4.9.11

Extraña fruta



De Billie Holiday conserva uno la voz. La conserva al modo en que uno tutela lo que verdaderamente nos importa y a lo que se acude cuando las circunstancias lo exigen. Hablamos en este caso de las típicas circunstancias perniciosas, las que fragmentan, las extraordinarias. A la música se le exigen oficios que cumple con colmo. Se le pide que restituya el ánimo caído o que acaricie la piel vencida por cien estragos o que vigile el quebranto y en lo posible lo rescate y veamos, al final de ese trayecto, la luz, un tipo de luz sublimada, es cierto, hecha a medida de nuestros apetitos, pero luz al cabo, refugio si el buen lector desea nombrarla así. La voz de Billie Holiday es un asidero en el momento en que a veces no hay asideros. Yo la tengo a mano y me ha servido en las ocasiones suficientes. Luego podemos buscar el argumento inverso y darle a la música la función tóxica que de vez en cuando también le encomendamos. Si uno está muy triste y no desea salir de ese estado de penuria moral y de grisura anínima le basta abrir el cofre de las canciones tristes y meterse una dosis soberana. También he vivido así. Hay discos que sirven para elevar y discos que sirven para hundir. Hay personas que buscamos para sentirnos vivos y personas que buscamos justo para lo contrario. Somos trágicos en nuestros vicios. Queda la fotografía, en su tragedia también, exhibiendo el vaso (en un punctum proverbial) y la figura casi enlutada después, la mujer reducida al lamento orgánico de su voz, poniendo timbre y dramaturgia a los textos. 

2 comentarios:

Fran Barrientos dijo...

Es la más grande, con permiso de Rocio Jurado, claro. Tiene lo que dices, dramaturgia, sentido de lo que canta, me parece la representante del jazz como dolor en el alma, igual que mi amado flamenco también tiene ese dolor, el quejío. Billie Holiday es la dama del quejío, permíteme la osadía, Emilio. Un saludo.

Ramón Besonías dijo...

Es curioso. Dicen que llega un momento en el que el veneno se torna en medicina; es un proceso de pura asimilación, de sinergia emocional.

Quizá por eso las canciones tristes, más que aletargarnos en nuestra penuria, alivian el alma y abrazan la esperanza. La belleza tiene esos efectos terapéuticos. Buen post, mejor intenciones.