21.4.11

Los paganos somos escépticos hasta cuando creemos

No hay certezas morales que justifiquen ninguna barbarie. Ni siquiera la razón puede imponerse a la metáfora. Este tiempo de plenitud sacramental, en el que se oficia la muerte y la resurrección de Cristo, tampoco es una fiesta del pueblo. No van quedando festejos que conciten la unánime complacencia del pueblo. Resulta curioso que las sociedades avanzadas (en lo social, en lo económico, en lo cultural) sean las que con más crudeza desalojan sus templos. En estos días de gozo religioso se hace énfasis en la caja de los hosteleros. Sigo pensando que la fe debería ser un festín invisible. Cuando se airea, en el momento en que manifiesta, al adquirir un rango público, se justifica la presencia en las calles de todos los festines posibles. Lo invisible de pronto revelado. Por eso hay gente que procesiona símbolos blasfemos o gente que hace adoración pública de iconos bastardos.
 Hace poco vi un vídeo en youtube en el que Darth Vader ocupaba la posición del Caído y recorría calles atestadas de frikis.  Todos somos, al cabo, frikis de algo. Hagamos lo que hagamos, siempre habrá quien nos mire como si fuésemos raros. Lo friki, siempre lo pensé así, es lo raro investido de normalidad. Como si me mañana me da  por salir con una camiseta de Charles Manson y voy al supermercado o al trabajo y la exhibo, sin pudor, a sabiendas de la bomba de relojería intelectual que me he incrustado en el pecho. Pero Pierre Reverdy dejó escrito que no hay amor, sino pruebas de amor. No hay fe sino pruebas de fe. Lo que me sigue preocupando, a estas alturas de la trama metafísica, es que el descreído no esté a la misma altura en una inventada escala de prestigio social que el que no lo es. Que el creyente todavía sostenga que en una sociedad laica (lo es pese a todo) existe algún tipo de contingencia legal que pueda amparar lo que, en el fondo, no deja de ser un quebranto espiritual. Nada más que un roto en el alma. Rotos en el alma tenemos todos. Cada uno lo cierra con el ungüento que desea. El mío no es Darth Vader procesionando por las calles. Tampoco el Cristo. Ni el escandaloso Manson. Es posible incluso que no precise ídolo a quien adorar. No del tipo que la religión ofrece como ungüento. Al menos ninguno que congregue cientos de seguidores con los que compartir la naturaleza de mi herida.
Anoche, sin ir más lejos, escuché a Chet Baker otra vez y sentí esa punzada en el alma. Son esas punzadas las que proclaman que el alma está viva. Sí, ya sé, no tiene nada que ver. O lo tiene todo y me asiste la certeza moral de que mi credo es resistente y se acrecienta con los años. Algún tipo de fe debe ser ésa. Los paganos somos escépticos hasta cuando creemos, leí una vez. Paco Ibáñez también lo expresó: A la gente no le gusta que uno tenga su propia fe. Hoy, en la mía, en mis creencias, sólo lamento que un buen amigo tenga que andar mirando el cielo a la espera de que aclare y pueda ver su paso pisar la calle. Ojalá aclare.

3 Indicios de vida exterior:

Ramón Besonías dijo...

A fin de cuentas, amigo Emilio, toda fe arranca -si uno se aplica la sinceridad a su propio ombligo- de uno mismo. Lo demás son ganas de agradar, colegiarse para ser admitido, para ser amado, valorado. Las manifestaciones de fe deben ser plurales, abiertas y recambiables. Cada cual que oficie su credo, lave sus penas como estime oportuno, rece el santo que le sea propicio. Esa fue la gran enseñanza del paganismo, su riqueza cultural. Cuando llegaron los monoteismos, se acabó la fiesta. Un Dios, un rey, una patria, un Señor(ito). Y así nos va.

Mycroft dijo...

Paco Ibañez lo expresaba tomando prestados los versos de Brassens.
Yo en este tema soy más de Bill Maher, me divierte más.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Pagano, consciente de estar disfrutando de los dos mundos. El creyente es más difícil que caiga en la cuenta de las razones del otro. Es lo que he vistoe n gente cercana. Todo depende del grado de involucración, Ramón.

Sí, Mycroft. Citaba a Ibáñez por tener de fondo en ese momento la canción. Fue la que me inspiró el post. Yo también soy de Maher. Cómo no serlo.