que me sumo en casa, sin otro montaje que un buen disco, por ejemplo, A night at the opera, pongo su cara 2, en vinilo, claro, ahí no negocio, y empieza la canción del profeta, después love of my life... Salud, a disfrutar del Maestro.