14.4.11

La bilbioteca infinita / Redux

A Rafael Carlos Roldán, lector, gourmet norteño (once again)
A Malena, que anoche me habló sobre Borges desde Argentina



El hombre se ha despertado con la peregrina idea de leer el libro en el que está basada la película que vio la noche anterior, pero no recuerda el título.Tampoco de qué iba. Sólo ve pájaros y un edificio victoriano al que entran circunspectos caballeros de macferlán y sombrero de copa, bastón y perilla. Todos se parecen tanto que llega un momento en que consiente la ficción de que, en realidad, son la misma persona, absurdamente multiplicada.
Los pájaros violentan el silencio de ese desfile aristocrático con unos graznidos que no soporta. Ahí termina la película. La amable señorita de la biblioteca se esfuerza en que formule un título. Le razone que hoy en día se puede llegar a la madeja desde cualquier pequeño hilo, por infundado que parezca. Le habla del algoritmo secreto de google y de dios escondido en el código binario. De pronto el hombre le confiesa que tal vez no sea una película sino un sueño. En ese caso estoy obligada a informarle que no es posible ayudarle porque no existe una bibliografía sobre los sueños de lo usarios del mundo o de la biblioteca. Nuestro catálogo es ingente y hasta tenemos un fondo sin registrar, libros apilados en el sótano donde hace años que sólo entramos a dejar más libros, pero insisito en la imposibilidad de satisfacer su demanda, añade.
El hombre se aleja del edificio de la  Biblioteca con la sospecha de que le han engañado. El libro existe, piensa. Hay un libro para cada soñador. Un registro minucioso para todos los sueños desde que nacemos hasta que morimos. El hombre no es religioso, pero entiende que está manifestando una especie de reflexión de índole enteramente religiosa. Tal vez Dios sea el amanuense de ese inventario único y esa biblioteca fantástica es el cielo. Entonces comprende que ha muerto y está a punto de contemplar  uno a uno, sin pérdida, todos los sueños que ha tenido. El último era de pájaros  y un edificio victoriano al que entran elegantes caballeros absurdamente iguales.

5 Indicios de vida exterior:

Ramón Besonías dijo...

Sí existe un libro -profano, ajeno a Dios- en donde se esconden todos los nuestros sueños: la vida misma, la nuestra, intransferible, única, fugaz. Quizá no vivamos la vida que soñamos, pero el único libro cierto, tangible, es nuestra existencia. ¿Humo del deseo?, ¿quimera?; es posible. Pero toda biografía que se precie es un catálogo de ausencias, una traición, un silencio a voces, solo accesible a través de la memoria ajena.

Todo se esfuma, desaparece, salvo el eco de nuestra voz en aquellos que pasaron a nuestra vera. No existen bibliotecas infinitas. Solo retazos vulnerables que el tiempo evapora.

Joselu dijo...

Muy borgiano ¿no?

Es una buena incorporación un supuesto catálogo bibliográfico de sueños y Dios como el sumo bibliotecario.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Ese libro es tal vez el único. Leemos la trama, la tramamos nosotros, la destramamos, la pervertimos, la endiosamos, la convertimos en frágil tela de una vestidura que no tiene competencia con otra porque no lo hay.
Todo se esfuma, desaparece, es cierto; el tiempo es una mentira, pero no hay verdad.

No, muy borgiano no, amigo Joselu. Borgiano cien por cien.
Es un tributo modesto al maestro, al bibliotecario; también a Malena, que me hizo pensar en él en un comentario muy borgiano también suyo.

Pablo Mayorgas dijo...

Borges, Borges. Qué buenos recuerdos de mi periodo borgiano y hace ya tanto tiempo que no lo busco. Me pongo esta misma tarde con el Maestro, con el Bibliotecario, con el Gran Ciego. Gracias por recordarlo aquí.

Malena dijo...

- ¡Yo soy de la misma sustancia que están hechos los sueños! - nos dice el Caballero Enfermo de Giovanni Papini.

Quizás, de alguna manera, lo seamos todos y terminemos despertando sobresaltados al descubrirlo.

Entonces desapareceremos.



¡Gracias, Emilio!