22.6.11

Metafísica con blues



Es el cruce de caminos. Ahí merodea el diablo. El que engolosina a los músicos de blues. El que ofrece la juventud y el talento eternos a cambio del alma. Nunca supe qué hacía el diablo con el alma. Tampoco la razón por la que se aposta en las carreteras secundarias de la América profunda y no, pongo por caso, en algún pueblo manchego o ahora mismo, a mi vera, mirando cómo escribo mientras afuera, en mi calle, los coches avanzan morosamente hacia quién sabe dónde. Quizá sea eso lo que el músico anhela al venderse al mal: saber el adónde, prefijar una dirección y avanzar hacia ella con el entusiasmo de quien conoce la cartografía de sus deseos. Al final va a resultar que todo es literatura. Que la biblia es un libro de literatura fantástica (Borges dixit). Que Dios es el más hondo de los personajes que los escritores han imaginado a lo largo de los siglos. Que ese hombre infinitamente pequeño que se aleja por la carretera es un ser luminoso que busca en la distancia las dimensiones exactas de su corazón, el tamaño preciso del alma con la que baraja la posibilidad de venderse y poder así ver de cara al mundo. Robert Johnson encaja con la historia. No crean que desvarío. No he visto yo cosa más extraña que el mundo. Nada más arcano y más retorcido que el paso sinuoso de las horas. Metafísica con blues para cerrar un martes que invita a temer al verano. 
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2 Indicios de vida exterior:

Anónimo dijo...

El mal siempre se alía con los artistas y el amor a vivir eternamente, y practicar más arte, vivir más vida, ha sido eterno. Dorian Gray en Tennessee


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Pedro dijo...

Going back to the crossroads... Qué bueno, amigo. Qué bueno. Saludos bluseros, demoníacos y amistosos.