5.5.11

La fe / Redux

                 
El amo de la india Violeta pasa las noches en vela. 
Era ya amo siendo niño y tampoco entonces dormía.  
La india Violeta duerme las noches enteras. 
Era esclava cuando niña y dormía igual las noches dulces, las noches completas. 
El amo de la india Violeta tiene la boca llena de remiendos: por las mentiras y por las infamias que por esa boca ha dicho. 
La india Violeta tiene una boca limpia y dentro fulguran astros y titila el firmamento cuando canta. 
Amo y esclavo comparten la misma fiebre. O es una fiebre con dos caras: como si fuese moneda.
El amo ha pensado que estaría bien ser esclavo y poder dormir. Al menos una noche. Una noche símbolo de todas las noches entregadas al desquicio y al quebranto.
La india Violeta siempre quiso ser señora: da  por bueno eso de pasar las noches en vela y tener, Dios así lo querría, la boca zurcida de remiendos.
El confesor del amo, un hombre de fe que nunca ha hecho otra cosa que confesar al amo, y leer libros de santos y mirar horas la cruz en un alto, le ha manifestado que Dios tiene en su cetro el secreto numen de las cosas y da a sus criaturas la vigilia o el insomnio, la miseria o la abundancia según su voluntad y no se debe mudar su deseo según capricho humano.
Todo –ha dicho– para que, no contento nadie nunca con nada, todos alojen en su alma la fe, que provee la idea de que algún día todo será concedido en su plenitud y  el día reventará el cielo de júbilos y de cánticos.
La fe, que es un suspender la razón y llenar el pecho de asombro y de promesas.
La fe, que es un milagro sin matemáticas, un ir y un volver sin desplazar el cuerpo.
El amo ha bostezado, pero la plática del religioso, tan lánguida, tan mentida, no le ha conducido al  sueño.
El amo está roto como un muñeco que lastimara un niño travieso.
Dios en su misterio, caprichoso y rudimentario, deja que sus criaturas se rompan y luego los repara en el sueño, en el limbo perfecto donde no existen los días ni los cubren las noches.

3 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Hermosa la justicia de los sueños. Pero ,¡ay!, la justicia es un sueño.

En otro plano de la realidad onírica -vos lo sabés (se me está pegando el aire porteño)- lo bueno es alternar los sueños profundos, reparadores, con los insomnios fructíferos, arrebatadores.

Buen día, mon ami.

Ramón Besonías dijo...

Tu post, Emilio, me ha recordado una anécdota referencial. Al terminar la guerra de Secesión norteamericana, numerosos esclavos fueron liberados por sus amos. Algunos de ellos llevaban generaciones representando para sus señores el papel de esclavos dólices y cumplidores. Cuentan las crónicas de la época que un buen número de esclavos liberados decidieron quedarse con sus antiguos amos, pese a la insistencia de éstos a gozar de la libertad legal que se les ofrecía. Algunos pasaron a convertirse en trabajadores asalariados e inquilinos de las tierras.

No sabían qué hacer con su libertad. Habían pasado tanto tiempo como esclavos; toda su vida algunos. Sus padres fueron esclavos, sus abuelos también. No sabrían qué hacer con una existencia al libre albadrío. Se habían acostumbrado a que otros tomaran decisiones por ellos, a obedecer.

Una metáfora peculiar de los tiempos que corren.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Vos sabés también que somos polvo y sueño y humo gongorino en un patio con un aljibe. Lo que repara es escribir, liberar el músculo, soltar el peso del mundo ahí abajo.

Sí. Muy curiosamente, una vez un amigo (un buen amigo) me refirió la historia del preso que se obstina en volver a la cárcel, aun liberado, porque en la cárcel se vivía mejor. Dueño y esclavo como una misma cosa.