23.3.11

Valente


Cántico 
Fe  en la palabra, en lo que la palabra abarca y no expresa, en la extensión exacta en donde la palabra proclama su reino, lo tendido a modo de vínculo entre el vacío y lo revelado. Fe, digo, en la armonía, en el alfabeto, en la sílaba, en la materia oscura y purísima, la materia intrascendente, la abrasada por el  caos, la que inútilmente sangra y tiembla para ser rescatada y puesta al servicio de la belleza. Fe en el corazón fundado en el asombro, mecido en el asombro, ocupado entero por el asombro primero con el que el mundo fue hecho. Fe implacable, fe lúcida, fe lírica, fe total. La fe izada al distinto cielo, volada sin discurso, a punto de sobrevenirse en luz. La fe como un nudo de misterio en el poema. La fe en los días sucesivos, en los días venideros, en los días de la ceniza y del salmo. La fe cruzando un desierto y su secreta desolación sin nombre.

Tiniebla
Dos mil once. Estoy solo frente a la única muerte posible. Toco el centro del dios y oigo el ruido que hace mi alma adentro cuando contemplo este ocaso en el espejo. Solo inclinado hacia lo que soy, ensimismado en la serena vigilia de lo que arde y no se extingue. Solo y gris, vaciado de contenido, ofrecido al silencio como un signo puro. Solo, embebecido y cándido, inocente como la música de las estrellas, solo, en tiniebla, ardido y solo, comprendiendo en la soledad el significado de la pérdida.


3 comentarios:

pin dijo...

Es hermoso eso de los días de la ceniza y del salmo. No me gusta en especial la poesía, pero si es esto... me apunto.

Bañolas dijo...

Lo que es hermosa es la poesía, desnuda, sola, mostrada al mundo como un motor.

Rafa Pozo dijo...

La destrucción o el amor. El tiempo o el olvido. La luz o la tiniebla. La poesía o la tiniebla.
Un saludo enorme.