1.4.11

La tierra baldía

Ser poeta para qué
si T.S. Eliot murió solo
sin que una sola línea suya
-todas tan dignas de cántico,
todas de tan hondo pulso-
lograra poner cerco a la muerte,
brida al vasto olvido. 

El poema ha aparecido donde no debía. Perdido en un carpeta repleta de apuntes de Pedagogía. Qué cosas. El azar nos dispensa así de cogitaciones excesivas. No nos va a dar migraña por indagar en las razones que lo mueven, pero de vez en cuando nos abastece de poemas antiguos, de besos perdidos, de palabras que hace años que no usamos y que amamos durante algún tiempo. A la vista los temas de Pedagogía y el amarillo confiado de la hoja, el poema puede llevar veinticinco años en ese limbo perfecto. Podría haber seguido ahí veinticinco más. Hoy lo confío al mundo. Escribir en un blog es confiar al mundo lo que uno va aceptando y lo que uno no va aceptando del mundo. Es una especie de rendición industrial del corazón a punto de desbocarse. Uno escribe cuando el corazón se le despeña en el pecho. Escribe a dentalladas. Comprometido con las palabras. No hay otro catón que nos coarte. Soy libre escribiendo. No se puede ser más libre en este mundo que escribiendo un poema. Incluso uno malo vale. Aseguro haber pasado por esa sensación las veces suficientes como para entender lo poco importante que es la valía de lo escrito. Que lo relevante es lo otro. El dolor alojado en el alma y su repentino cese.



Eliot
Y el poeta inglés, aquejado por los quebrantos de salud propia y ajena, ocupado en su banca Lloyds en cuadrar números, desoyendo a quienes le recomendaban reposo y consejo médico para no caer en la locura o en el tedio, revisó en París, a la vera del loco Pound, The Waste Land. Lo afinó, según aclaró más tarde. Afino yo ahora mi oído inglés, mi corazón anglófilo, mis deseos de que las enseñanzas en la lengua de Milton y de Chesterton me haga disfrutar con lo escondido, con lo que el traductor no capta. Porque el trabajo de traductor es uno de los más difíciles del mundo e incluso el mejor de todos ellos no satisface al lector exigente y se deja embaucar a veces por la sonancia secreta de las palabras, por el arrullo invisible de los verbos.



April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Dull root with spring rain.
Earth in forgetul snow, feeding
a little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Stambergersee,
and went on in sunlight, into the Hofgarten,
and drank cofee, and talked for an hour.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echd deutsch.
And when we were children, staying at the arch-duke's
My cousin, he took me out on a sled...


T. S. Eliot, The Wasted land, 1. The burial of the dead.


Y suena tan bien el inglés cuando lo declama un nativo bien adiestrado y bendecido por el dios de la música...

4 comentarios:

alex dijo...

Somos libres al escribir, cierto. También lo somos en determinados momentos, puntuales y fugaces como chispazos. Después queda la búsqueda de la libertad, senda que marca la poesía.

Joselu dijo...

Me falta constancia para trabajar un texto literario poético, me falta capacidad de crear imágenes, me falta el dominio del idioma necesario, me falta la inspiración de ir más allá de mis quejas personales... pero qué prodigio es poderse sumergir en los versos de alguien que sí tenía todo eso y más, y, a veces siendo un simple empleado como lo fueron Kafka, Pessoa o Elliot, o a veces siendo una mujer de su casa como Emily Dickinson, encerrada en su habitación como Rosalía de Castro a la que tan indiferentes han sido mis alumnos. Los manjares más preciados necesitan de paladares educados, y la educación verdadera ha de conquistarla uno mismo, nadie te la da.

Libertad, sí. qué hermosa eres.

Rocío Díaz Gómez dijo...

"Aseguro haber pasado por esa sensación las veces suficientes como para entender lo poco importante que es la valía de lo escrito. Que lo relevante es lo otro. El dolor alojado en el alma y su repentino cese." Completamente de acuerdo. Eso es exactamente lo que yo siento muchas veces. Un saludo, Rocío

Anónimo dijo...

Y qué belleza hay cuando alguien la transmite. Somos pobres, analfabetos de la belleza, Emilio.
Tú tienes ese arte para mostrarla. No lo pierdas nunca. Es más: deja el blog un poco de lado y publica algo, que te publiquen, mejor dicho. Creo que cientos de escritores ínfimos con cientos de novelas vendidas que son basura, prosa barata, poesía de poco alcance.
Es que me gusta mucho esta página, tú
ya lo sabes...

Ana