
Al desafecto que nos tiene la fortuna le echamos siempre en cara lo bien que se porta con nosotros la salud o lo mucho que nos quieren los que tenemos cerca. Claro, siempre que la salud y el amor nos miren bien y no nos desatiendan como en ocasiones suelen. Al que no le tocó ayer la Lotería, a quien no tuvo suerte, no se le ve hoy cabizbajo: no exhibe pesadumbre, no revela rabia, ni siquiera manifesta un indicio (aunque pequeñito) de enfado. Tenemos soberbios mecanismos de defensa. Acuden a socorrernos en cuanto la realidad nos cerca y nos hiere. Lo de ayer, eso de que ninguno de nuestros décimos tuviera los números exactos, informa de una manera de vivir y conforme a ella lo hacemos. No duele perder porque no entra en lo razonable ganar. He visto hoy de lo más variopinto acudiendo al recetario de refranes, al romancero y hasta a la conjunción arcana de las estrellas para justificar lo esquiva que fue la suerte con ellos. He entrado una sola vez en esa conversación y he sido todo lo tradicional que he podido (hoy estoy francamente cansado y no tengo gana de cháchara metafísica) para asentir y convenir que en realidad no nos tocó ayer la lotería porque no estaba escrito que así fuese. Luego he pensado en la escritura del azar, en la forma en que se combinan los sintagmas de la fortuna y en la semántica de los astros bailando en el cielo por nosotros. Al final de todo no sobra el concurso de Dios, que entra sus oficios atribuibles está el de gobernar los euros que guardamos en el banco. Ese es el verdadero dios. El banco es el que observa estas frivolidades del alma apetente. No se vengan abajo si tampoco les sonrió la suerte. Queda la Lotería del Niño. Y una salud de hierro o un amor familiar a prueba de números esquivos.
2 Indicios de vida exterior:
Lo que me sorprende siempre de las cosas que nos pasan es que no aprendemos. Perdemos, levantamos cabeza y reincidimos. Caemos, miramos arriba y nos levantamos. Y la lotería es una metáfora de la vida. La parte de la vida que tiene que ver con la suerte. DEberíamos confiar poco en la suerte y lo mismo que el Gobierno se pone cabezón con el tabaco y con los conductores temerarios (son cosas distintas, por supuestísimo) también debería PROHIBIR la lotería. Soy maestro y he sufrido en mis carnes, y enmi cuenta de ahorros, la cuchillada zapateril. Tú también, imagino. Así que no tengo que desoconfiar de la suerte. A ver si me toca la del niño, abro tu blog (que me parece una maravilla, nunca lo he escrito, pero lo leo con mucha frecuencia) y te lo cuento. Ojalá te toque a ti también y escribas obre lo que siente cuandop uno recibe las gracias del a diosa fortuna. Que tengas una feliz navidad con tu gente y disfrutes del año entrante.
No entra en casi ningún cálculo que la gracia de la fortuna sea la que dirija la vida de uno, pero se agradece, en todo caso, se agradece. Por lo demás, Ignacio, salud, trabajo, amor, todo eso va, y ya es mucho en estos tiempos de quebrantos. Deberíamos confiar en la suerte, por qué no. Un abrazo, Feliz navidad.
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