El gobernado, a fuerza de ingerir fármacos legislativos en forma de pastillas semánticas, confunde la realidad con el Boletín Oficial del Estado.
Ebrio de decretos, hechizado por la oratoria de quienes administran su destino, el gobernado se convierte en un adicto a la narcosintaxis y se ciega de programas y de promesas cada cuatro años, que es el umbral natural en el que el político se mira al espejo y observa el estado de conservación de su sonrisa y la prestancia orgánica de su gesto.
El pensamiento político elogia al individuo, lo mima, lo adula, le hace creer que es indispensable, pero aplaza cualquier contacto cercano con su realidad doméstica a beneficio de la asepsia burocrática, que es una forma estilizada de limpieza ética que nace en un cajón de un despacho y muere en un archivo de un disco duro.
Sin ti no soy nada, ya lo sabes...Y se necesitan, se quieren incluso. Ya lo dijeron el otro día en el narcocorrido parlamentario...

2 Indicios de vida exterior:
Los chistes autocomplacientes de los políticos en ocasiones me indignan. Me suena a cachondeo. Entre remiendo y remiendo, un chistecillo para desfacer la indignación del ciudadano. Que no se diga que somos unos muermos. Que los políticos también podemos ser divertidos y nos solazamos. Que somos humanos.
Los peores chistes que puedo soportar desde un televisor son aquellos que provienen de la clase política y los de la Conferencia Episcopal. Prejuicios que tiene uno.
Se saben escuchados, sostienen su condición de actores en una trama que no podemos evitar, a la que acudimos con fascinación, con temor. Incluso la indiferencia les place porque los indiferentes también son sus administrados, el público no voluntario de esa trama. Que hagan chistes (zafios, sobre todo) da idea de lo sueltos que están y de lo complacidos que se encuentran del cómo va el argumento y de lo correcto de su proceder. Lo de la Conferencia Episcopal no son chistes: es un desquicio absoluto. Ni entro. Hoy, al menos, a estas horas, no, Ramón. Buenas noches tenga ud. Duerma a gusto. Sueñe con escenas de sus pelis favoritas. Abstenga hoy el deseo de meter en el listado las de fondo político. O episcopal. Arrrggh.
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