7.2.11

Still got the blues



Gary Moore está todavía en el pub Tempo, en Priego de Córdoba, en 1.990. Confieso que escuché Still got the blues como si no hubiese otro disco en el mundo. Como si no existiese Eric Clapton ni Muddy Waters ni Robert Johnson ni John Lee Hooker, prohombres del blues, dioses de un olimpo fijado en un cruce de caminos, aliñado de bourbon y de mujeres fatales, de tristeza casi infinita y de un dolor inagotable dentro del alma. En los días en que Still got the blues cayó en mis manos fui un adicto, un hombre deslumbrado: fui el fan número uno de este guitarrista feo de cara, orondo, miembro de una banda que no conocía (Thin Lizzy) y que todavía hoy sigo sin conocer del todo. Still got the blues fue un disco que anuló de golpe cien discos anteriores de blues. Hay discos que hacen eso: eliminar en plan brutal la competencia, engolosinar al que los escucha, convetirlo en una especie de zombi melómano. De ese estado de catarsis sale uno siempre bien. Sale reforzado. El peligro de estas adicciones es el hartazgo, el involuntario olvido.


Gary Moore es también una carretera entre pinares en Cádiz. Atrás, Conil de la Frontera; delante, Caños de Meca. Era agosto e íbamos de ninguna parte a ninguna parte, aunque el mapa tuviese nombres y fuesen reconocibles. Los mejores viajes consisten en eso precisamente; en no tener una ruta, en no tener un plan, en no esperar nada. El viaje más hermoso se improvisa: aquél tenía como banda sonora el disco de Gary Moore. Y anoche, al saber por el blog de un amigo, la muerte del músico en un hotel de Estepona volvió el pinar y mi mujer y Antonia y Mercedes tarareando canciones en el Golf que ya no está. He pensado en Antonio Linares, capitán Spaulding, para los amigos, que ya no está tan a mano y echo de menos; he pensado (fieramente casi) en la plenitud de la memoria y en lo bueno que da la música a quienes la amamos. Descanse el bluesman en paz. No sé si con alma o sin ella. Los cruces de caminos cobran siempre sus peajes.

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4 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

No, esta vez no es un "indicio de vida exterior", sino todo lo contrario. Porque sale de muy adentro el sentimiento "bluesero" (si se nos permite la expresión), con ese dulce frío de las madrugadas del verano, cuando los viajes iniciáticos a ninguna parte (daba igual a donde) nos ofrecían vitales encrucijadas, ¡qué más da que pagáramos peaje!

No esperaba menos de ti, amigo Emilio.

http://riografia.blogspot.com/2009/06/blues.html

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Sale de mí.
Hay textos más sentidos que otros. Todos, de alguna forma, lo son.
Como la vida misma.
Literatura y vida.
Algo así, Miguel.
Leo tu post.
Un abrazo....

Ramón Besonías dijo...

Moore nunca fue de mi devoción; "jarta mucho", que se dice en mi tierra. El virtuosismo de cuerdas me aturdía. Reconozco que es bueno el muchacho, pero para un ratito.

Sin embargo, cuando el punteo deja paso al deje sentío, entonces el blues aflora y sí que tiene su encanto.

Por lo demás, Moore es parte de mi biografía personal, como otros muchos a los que puse sintonía en algunos momentos.

Buen día, Emilio.

Verges dijo...

Soy más de BB King o de Muddy Waters, prefiero el blues añejo, no estos guitarristas afiliados al blues, pero nacidos en el rock, como Moore; eso no quita que lamente su muerte. Es cierto
que Still got es un disco estupendo, y que amplió campios, hizo que mucha gente ajena al blues viese una puerta abierta. Y entraron, claro. Eso le vale mi admiración y me ha ce sentir su p´érdida.
Un saludo.