31.5.11

El plan



Hay un orden secreto de las cosas que maniobra a hurtadillas y hace que todo se conjure a su beneficio. No busque el amable lector un logotipo que lo represente. Tampoco una cabeza pensante que lo administre. Se trata de una colonización invisible. Ya no recurre el invasor a ejércitos y armas sofisticadas. No se le ocurre alinearse o desalinearse con otros bandos en conflicto para conseguir sus propósitos. El plan consiste en inocular cultura. La industria cultural, servida en dosis pequeñas, convirtiendo al usuario en un adicto. Vale la filmografía de Walt Disney o el catálogo completo de los Red Hot Chili Peppers. JFK pasado por Warhol o el Tío Sam señalándote con el dedo. Porque tú eres el elegido. A ti se te ha escogido para recibir la tromba de contenidos. En ese pack antológico van el león de la Metro, el blues del delta, la generación beat, el napalm con Wagner sobre el Mekong, la pelvis de Elvis, el parche de John Ford, el jazz despeñándose alma adentro, Cody Jarrett en la cima del mundo, las hamburguesas de triple piso del McDonald's, el bourbon de Kentucky, Central Park, el cañon del Colorado, la autopista 61, los motoles con psicópata, Clark Kent abriéndose el pecho para que asome la S mayúscula, el águila calva, la Estatua de la Libertad, O.K. Corral, Jimi Hendrix en Woodstock, el puente sobre aguas turbulentas, King Kong, Buster Keaton descarrilando, Bonnie and Clyde, la ceremonia de los Oscars, las calles de San Francisco, el rock alrededor del reloj, el Delorean de Marty McFly, el estrangulador de Boston, las barras y las estrellas, el gordo de Minnessota, el pantalón vaquero, la consturcción del ferrocarril, Indiana Jones, la Dimensión Desconocida, la Marvel Comics Group, Perry Mason, Las chicas de Oro, Falcon Crest, Kunta Kinte, Apple, Tara, todos los libros de Dashiell Hammett, el pop, el rap, el hip hop, el big bang, el be bop, el just married (que vi el otro en un coche por las calles de mi pueblo), los taxis amarillos, los zombis del Thriller, los comanches, Russ Meyer, Bob Hope, la Garbo, Sunset Boulevard, Morrison cantando The End, Corleone teorizando sobre el honor, la Coca-Cola, Bob Dylan con gafas negras, Poe en un callejón.... (el amable lector puede ampliar el listado ad infinitum) Pero no quiere uno a veces escapar. Se siente cómodo siendo invadido. Pienso en esa escena magistral en La vida de Brian en la que se comenzaba por criticar a los romanos y luego se encendían los argumentos favorables.

2 Indicios de vida exterior:

Ramón Besonías dijo...

La perfecta distopía. Hiperrealismo institucionalizado. Orwell-Huxley-Clarke redux. La misma ficción, que antes era patrimonio de la memoria personal, es hoy un implante comercial.

Es difícil saber, como le sucedía a policía Deckard en Brade Runner, si realmente somos humanos o replicantes del sistema, si nuestros recuerdos nos pertenecen o son inoculados por la industria de consumo.

No es extraño, Emilio, que la ciudadanía reclame hoy más que nunca una vuelta a lo real no impostado ni mediado, a la comunicación directa, participativa, al diálogo vivo. El reclamo de honestidad, transparencial, realidad. El rechazo del maquillaje mediático, del fotosop, de la manipulación.

Buen día, buena semana, Emilio, el real, no el digitalizado.

Anónimo dijo...

Cómo es posible no caer en esa trampa estupenda? Casi todo lo que escribes es gozoso, todos hemos caído en esa red de tentaciones. El delta? La Marvel? Morrison en Vietnam? Es que son como son, pero su cultura es vendible cien por cien. Fácil, digerible, excitante.

Andrés Pulido Amorós