30.5.11

Por Bogey



Lo quemaron medio millón de whiskies. Lo leí el otro día y no se me ha ido de la cabeza. De la cabeza a veces no se van las cosas irrelevantes. Que medio millón de whiskies y un severo cáncer de esófago se llevara a este tío enjuto, cabezón, huesudo y arrastrado en el habla (hay que poner DVDs en versión original, tirar de subtítulos y disfrutar con su deje un poco gangoso y reptil) entra en mis planes. Quizá porque habrá cientos de miles de tíos como él que se perdieron en el alcohol y dejaron este mundo temprano. Vi morirse a un amigo que se sucidió a base de gintonics y de blues a media tarde. No es una frase bien montada ni estoy en plan poético. Hoy he pensado en Bogart y en el suicidio asistido que supone ponerse ciego de alcohol desde que abre el día hasta que se despeña en el horizonte. Y al pensar en servirme un whisky como a veces suelo, viendo una película, ya en casa, ajeno al tráfago de la rutina, confortablemente sensible, he pensado en estar ingiriendo un arma letal. No me ha afectado. Me lo he despachado más que a gusto. Sólo me ha incomodado el fondo del vaso. Como si desde allí Bogey me mirara y me recriminara. Como si un acceso repentino de pudor me dijera lo inconveniente de darle cuartelillo a los pocos vicios que tiene uno. He brindado secretamente por él. No ha sido, seguro, la primera vez. Esta, en todo caso, ha sido consciente.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Llevo días sin entrar, pero de repente me está pareciendo usted un sentimental. Perdone el tono educado, de usted y todo eso, pero hasta ahora no lo había visto claro. Emilio, el sentimental. Caray, qué cambio.
A vez si mañana estás de otro humor. Me deja tocado leer todo esto.

Saludos no obstante, Emilio.


Pedro

Hilario Bueno dijo...

Me encanta Bogey. En realidad no sabía que también se llamaba Bogey. No bebo alcohol jamás, pero si para ser un buen actor hace falta destrozarse el esófago, adelante. Un peaje corto para pasar a la Historia. Saludos.

Antonia Romero dijo...

Me encanta Bogart y de algo hay que morir.

Saludos

Joselu dijo...

Hay una cierta consideración que puede ser interpretada como generosidad en el quemarse poco a poco la vida, a base de gimlets... No tengo -creo- vocación de suicida, pero entiendo que dotar a la vida de ese componente aéreo, frágil, líquido a base de ingerir alcohol, hace que tal vez roces la ligereza, el desapego... Mis amigos alcohólicos, algunos muertos, no han sido precisamente los más irrelevantes. Cuando iba a ver a la última de mis amigas al pabellón de hepatología, tenía conciencia de estar asistiendo a una densa charla existencial con el telón de fondo del alcohol. Se vive para beber y se bebe para vivir. No hay más. Entiendo a los alcohólicos y en algunos momentos esa pretensión de morir en perfecto estado de salud se me hace abominable. Quieren protegernos de nuestros demonios los servicios de sanidad, pero luego nos abocan a una jubilación en que se espera que nos muramos lo antes posible para dejar de cobrar y de hacer gasto a la seguridad social. Son paradojas que no entiendo. Por eso, pienso que algunos alcohólicos son verdaderamente generosos en entregar su vida a su demonio particular.

Juan Herrezuelo dijo...

Bien sabía Rick de qué hablaba cuando le dijo al mayor Strasser que su nacionaidad era la de "borracho". Se bebe por patriotismo, entonces, con esa desmesura que conocen bien los estadounidenses, que conquistaron el oeste con un revolver en la mano, una biblia en las alforjas y una garrafa de whisky volcada sobre los labios, y a esas rutinas siguen aferrados.