10.5.11

El mundo como embeleso


Trivial
Fascina la facilidad con la que el tiempo lima todo lo áspero. Produce pavor comprobar con qué malsano y trabajado oficio el tiempo desdibuja la crudeza de algunos actos viles e infames ocurridos en el pasado y los convierte en pasto de la ficción, que es dócil al engaño y transfigura lo real en fabulado. Las cosas a las que embadurna la fábula jamás se toman en serio. Lo que se arroja al tamíz de la ficción pierde su condición de verdad: se hace fantasma. Lo que sucedió en el infinito ayer parece no afectar al tembloroso hoy. No entra en la conversación el vaporoso mañana.

Show
Fascinan las guerras, pero son casi siempre guerras ajenas. Lo que no nos afecta no nos perturba. Vivimos encapsulados, alojados en una rutina confortable que sólo en ocasiones se ve dañada por el concurso inesperado de una fuga radioactiva al otro lado del mundo o por el publireportaje de la Fox en donde los seals localizan, fijan en la mirilla y derriban al malo de la película. 

Mística
Mark Twain dejó escrito que Dios había inventado las guerras para que los norteamericanos aprendiesen geografía. Zanjó el padre de Tom Sawyer y de su colega Huckleberry Finn las derivaciones filosóficas que urdieron Platón y los pensadores chinos de los siglos novicios. Quizá Twain fue el culpable de toda la historia posterior y el colonialismo yanki del siglo XX nació en ese aforismo, en ese desentenderse del drama y reducir a chacota el destino universal de un pueblo recién parido al cosmos. 

Ligereza
Se trata en el fondo de contribuir al ensimismamiento del personal. Tenga usted al público embelesado por el espectáculo, asfixie sus vías de criterio propio y tendrá a un feligrés absoluto de su causa. Habrá fabricado al cliente, que sustituye al ciudadano sin que se aviste discontinuidad entre una forma y otra de representación civil. Vale la ligereza como un comodín. En la ligereza, en la revelación de la superficie, sin hurgar en las capas de abajo, está el estado de bienestar óptimo. Por eso Obama, años después de Twain, el Obama pastor de su grey, el Nobel de la Paz, confía la salvación de su pueblo al temerario Jack Bauer y da las órdenes sin corbata, rodeado de su Estado Mayor, calibrando en una pantalla de alta definición los movimientos virtuales de su ejército hecho un puñado de píxels. Obama ha revelado sólo la información aparente, la irrelevante. Permite que se abra la cebolla porque sabe que todas las capas ofrecerán la misma vacía y aburrida textura. No hay semilla adentro. Al fondo de la cebolla, debajo de cien capas, está el paisaje dentro de sí mismo. Está la entera extensión dramática del universo, pero sin perfiles, huérfana de las aristas con las que se escribe la Historia de verdad. El universo invertido y sin alardes de la cebolla de Obama se obstina en perdurar en su ser, apenas consciente de que afuera lo real insista en lo real y el público, el ensimismado, pide sacrificios y no se contenta con el relato vaciado de contenido de un muerto mitológico que se arroja al mar para que no monten un Graceland sobre sus huesos. Sin semilla, la historia es un documento manipulado, una cebolla infinita.

Credo
Al final se advierte que las guerras no sólo amplían la erudición del personal en materia cartográfica sino que sirven también para fortalecer la fe en un Dios en las alturas. En lo terrible, en lo patético, en lo que de verdad emana tragedia, es en donde Dios encuentra adeptos para su causa primordial. Es en la sangre en donde el hombre fecunda sus mitos. Dicho de otra forma: cuando soy feliz no siento necesidad alguna de escribir. Escribo a diario. Aquí está mi fe incontrovertible. He aquí, oh apóstatas, oh cómplices de mis cuitas, el triste fin de mis inquietudes. Todo por seguir escribiendo.

