28.3.11

Tres veces Chesterton (con coda dedicada)



Cabalgaré sobre la pesadilla pero llevare las riendas.
G.K.Ch.



Ayer
En La pesadilla, artículo parecido en el Daily News hacia 1.900, Chesterton explica que un cuerdo puede tontear con la locura, pero no es recomendable dejar jugar al loco con la cordura. Defiende la fascinación de cabalgar sobre las pesadillas, divisar en la bruma del sueño escandaloso al monstruo tenaz, saberlo juguete de nuestro desvarío y volver después a lo real, contento de fantasía, extasiado por la visión del mal, aunque aliviado al descubrir su carácter falso, fingido, montado en un escenario que no existe. Nightmare, pesadilla en inglés, obedece desde la propia entidad lingüística a ese carácter poético de lo vivido en los sueños. Nightmare, formada por dos vocablos: night, noche, y mare, yegua. El cuerdo puede vivir el delirio del sueño, pero el loco no puede soportar la realidad. Lo real desquicia. Podemos ver bestias extraídas del mismo infierno a nuestra vera, en la ficción consentida, en la literatura, en la religión, en el tapiz del cine, pero nuestro espíritu no es capaz de enfrentarse a un perro al incidente de un perro atropellado por un coche delante nuestra. Puede ese espíritu, vuelvo a Chesterton, contemplar el horror siempre que no sucumba a la fascinación de adolarlo. Los débiles (sostiene) son los que veneran a dioses temibles y desconcertantes. 

Hoy
Los dioses que se veneran hoy son franquicias. El terror de hoy en día es frívolo. Lo anticipaba Chesterton a principios del siglo XX. En la frivolidad, el terror es un elemento de la tragedia, un ingrediente que acelera o retrasa la trama, que la afecta y la concluye o la deforma, pero no es el músculo que la hace vivir. El dios al que hoy se hace reverencia es un dios inalámbrico, uno inofensivo, carente de los atributos de las deidades de antaño, incapaz de cumplir las expectativas metafísicas del usuario. El cielo bendito con el que se pactaba el trato de la fe es ahora un Iphone. En lo tecnológico, en ese seguro territorio de nanoverdades, se edifica la moral de la plebe. Al poeta se le ilumina el numen con hipervínculos. El dios al que se rinden tributos está en dentro del algoritmo del google. Si Chesterton levantara la cabeza, apesadumbrado, reaccionaría con estupor. Tendría miedo, no sé si terror puro. Y sería un pánico atroz, sí, pero sutilísimo porque la naturaleza de estos demonios es enteramente fantasmal. No son gárgolas ni son pavorosas criaturas descritas por un Lovecraft comido de opio: son códigos binarios, son espacios virtuales, es second life, es facebook, es twitter, es toda ese reino infinito en donde las pesadillas se solapan, se entrecruzan, se lastiman y se retiran para que entren otras a beneficio del mercado. Ese es el dios único y plenipotenciario: el Mercado. Pero Chesterton, el tunante, el ladino, creo que ya sabía todo esto.

Mañana
Mañana el caos será patrocinado por una empresa de cosméticos emocionales. Venderán odio y lujuria y paz. El mundo de los sentimientos, el que gobierna la forma en que compramos, en que nos relacionamos con el mercado, habrá sido rediseñado a nivel neuronal. Los libros de autoayuda habrán desaparecido por completo. Lo siento por los nietos de Coelho y Bucay, de verdad. La gente se limitará a someterse a una sesión de optimismo o de genio o de mansedumbre y bastará un pago en un terminal virtual incrustado en su córtex cerebral para que el tránsito de un estado emocional a otro sea satisfactorio. Chesterton, caso de que levante por segunda vez la cabeza, buscaría una taberna del Soho y se metería una pinta de cerveza y luego otra más. Buscaría a su dios en el fondo de su alma y se dejaría mecer por los vapores vivíficos del alcohol. En el sueño, en ese país sin gobierno, buscaría un caballo bien sano. Lo montaría y se alejaría por la bruma. Libre. Buscando monstruos. Sintiendo en el pecho la libertad de poder batallar al mal en su propia casa. Cuerdo en la locura. No al contrario.

