7.5.11

Lunares / Redux


En el perigeo, la mujer lúbrica propende a encintarse. 
La criatura alumbrada exhibe en la frente un lunar festoneado cuya visión produce, en quien lo mira en exceso, vómitos, diarreas, evacuaciones unánimes y ubérrimas del alma turbada por esa presencia tatuada.
Las criaturas nacidas por madre lúbrica en noches de perigeo muestran lunares de muy variada forma. 
Los lunares aserrados se localizan en el muslo y en la parte antero-posterior del brazo.
Los lunares hendidos, en el vientre. 
Los acorazonados, en el hombro.  
Los lancelados y aciculados, en la espalda media. 
Los sagitados,en la cima del pubis.
Los trifoliados, en el cuello.
El lunar paripinnado, oculto en la nuca, bajo la melena, produce invariablemente la muerte de su observador.
Todos convulsionan el alma de quienes los miran. 
Todos aturden al que los contempla.
Los nacidos de mujeres lúbricas fecundadas en el perigeo dan la espalda a sus enemigos, agachan la cabeza y esperan, entre la lástima y el odio, a que una suerte de magia los fulmine. 
El finado muere sin dolor y su cadáver revela vestigios inequívocos del desmán, por lo que son piezas de un valor extraordinario para los forenses.


2 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Los lunares secretos al final de la espalda, cuando son descubiertos producen el vértigo de la fascinación. Estos lunares no son de la misma naturaleza de los que describes, sino que son propios de mujeres que fueron engendradas en fase de luna llena. O sea, son lunares lunares, también llamados selenitas. Los que los contemplan -aparte de los dicho al principio- son propensos a la licantropía.

Aúuuuuuuuuuuuuuuuuuu

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Aúlla, my friend. Lobo de río. No he visto yo esa especie todavía. Pero la inauguramos nosotros. Tú, el emperador fluvial. Lunares mágicos. Los que describes me gustan. Ése oculto que da como criatura la fascinación, el vértigo por el hechizo de la carne. Un saludo, my friend, nos vemos.