3.3.11

Leer perturba

Leer perturba.
La conmoción de la lectura desaloja certidumbres de la conciencia que hemos ido fabricando conforme a la contemplación de la realidad.
Leer es una fascinación, una indagación en los espacios en blanco que exhibe la realidad contemplada.
En este sentido, la literatura es la desapacible constatación de que leer complementa la experiencia de vivir, aunque no es imprescindible y se entienda que la vida prescinde de la palabra escrita.
En todo caso es el lenguaje el que descerraja los usos de la costumbre de los sentidos, que nos permiten la mirada sensible, el espectáculo sonoro y el tacto primordial
La cultura es el mapa de esas investigaciones.
Ser culto significa no perderse.
Si no hay temblor, no hay belleza: la verdad, en el arte, se reduce a una ficción más. Lo que le interesa al autor es inducirnos el asombro, ese prodigio en el que se matrimonia el deslumbramiento de lo bello y la satisfacción de lo entendido.
La relevancia del hecho artístico es menos importante que el júbilo íntimo de abrir un libro y sentirnos plenos y únicos.
El lector, siempre, cuando de verdad lee y abandona la realidad para ingresar en el relato, es un ser abducido al que no se le debería molestar bajo casi ninguna circunstancia.
Caso de que un lector no sienta vértigo en el hecho mismo de leer, puede retirarse de ese simulacro social en que hemos convertido la literatura.
La religión ocupa el lugar de la literatura en quien no lee.
Algún lector de afecto por lo religioso, maduro y cómplice, habrá advertido que la literatura, en el fondo, arrebata el alma como lo hace la fe y trasciende la realidad y la sublima como lo hace la fe. 
En el extremo, escribir es emular a Dios.

1 comentario:

Pedrodel dijo...

Decía Fernando de los Ríos en su obra "Escritos de la guerra civil y del exilio" que "entusiasmarse" significa "endiosarse", sentirse lleno de Dios, considerarse como asistido por la divinidad...
Me entusiasma la lectura, en casa nos entusiasma a los tres, tenemos una buena colección de libros, casi todos ya disfrutados. La inmensa mayoría también podría ser leída por cualquier agnóstico o ateo.
Vale, acepto que la religión pueda ocupar el lugar de la literatura en quien no lee. Pero ambas cohabitan fácil y habitualmente.
Ya sabes que coincido contigo, amigo Emilio, en que la lectura y escribir me entusiasman, me endiosan.