Una entrevista
¿Qué brebajes le tonifican?
Los vicios del pensamiento.
¿Cuáles son los vicios del pensamiento?
Los que lo predisponen al asombro y a la fascinación sana.
¿Para qué sirve el asombro?
Para que el corazón lata con un sentido.
¿Hacia qué se debe sentir fascinación?
Hacia la belleza y hacia la inteligencia
¿Hay algo más importante que la belleza y la inteligencia?
No, no lo hay.
¿Ni siquiera la fe?
Ni siquiera la fe.
¿Carece usted de fe?
No. Tengo fe en el asombro, en la belleza y en la inteligencia.
¿Y fe en la palabra de Dios?
Soy pagano en asuntos del alma. Todo lo que al alma debe prescindir de metafísica.
¿No hay más allá?
Siento que debo atender sólo a la evidencia. En lo evidente, el más allá es una metáfora, un desear quedarnos, un querer no irnos.
¿No siente usted que para no creer en el más allá no deja de escribir sobre ello?
Absolutamente.


14 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

I. (Eres tú, Emilio, el que me has enviciado con los dichosos númers romanos)

La ficción tiene efectos instantáneos, pero beniales, se van en unos minutos. Por eso quizá la publicidad, el merchandising político y demás vendedores usan juegos de artificio con el contribuyente. Veloces, efímeros.

El ciudadano tiene la memoria del pez. La honda expansiva de una noticia es finita, mensurable. Por eso es necesario crear a cada poco una ficción más. Nada por aquí, nada por allá. Zas. He aquí el conejo, Alicia.

Buena semana, mon ami.

Miguel Cobo dijo...

Lo trivial es un show. La mística es ligereza, gracias a Mark Twain. Mi credo cabe en una entrevista.´

No hay más dios que el talento y Emilio es su profeta.

alex dijo...

En realidad creo que los occidentales habitamos un mundo de mentira desde que los desheredados comenzaron a reclamar su parte del pastel. En un diálogo de la excelente "Missing" de Costa Gavras, un agente de la CIA responde al padre del americano desaparecido durante el golpe de estado en Chile con estas palabras: "Yo hago el trabajo sucio para que gente como usted pueda vivir sin sobresaltos" (no es literal, pero lo recuerdo más o menos así). Hemos creado una sociedad de fontaneros dedicados a mantener fuera del alcance de nuestra vista las miserias del mundo exterior. Estamos vacunados contra el terror visual. Ya no hay guerra con muertos, salvo que se trate de guerras ajenas (las endémicas guerra africanas, per example, siempre azuzadas por intereses extranjeros). Tampoco hay memoria que abarque más allá de la afrenta sufrida. No importa que Bin-Laden fuese un agasajado aliado en los años 80, preferimos tratarle como un examigo descarriado sin entrar en consideraciones autocríticas.

Supongo, si echamos mano de los clásicos, que siempre fue así con la única variación geográfica del paternal imperio de turno siempre en busca de eternizarse mediate el totalitarismo aplicado de diversos modos, entre ellos el tener a sus vasallos anestesiados. Y programas "Sálvame" a diario, es uno de ellos.

Anónimo dijo...

Voy a ser muy poco original.
Estoy asombrado por la facilidad de palabra que tiene, pero a veces me quedo en puertas, como considerando qué falta para que yo lo entienda todo. Verás, no es que no me guste, que sí, pero es que hay un punto de no comunión todavía, pero se andará. Mucho pero estoy poniendo. Lo ves. Es que yo no valgo para escribir y no sé si valgo para leer, pero lo intento al menos. Otro pero. Se ve que tengo que dejar de escribir comentarios porque otros (Ramón, Miguel, Alex) lo hacen maravillosamente bien y yo, recién llegada, nada de nada.
Es que la comunión está a punto de materializarse por lo que llevo ya leído en este página Estupenda De Verdad, pero (más, stop, nena) falta el push. El push, se dice, no ?
Un saludo, y disculpad todos la falta de estética de el comentario. Es que estoy empezando en esto de los blogs, y ya veís.
Un saludo. Ya lo he escrito. Bueno, pues otro Besos a todos.

Laura Gómez Parejo

Anónimo dijo...

Ah, yo de fe sí que tengo mucha, pero veo que escribes con tacto, con miramiento y no te pones, como otros, en plan ofender por ofender. Eso se agradce en estos tiempos de gente bruta por el mundo.
Gracias, y abur

Laura

Juan Pablo Cámara dijo...

