24.3.11

Un mapa



Por estas calles creció mi infancia y en ellas fui el adolescente conchabado con sus vicios sencillos . Los cromos. Las canicas. El fútbol en las plazas. Las calles como refugio. Todavía sé perderme en ellas y sentirme dichoso y pleno. Al fondo siempre está la recia certidumbre de que no hay destino alcanzable sino pequeños hitos que manuscriben la biografía rutinaria. Desde el aire no reconozco absolutamente nada, aunque identifico cada cosa. No es mi ciudad, siendo la única que de verdad tuve. No soy yo el que mira, y sin embargo estoy en la mirada y me representa. No estoy dentro ni en momento alguno he sido feliz en este rinconcito del mundo. O lo he sido ingenuamente, de un modo primario, brusco, íntimo, sin dobleces,  al modo en que los animales lo son frecuentando jardínes y repitiendo esquinas. Zozobra y desorden. El irse buscando y encontrando en lo que uno recuerda. Palabras que difícilmente explican el escaso afecto que le tengo a la nostalgia y, sin embargo, la cantidad de tiempo y de palabras que dedico a manosearla. Soy un sentimental. Ya he escrito esto muchas veces en este diario que rindo. Un sentimental con un arsenal de agradecimientos. Algunos, en una mirada repentina, en la primera opción del corazón, provienen de estas calles. Cada uno tendrá las suyas. Pero éstas son tan mías. Hace unas semanas las paseé nuevamente. Las pisé con intención. Las sentí nostalgia y óxido. Las creé otra vez en mi cabeza. Las compuse y las rehice. El mapa absoluto del alma.

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4 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

A veces me domina una sensación de irrealidad; quizá sea ésa la única experiencia verdadera de nuestro pasado: siempre que volvemos a visitarlo, él (o nuestra memoria) ha cambiado, tenemos tantas autobiografías como momentos en los que recordamos. Otras, por caminos muy distintos he tenido los mismos recuerdos. De día y de noche ellos corren por mi memoria como los ríos de un país. Algunas veces yo los contemplo; y otras veces ellos se desbordan.

Ya no entiendo a este mundo. Todo el mundo quiere olvidar apresurándose, yendo cada vez más rápido, negándose a tener el menor instante para sí. Recordar es la única manera de detener el tiempo. Sólo existe el tiempo, la memoria. La memoria es la personalidad. De todo en el mundo lo verdaderamente trágico es el olvido, y de éste, lo más desesperante es que no se lo advierte: el gradual insidioso advenimiento de la conformidad, cuando la memoria desborda en su multiformidad la voluntad ordenadora de la inteligencia.

Pero también la memoria reinventa el mundo. El pasado es mucho más variable, flexible y manejable de lo que la gente cree. La memoria, además de ser selectiva puede también ser injusta. Incluso puede acabar devorándonos. La memoria es una facultad muy oportunista y se adapta admirablemente a las posibilidades. Goethe dice que la memoria llega, justo donde llega nuestro interés. Cuando se le ha puesto una cruz a una deuda, la memoria, aunque el tiempo pasado sea irrisorio, se va volando por el espacio y se diluye en el cielo.

Todo gana cuando se ha perdido; todo mejora en cuanto ya no es. Nuestros recuerdos más vivos e indiscutibles son los que de ninguna manera pertenecen al recuerdo. Saber es recordar. Vivir es inventar. Y todo lo que hemos olvidado grita en nuestros sueños pidiendo ayuda. Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

Un fuerte abrazo y mil perdones por un comentario tan extenso.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Perdonado, encantado, ambas cosas.
He pensado constantemente en Borges mientras leía tu post.
Sólo es nuestro lo que perdimos, escribió Borges.
Hoy es la segunda vez que lo nombro. En la calle, con un amigo, lo cual es un despropósito porque no hay nunca tiempo de entrarle a fondo, y ahora, en este post. Escribo para ser leído, pero escribo para provocar que alguien escribe. Torrencialmente, incluso. Prefiero la torrencialidad, el agotamiento semántico al comentario protocolario, sesgado, corto, cumplidor y basta.
De hecho hay comentarios que justifican lo que escribe uno. Éste, por ejemplo. De verdad que me encanta conocerte (lástima que sea sólo por aquí y no haya otra cosa, un café, una cerveza, algo, un ritmo de palabras hablado)... De verdad...

Rafa dijo...

Crear las calles. Ganarse el cielo. Es tuyo.

Anónimo dijo...

Soy Lisardo, hace que no entro por aquí, pero hoy es buen momento. Me gusta mi ciudad. Da igual cual sea. Se vive en las calles, en los mercados, ahí además andan los recuerdos, y somos gente con recuerdos, nos hacen los recuerdos. Es mi opinión, pero creo que la compartimos por lo que leo. Un buen viernes...