10.3.11

Barracuda show





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En este disco duro marca Seagate, modelo Barracuda, de un terabyte de capacidad, montado y atornillado en Tailandia, embutido en un chasis de rígido aluminio negro marca Woxter, comprado en una de esas superficies que se encienden de fanáticos los sábados por la tarde, caben todos los caballos de John Ford. Nada hay más cinematográfico que un caballo galopando en Monument Valley, en blanco y negro, fundido con una música épica, avanzando sin síntomas de cansancio, perdiéndose en la distancia, que es el lugar natural donde se pierden todos los hermosos caballos del mundo. En esto pensé cuando lo miré, despejado de cables, expuesto al ojo cómplice, en la mesa quirúrgica.
2
En este disco duro marca Seagate, Barracuda, Woxter, un terabyte, tailandés, rígido en aluminio negro, caben todos los travellings de Coppola,  los mafiosos de Chandler, las ubres ubérrimas de Meyer, el doctor Manhattan en el borde de todas las galaxias, la Ealing y la Hammer, la HBO, las andanzas de Huckelberry Finn, el vampiro de Düsseldorf, el planeta de los simios, Ripley en el Nostromo, McClane en el Nakatomi, el maquinista de la general, los muertos de Huston, McFly en el Delorean, el conflicto de los hermanos Marx, los chicos del coro, Charlie abriendo una tableta dorada de chocolate, un par de helicópteros arrojando napalm en cinemascope, el Nota en una bolera, el skyline de Manhattan, Baby Jane, Eddie Felson viendo sudar a Minnesota Fats, Rick Deckart bajo la lluvia infinita, Harry Lime en su propio entierro, Kurtz en el corazón de las tinieblas, Jack Torrance hocicando con una hacha, Antoine Doinel en un patio de escuela, Frank Booth inhalando mala leche, Norman Bates blandiendo las notas de Herrmann, Sam Spade investigando la naturaleza de los sueños, Mrs. Danvers descorriendo unas cortinas, Tony Montana diciendo fuck you, Travis Bickle mirándose en un espejo, Rufus Firefly enarcando muchísimo las cejas, Harry Powell con la palabra amor tatuada en sus dedos, Cody Jarrett en la cima del mundo, Sean Thornton con una gabardina gris en una Irlanda mítica, C.C. Baxter entrando y saliendo de los ascensores, Rick diciéndole a Sam que la toque una vez más, Norma Desmond fumando, William Munny a caballo, Dorothy volando en una habitación, Atticus Finch hablando sobre la dignidad, Vincent Vega en un jukebox. Uno más: Jacques Perrin, repasando los besos cortados por el cura, al final de Cinema Paradiso.
3
En un disco barracuda, abierto, presentado sin pudor, cabe esa felicidad extrema.

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12 comentarios:

Anónimo dijo...

Cine. Qué sencillo y perfecto.


Alan Gómez

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo que describa puede ser perfecto. El cine es un Arte Sublime. Todo con mayùscula, Alan, pero sencillo... No sé qué buen cine es sencillo. Un saludo.

Miguel Cobo dijo...

Hazle un hueco a Jacques Perrin, repasando los besos cortados por el cura, al final de Cinema Paradiso.¿Puedo llorar?

Miguel Cobo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lopera dijo...

Le tengo poca afición a los discos duros, aunque sé lo buenos que son para las cosas que escribes, pero tengo un excelente disco duro en mi cabeza. Ahi guardo con celo los tesoros que he ido recogiendo durante mis "travesías" cinematográficas. He echado lógicamente algunas piezas en falta, pero la selcción es magistral. Me gusta sobre todo el Travis Bickle de Robert de Niro y Atticus Finch, con un Gregory Peck que está imperecedrero en mi memoria.
Ç¿Has pensado en Scarlet O'Hara jurando no volvera pasar hambre? La tuviste en tu blog en la cabecera durante muuucho tiempo.

Lopera dijo...

Le tengo poca afición a los discos duros, aunque sé lo buenos que son para las cosas que escribes, pero tengo un excelente disco duro en mi cabeza. Ahi guardo con celo los tesoros que he ido recogiendo durante mis "travesías" cinematográficas. He echado lógicamente algunas piezas en falta, pero la selcción es magistral. Me gusta sobre todo el Travis Bickle de Robert de Niro y Atticus Finch, con un Gregory Peck que está imperecedrero en mi memoria.
Ç¿Has pensado en Scarlet O'Hara jurando no volvera pasar hambre? La tuviste en tu blog en la cabecera durante muuucho tiempo.

Juanma dijo...

Qué buenos ratos de esparcimiento he tenido con tu disco duro... ¡Cuídalo, que le tengo aprecio!

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Ese es el mejr de los discos duros, el interno, el que se reposa con los años, y gana. La memoria es un bicho cabrón, Lopera. Lo he pensado en muchas ocasiones y sigo haciéndolo. Lo mimamos, lo mimamos tanto çue a veces lo transfrmamos y hacems de la memoria nuestr libro particular, el viciado, el nuestro, el mentido, a veces.
Se me pasó Scarlett. Gracias.

Eres mi amigo y mi webmaster particular. Eso no lo puede decir cualquiera, Juanma.

jorge dijo...

¿seguro que no hay nada de Peckinpah en ese barracuda?

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La violencia canónica de Peckinpah no está reseñada, es cierto, pero hay alojamiento dentro del barracuda.
Un poeta.

fernando valls dijo...

Son almas portátiles, los discos duros.

X dijo...

Pensaba que habías ilustrado el post con una radiografía cardiovascular. A estas alturas nuestros corazones, creo, tienen desarrollado un nuevo ventrículo que, con todo lo que guarda en su interior, ayuda al latir de nuestro órgano vital.

Un saludo.