Vamos por partes.
Mezclas con mucho entusiasmo a Obama, a Bin Laden, a la mística de San Juan de la Cruz y al mismísimo Billy Crystal dando los Oscars desde el Kodak Theatre. Eso tiene que analizarlo con tiento, sr. Calvo. Lo primero es aceptar que hay que escribir de lo que a uno le venga en gana y que se escribe con las tripas. Escribe usted con el corazón, con las tripas y con el esófago si se le pone a mano, pero quizá debiera usted (le trato con mucho respeto) de ir con pausa y no (es una atrevimiento) lanzar tantos posts, uno tras otro, sin pausa, pensados, pero ametrallados. No tenemos tiempo para asimilar, y creo que usted, sr. Calvo, apreciado escritor de mis noches de desvelo, tampoco matizará, le dará el enfoque preciso. Vamos, que se agota. No es que vea signos de agotamiento, aunque vendrán. No es normal el ritmo, ni es normal que usted (sigo con el usted porque nos da a los dos una distancia estupenda) quiera que los lectores le vayamos en la carrera a seguir ese ritmo. Yo al menos desisto. Un post al día. Y hay días en los que no le doy las buenas noches ni a mis hijos. Le
guardo un sitio en mis Favoritos, pero agota.
Un saludo afectuoso, y espero no se moleste.

Juan Herrezuelo dijo...

Hace tiempo que descubrí un cierto paralelismo entre la progresiva falta de talento entre los guionista de cine y el hecho de que los grandes acontecimientos históricos de nuestro tiempo, así como los personajes internacionales más relevantes, sean cada vez más grotescos, más inverosímiles: ¿acaso en las alturas del gran teatro del mundo hay un equipo de esforzados escritores que van creando lo que llamamos realidad, escritores cada vez más mediocres, cada vez más plagiarios, influidos, como los de cine, más por los cómics que por la literatura, capaces de inventar villanos fantasmas (de los que apenas quedarán para la historia un puñado de vídeos muy poco convincentes), guerras sin enemigos, crisis con tufo a monopoly, modas relámpago, inventos completamente inútiles sin los cuales de pronto es imposible vivir…?

Ramón Besonías dijo...

Laura, Juan Pablo, esta casa digital es una barra abierta tanto a santos bebedores como a diletantes del bourbon. Emilio es ya, a estas alturas, un alcohólico de la palabra. Redimirle es un vano esfuerzo. Dejaos llevar, seguidle, o no. Escribid cuando podáis y lo que queráis. Cada cual seja la piel que le transpira en los comentarios.

Bienvenidos y muchas más.

Miguel Cobo dijo...

Ramón, casi me dan ganas de decirte (come Robert de Niro en El Cabo del Miedo): Ábôgádoo...

Yo creo que Emilio en el fondo lo que es, es un gran humorista. El mejor. Literatura de humor de a buena, como diría él. Humor marxista grouchiano, pero contemporáneo; moderno, fino, agudo, desternillante, divertido, genial, volcánico, convergente, divergente, extracorpóreo, erudito, multidisciplinar, pedagógico, irreverente, corrosivo, provocador, incisivo...Todo ello sin dejar de ser amable. ¡Qué arte!

Miguel Cobo dijo...

Fe de erratas:

...como Robert de Niro (no come)

Anónimo dijo...

Larrea
No llevo yo mucho trato con Emilio, pero doy aquí fe de lo que dice Miguel, y atestiguo con mi voluntad más firme de que es, en efecto, escritura humorística. Cañonazos de humor muy especial. No se desternilla uno, pero vamos, alcanza niveles altos de sonrisa.
Me gusta el cine de acción, las pelis de humor y las novelas ligeras. No soy un intelectual, pero sé apreciar la capacidad de los que están a mia lrededor. Y Emilio es de los buenos.
Se ve a poner gordo hoy.
Un saludos a todos.

Anónimo dijo...

Me quedo al margen. Por una vez, al margen. Sólo hacerte ver lo bien rodeado que estás. Un saludo, uno grande.

Rafa.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Enviciar a los amigos en cosas que le gustan a uno es bueno. Se trata de ampliar la cofradía con cofrades nuevos. Esto del blog es en esencia un club de amigos. Entra gente ajena, a veces, pero los que repetimos somos los mismos, y eso me agrada. Gracias a todos por escribir. Leer es una cosa, pero bajarse al comentario requiere un plus de interés. Gracias por lo escrito y por lo sentido. Excesos de la amistad, en su mayor parte. Abrazos múltiples sin aplastar costillas.

Ramón Besonías dijo...

Eres un sentimental, Emilio.