24.4.11

Soy una rana que no ha leído a Pynchon


Me desalientan las novelas inasequibles, pero eso debe ser porque mi cerebro está paralizado por lecturas banales y ando a la gresca conmigo mismo por avanzar y entrar en un universo libresco de más hondura. No he leído a Pynchon. No he leído a Roth. Tampoco a Updike. Así que cualquier intelectual al tanto de la moderna literatura de masas podría decirme que no estoy en el mundo. Y verdaderamente no lo estoy. Son más las cosas que no conozco que las tengo a salvo en mi memoria. Pero incluso eso último que acabo de escribir es desmontable: nada hay a salvo en la memoria, todo se entrecruza de incertidumbres y terminas pensando que lo real está atravesado de ficción y viceversa. Me encanta la palabra viceversa. Me encanta escribir de pie como Roth. Eso me lo ha contado hoy el suplemento de El País, Babelia. Lo leo todos los domingos. Los suplementos culturales de los periódicos de postín en España salen los sábados, pero yo los leo en domingo, que es el día en que se deben leer periódicos. Si pudiera, me tiraría el domingo entero leyendo la prensa nacional. Desde que pongo el pie en el suelo hasta que vuelvo a meterlo entre las sábanas. Tengo dos pies, pero no sé por qué se escribe siempre en singular cuando se hablan de los pies menos en la expresión muy noir de salir con los pies por delante, que no entendí nunca bien del todo. Así que aquí estoy delante de Babelia, hojeado, ojeado, sin entrar en detalles. Esperando que mañana se ice el día y el sol informe de la mecánica íntima de las estrellas. Tampoco sé nada de astronomía. Ni siquiera de la razonable. Me quedé en eso de enseñaros mi trocito mejor. El de trovador de su causa. El del poeta manumitido de todos los lectores. El del soldado secreto que libra una batalla con Dios a diario y la pierde un día y la gana otro de modo que al final no sabe si Dios está de su lado o en su contra. Ando erguido y ando solo. Me pesan las palabras en el pecho. Las noto oprimirme el plexo braquial. Cuando escribo plexo braquial pienso en ranas. En charcas infestadas de ranas. En ranas cojonudamente grandes croando una sinfonía batracia. Vivo como las ranas. Ninguna de ellas ha leído a Pynchon, a Roth ni a Updike. Yo soy un buen lector de periódicos. Sobre todo los domingos. Mañana me disculparán si escribo sobre lo que acabe de leer. Normalmente los escritores hacen eso: escriben sobre lo que tienen más a mano. Incluso Pynchon, imagino. Igual leo a Pynchon y me desanimo. Se me inunda el plexo braquial de incertidumbres. Dios se me pone más en contra todavía. O yo más en contra de Dios. Van a permitir que cierre el post y me busque un alivio para mi ansiedad. Esto de no ser nada más que un trovador de mi causa ya me está hartando. Será cosa de ir pensando en escribir menos y leer más. Empezaré con Pynchon. Vicio propio es su última novela. La recomieda José María Guelbenzu en Babelia. Vicio propio. Traducción de Vicente Campos. Tusquets Editores, Barcelona, 2.011. 424 págs. 21 euros. Croo sin que nadie me observe. La fronda de la ficción pynchoniana, en voz de Guelbenzu, requiere de ranas audaces. Buenas noches a quien ande por ahí a estas horas de la noche. Aquí todos croamos.
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10 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Croemos pues, Emilio. Yo tampoco he leído a Pynchon y, como tú, he he sentido tentado de meterle el diente (las ancas) algún día de estos. Empieza tú, yo te sigo. Me vas contando y así me animo.

De Roth sí que leí algo. Triste, por cierto. Pero repetible. Croa, buenas noches, croa, croa.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Hay tanto que no conocemos. Sigo tropezando en la misma piedra que me he obligado a quitar del camino, y no puedo, amigo Ramón. La de no abarcar tanto. La de quedarme en menos. La de la renuncia incluso a seguir. La de no indagar más de lo necesario. Hasta debe ser saludable. Y croo, claro. Solo, en mi charca, en mitad de la noche. No doy pena?

Ramón Besonías dijo...

Je, je... Es natural que una rana croe. Los seres humanos tenemos la facultad proteica de poder transformarnos en muchos. Transformismos emocionales, mutaciones existenciales, quiebros biográficos.