 Coda
Ah, y en este post no he citado a Jiménez Losantos. Trabajo me costó, amigo Miguel, pero al final no sucumbí al poder de las tinieblas, al maligno malignísimo...

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6 comentarios:

J. G. dijo...

Así estoy yo, resacoso de opio. Grande Chesterton.

Miguel Cobo dijo...

No hay día que no me sorprendas, amigo Emilio, porque tu post de hoy no responde a los efectos de ninguna pesadilla, sino de un despertar lúcido, iluminado. Te noto además con una efervescencia creativa enfebrecida, casi atormentada (lo que agradecemos los lectores enganchados).¿Sabes?, yo establecería cierto paralelismo con Poe, una especie de "delirium tremens" virtual, siempre con algo quemándote por dentro que es necesario aventar.
En cuanto a la alusión personal, el caso que nos "okupa" no es una cuestión de maldad, de malignidad (connotación diabólica), sino de simple fealdad: fealdad metafísica. Desagradable.


Un abrazo, mon ami. Y no escribas más de 7 posts hoy, que nos agotas.

Ramón Besonías dijo...

Ayer, amigo Emilio, comentábamos entre amigos acerca de la crisis exabruptos al aire. Entonces caí en la cuenta de que en el fondo todos, banqueros, políticos y también ciudadanos, contribuimos en menor o mayor medida al presente. Todos, unos más que otros, buscamos ganar más dinero, habitar un futuro más confortable, todos pagamos el tributo del diablo. Ni siquiera la lucidez nos salva de contribuir a su obra. Beber y reír no son mala terapia (por ese orden).

Buena semana.

Francisco Machuca dijo...

Creo que he leído toda la obra de Chesterton traducida en España.Es uno de mis escritores favoritos.Crítico,lúcido,fantástico.El hombre que fue jueves y que yo leía todos los días de la semana.La editorial Acantilado publicó toda la obra del Padre Brown,relatos en donde se auna lo inverosímil.Fue cristiano,quizá un buen cristiano.Una vez dijo un camarero de Chesterton,cuando acudía al café y se ponía a escribir:"Era un hombre que detenía su escritura y se ponía a reir,como si hubiera encontrado a Dios".Esa risa le delata.Sí,lo encontró y su misma risa nos da la pauta de cómo és;no Chesterton sino Dios.

Un abrazo,amigo.

Olga Bernad dijo...

Cada vez me gusta más venir.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Grande JG.
Resacoso de opio en estos tiempos!
Yo ando resacoso de trabajo. Es otra historia.

Despertar es siempre costoso. Es mejor entrar en el día en este plano. Por lo que pueda venir. Amo a Poe. Amo a Lovecraft Estoy efervescente, es posible. Días en los que no paro de trabajar en la escuela (evaluaciones, stress) y eso se traduce en una imparable actividad bloguera. Cuando soy vago, soy muy vago. Si escribo, escribo. Como un poseso. He tenido épocas peores que ésta. Ésta, Miguel, no obstante, es muy buena. Disfruto.
7 son muchos. 2 está bien. 1 debería bastar.

Es que todos somos el mismo ciudadano. El que crea, el que destruye, Ramón. Todos tenemos parecidos vicios, parecidas virtudes, parecidos pecados. Beber, vivir. Un saludo, amigo. Mejor, un abrazo.

Yo también la he leído completa. He releído luego trozos, pedazos que uno ya entiende porque ha mirado el todo. Chesterton es un escritor enorme. Una especie de Dios en su atalaya. Juzga, perdona, acaricia, castiga: su prosa es adictiva. He encontrado pocas escrituras más hermosas. Borges lo amaba. Lo descubrí, allá por 1.985, recuerdo el año perfectamente, por Borges. Bendito argentino en tantas cosas.
Aquí seguimos, amigo...

Qué alegría, Olga, me da leer eso.