9.4.11

Rewind / Redux

Sería más o menos así: uno no nacería menguado e inerme, vacío en tamaño y en conciencia, ni iría después creciendo en juegos y en llantos, probando, errando, cayendo, subiendo. Prescindiríamos del acné adolescente. Tampoco estaría la fatiga de los años escolares, las primeras erecciones rudas e incómodas. Sobraría el pavor mitológico ante la sospecha de que Dios existe o de que no existe. Y no tendríamos que encarar con resignación la rutina de la edad adulta, la impertinencia de la vejez. Menos traumático o menos patético, sería nacer ya maduro, canoso, calvo o gordo, e ir más tarde, paulatina y generosamente ganando en aplomo, en tamaño, en conciencia, entre lecturas por el parque y paseos por la playa, bebiendo café en las terrazas con amigos, rejuveneciendo año a año, menguando en aspecto y ganando en hondura. Buscar entonces esposa, procurarse unos hijos, un trabajo que nos plazca, dejar que el tiempo nos merme y, al final, cubierta la edad madura y la juventud, rebasada la infancia, morirnos en un flato artero, en un patio de jardín de infancia o en la bautismal cuna. O mejor todavía: morir en el vientre materno, enamorados, enfermos, hospedados como reyes, como dioses. Sin pensar en derecha del Padre ni en los pecados que cometimos en la travesía. Los habría afortunados: aquéllos que tuvieran la dicha enorme de morir en un orgasmo paterno, aunque no sea el propio. Los que aguanten hasta el final y encuentren el óbito liberador en el mismo abrazo de quienes lo trajeron, en la coyunda feliz de dos que se aman y buscan, en el amor, la extensión de su gozo.

addenda:
Mi amigo Álex leyó este texto hará un par de años y lo comentó. Lo hablé hace unos días con K. y me pidió que lo revisara. Lo ofrezco de nuevo con las palabras ya corregidas, con las frases ahora reformadas.


3 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Me hiciste recordar a Benjamin Button.

Cuando vi la película pensé algo similar a lo que apuntas en tui reflexión. Parece como si nuestro reloj biológico marcara a espaldas de nuestra voluntad la razón de cada etapa, sus afanes y deseos. Acabamos admitiendo que la frustración sea el único reino universal.

Quiero pensar que si fuesemos como Button quizá nos seguiríamos quejando por las mismas contingencias. Al fin y al cabo, el ser humano es culo de mal asiento.

Anónimo dijo...

Hace tiempo
que no he leído nada tan bonito.


Olivia

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Sí, en parte. Es un argumento antiguo. Mío y compartido. Nacer viejo, morir joven. Un cuento metafísico. Ciencia-ficción moral. Un cuento, bien pensado, muy religioso. Y Dios dónde queda si naces ya con todas las ideas bien asentadas? No te pueden engañar, catequizar...
Es otra historia, Ramón.

Gracias, Olivia. Me alegro mucho de que te haya gustado. Vuelve por aquí