A mí me ha pasado que según temporadas me saturo de la lectura. Dejo un espacio de sequía y vuelvo, por pura añoranza. Tengo libros apilados sin leer y encuentro un momento para rescatarlos del olvido.

Acuérdate de Aristóteles: término medio, mesura, que la cabeza se ponga al servicio de tus afectos.

Rafa dijo...

De Pynchon ni idea, de Updike ni idea, de Roth al menos sé qué cara tiene y que ayer salía en ese periódico que nombras, pero qué inculto soy, Dios mío, pero qué alegría me da que usted, tan culto, tan elegido por la inteligencia, tampoco esté al tanto de estos "lumbreras" de las estanterías del Fnac... Qué alivio, qué alivio. Qué contento estoy, Emilio, al leer estas cosas.

Ricardo Estepa Nuñez dijo...

Si la vida fuese Pynchon y Mailer y la madre parió a Philip Roth, estaríamos perdidos. Yo no quiero estar perdido. Haz caso a Ramón y lo que dice de Aristóteles. No problem. Yo ya he pasado por eso. En otro asunto, enhorabuena por el blog. Muy sinceras, en serio, gran trabajo.

Pato dijo...

Emilio, no sé dónde dejarte este comentario, tal vez tardío, pero aún válido.
Lo haré aquí y en tu blog personal, pues me gustaría puedas leerlo.
Por un lado porque disfruté mucho de esta escritura automática, tanto cuando la encontré el primer día, como ayer leyéndola en la radio.
Yo siento estas letras, como un pensamiento interno, como un desvarío por espacios y paisajes no prefijados, no sé cuestión que me gusta dejarme llevar por textos así, tanto para leer como para escribir, pero a la hora de subirlos a mi blog, muchas veces me detengo pensando eso mismo que vos, quién va a leer eso. Lo cierto es que siempre alguien lo lee, y alguien lo siente como esa respiración propia y solitaria y sombría que me llevó a leer esto ayer en Perras Negras.
El programa en vivo ya se emitió, ahora lo he subido al blog del programa (que no es mi blog personal, claro) te dejo el link www.perrasnegrasradio.blospot.com para que puedas escucharlo si andás con ganas y tiempo.

Un saludo, copio y pego y dejo este mismo comentario en tu blog.

(Ahora me quedo con las ganas de leer el post que tenés aquí, luego vengo)

Anónimo dijo...

Croarás tú, especímen batracio.
Yo leo lo que croan otras. Pynchon también croa? Croar es escribir como tú escribes? Un saludo sin charca.
Felipe

Miguel Cobo dijo...

Tú que eres un hiperactivista mental dices croo y estás diciendo creo, de creer y de crear. Y a estas alturas yo no me creo que tú me salgas rana.

Dicho esto, lo mejor es dejarse llevar por un autodidactismo sin complejos, pero con complicidades. Por ejemplo, a mí anoche me dio por hojear/ojear el Babelia (!) en un desvelo sobrevenido por vía conyugal (sin más connotaciones) y me abrió unas ganas de leerrrrrrrrrrr...Por ejemplo "Las raíces del terror" de Paul Preston. Me contagió la crítica de Ángel Viñas.

Pato dijo...

Por aquí es lunes de mañana, y pfffff, siento algo parecido a lo que vos decís, pero jamás lo hubiera expresado tan bien.
Yo también leo el suplemento de Babelia y otros suplementos culturales el ADN de la Nación, el Babelia lo leo de forma virtual el ADN en papel, y después me siento lejos, muy lejos de todo. No estoy leyendo todo lo que HAY QUE LEER antes de morir, horroooor!
No había pensado en una rana, pero podría ser que si. Es verde y húmeda, como un cronopio. Me gusta.

Saludos!

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Croo, croo, croo. Esto de croar me está gustando muchísimo. Soy el rey de mi charca, Ramón, Ricardo, Pato, Felipe, Miguel. Juro que no dan ganas de hablar con mesura. Croo con vocación de rana letraherida. Nunca hast ahora había mezclado la palabra rana con el adjetivo letraherida. De hecho es la cuarta o quinta vez en mi vida de escritorcillo que uso eso de letraherida. Estoy croando mal, sin duda.