14.1.11

Más ratas que libros


Ya debe haber más libros que ratas: lo leí en un artículo de un suplemento dominical. La frase me desagradó, pero no la he olvidado. El libro es un instrumento de belleza y de conocimiento, un prodigio entre los prodigios, aunque se le niega con frecuencia su dimensión exacta, su absoluta condición de objeto mágico, poseedor de atributos divinos y valedor de todos los progresos que ha facturado el hombre para su estancia en la tierra. Aunque hay más libros que ratas y, en consecuencia, más escritores que pulgas. Escribe todo el mundo y todavía hoy en día dura el tópico del poeta intoxicado por los efluvios del verbo rimado. Existe la creencia de que el poeta es un ser ajeno a los avatares del mundo, únicamente iluminado por la enjundia de su oficio. Así que debe haber más poetas que chinches. Nada más inútil que un escritor. Salvo las ratas.
A este blog lo mordisquean cientos de ellas cuando lo cierro. En las horas en que no estoy actualizándolo se confabulan para desconfigurar la plantilla. Anoche pillé a una deshaciendo una entrada a base de pequeñas incisiones. Debía ser una rata de casta superior porque las otras la miraban con recelo, con respeto, esperando que el apetito de su hermana mayor fuese saciado y algo del festín quedara para ellas. No dio tiempo. Abrí las tripas del blog y todas las ratas huyeron. No sé dónde se esconden. Tal vez en el disco duro de mi ordenador. Mi amigo K. leyó que las ratas poseen inteligencia. Que se mancomunan y dirimen qué hacer para perpetrar sus empresas. La mía es evitar que contaminen mis escritos. Lo consigo a duras penas. Ahora mismo noto un ruido en el panel central. Se están envalentonando. Blogs antiguos han sido pasto de su voracidad. Prefieren blogs como el mío: páginas sin vigilancia alguna, desprovistas de la seguridad que otras poseen. Ahí se recrean. Esto es sólo el principio. Bien mirado es mentira que haya más libros que ratas. Se los están comiendo. K. sostiene que así se ilustran. Las hay que componen sonetos. Los declaman en reuniones secretas. Por timidez todavía. Ratas enciclópedicas que se jactan se nombrar todos los Nobel de Medicina sin trabucar sílaba alguna. Ratas de un hondo pálpito poético que se turban al adentrarse en un soneto. Ratas, en fin, doctas, pulcras, algunas, dignas de cántico, habiendo otras insidiosas, delincuentes, hechas a malograr el trabajo de uno, a reventarlo, a conducirlo al vértigo mismo del fracaso. Estas palabras son una colaboración mutua.
.

7 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Muy desasosegante (¡demonio de adjetivo!) la presencia prolífica de estos siniestros roedores pululando -y conspirando- por el laberíntico (en el sentido borgiano del término)e intrincado alcantarillado de la red. Ahora entiendo el sordo run-run de mi disco duro, cada vez más espeso. De hecho, anoche perpetré un soneto y al mirarme en tu espejo esta mañana, se me antojó verme kafkianamente reflejado y no como un insecto precisamente (lo hubiera preferido).

Amigo Emilio, magistral como siempre.

¡Ah! Acabo de ver "Las ratas" en mi biblioteca. Buen momento para releer a Delibes.

jorge dijo...

el escritor frustrado (como yo)es bastante más inútil, y el escritor al que nadie lee, pues peor. contra las ratas hay que armarse como contra los zombis, cargarse de sustancias químicas y armas de fuego (que violento suena de un pacifista)

Anónimo dijo...

Ratas; podría escoger otro animal más grato, pero para lo que vale este, vale...
Oigo desde anoche el disco duro ronronear y me da miedo.+
Mejor no haber leido nada.

Rafa

Ramón Besonías dijo...

El libro será en breve objeto de lujo, rara avis. El quiosco desaparecerá, compraremos online cultura enlatada, leeremos en dispositivos digitales, veremos la tele en tresdé, embutidos en gachetogafas. Al paso que vamos, habrá más ratas que celulosa. Ni el papel de inodoro resistirá al progreso tecnológico.

Anónimo dijo...

El intruso clásico de las bibliotecas es la rata, pero esta visión lúdica (desasosegante, sí, como dice Miguel en su comentario) me parece soberbia, una vuelta del tópico. Me gusta esta manera de contar las cosas.
Me hace pensar en Millás y cosas así.

Hilario Velasco

Eloi BLQ dijo...

Intentaré leer este artículo del suplemento dominical, para ver de que lado cojeaba. Pues si se refiere a que hay más libros que ratas en el número de títulos diferentes editados, esto me extraña y, si fuera así, espero que esto no fuera atacado, pues precisamente tenemos la suerte que hay suficientes editoriales con ganas de editar aquello que las grandes nunca nos dejaría leer.

Sin embargo, si se refiere al libro como objeto, pues entonces estoy de acuerdo. Trabajando un día en una casa de ediciones me di cuenta del gran problema que es el descontrol de impresión de libros. La cantidad de volumenes que se quedan en stock, que no se pueden dar (es ilegal), que se tiran. Creando una contaminación y desarreglo en la tala de árboles.

No estoy en contra del libro de papel, lo prefiero al electrónico, soy un romántico, pero hay que vigilar como se hacen las cosas

saludos

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Ratas delincuentes: anoche violentaron un disco duro que tengo con cientos de películas en blanco y negro. Estoy intentado recuperar a James Mason y a Edward G. Robinson. Me están pidiendo ayuda desde el más allá cibernético.
Los libros, en el futuro, coincido con Ramón, as usual, serán objetos vintage, pequeños indicios de lo que hubo... y ya no está. El que no estaré seré yo. O veré algunos brochazos de futuro y me quedaré absorto. Hechizado. Ya ESTOY dentro.