29.6.11

Mi Pepito Grillo



A veces uno pide un lugar limpio y bien iluminado, pero también se arregla con un rincón en el que no le molesten y en donde pueda perder un par de días de su vida sin tener que rendir cuentas a nadie ni que nadie venga a rendirle cuentas a uno. Un lugar para el abandono o para el desencanto. Un hueco en el atlas de las horas para aceptar las cosas como son o para no aceptarlas y gestar un plan que las desbarate. Un pequeño refugio para el arrobo personal del que salir iluminado o en penumbra, aunque a sabiendas del tiempo precioso empleado en alguna de esas dos relevancias cromáticas. Así vivir y así también dejarse morir un poco. Y no malgastar bajo ninguna circunstancia los créditos del alma en justificar la empresa a nadie. Mirar arriba. Mirar dentro. Mirar sin otro propósito que la observación premeditada y hermética. Contemplarse. Leer el día entero. Beber el día entero. Dormir el día entero. Ser hospitalario con uno mismo y no privarse de nada que nos haga sentirnos más felices. Hace tiempo que aprendí que la palabra que más daño ha hecho es felicidad. No existe. Hay días felices. Sería insoportable una felicidad inextinguible. Una de esas sonrisas eternas que no se desbartan con nada. Alegría conviene más. Pero tampoco se puede estar todo el día alegre. Al pensar en esto, en la imposibilidad de estar todo el día alegre, en su inconveniencia más bien, he pensado también en cómo sería lo contrario: estar todo el día triste, apesadumbrado, mohíno, decaído. Y parece un estado más natural la tristeza. Estos días de festejos prevacacionales, de arrebatos etílicos, de parranda y de desatino social merecen un momento gris, un receso, como tomar aire para seguir después la jarana. Mi Pepito Grillo de German Coppini y Nacho Cano, la inencontrable, la que reposaba en algún sótano desvencijado de mi ocupado cerebro, ha vuelto hoy de forma maravillosa. He vuelto a recordar la letra. En realidad nunca se fue. Estaba ahí. Agazapada. Todo está ahí, sin pervertir, sin mover. Hoy, en lo gris, removiendo la palabra tristeza, salió el pan con membrillo de estos dos pirados.

4 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Cómo me gustan tus días de vino y rosas y sus revelaciones:

"Recoged las rosas mientras podáis, largos son los días de vino y rosas. De un nebuloso sueño, surge nuestro sendero. Y se pierde en otro sueño."


Loado sea Jack Lemmon, hermano.

Ramón Besonías dijo...

La verdad es que un día de estos deberían incluir dentro de la Constitución el derecho

a la intimidad,
al espacio sin injerencias,
a la zona de exclusión ajena,
a la soledad voluntaria,
al aislamiento consentido,
a cerrar los ojos,
a desoír,
a callar,
al silencio,...

Cada vez es más difícil encontrar hueco en donde ejercerlo.

Tomás dijo...

Oh señor de las palabras, pide y se te concederá.
Yo también bien mirado pido eso que pides: un rinconcito mío y de nadie más, que no entre nadie, que no salga yo mientras decida no salir, pero ay lo que cuesta encontrar un sitio así. Eso no lo da el dinero, me parece.
Buen verano, buen verano, sr. Calvo

Anónimo dijo...

Uno de los bienes más hermosos es la soledad, y si es productiva mejor, pero si no lo es, bienvenida sea. Solo, sola, con una, con una, a salvo de la realidad.
Es verdad: la realidad, mirada de cerca, es que da un miedo...

Ana