29.12.10

El alma es inmortal

Diálogo sobre un diálogo

A.- Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja… Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.
Z (burlón).- Pero sospecho que al final no se resolvieron.
A (ya en plena mística).- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

-Jorge Luis Borges

6 comentarios:

Joselu dijo...

Es un relato humorístico y lleno de la finura borgiana. Creo que tendré que releer a Borges. Hace ya mucho tiempo que lo tengo abandonado. En cierta manera estoy con Macedonio Fernández y pienso que el trance de la muerte del cuerpo es insignificante. Evidentemente no tengo ninguna certeza y no me suicidaría para comprobarlo, pero la duda razonable o irracional está ahí.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Yo vuelvo a Borges en cuanto puedo. Peregrino. Hago hasta una especie de estación de penitencia que consiste en empezar por el poema del ajedrez, seguir con la historia del minotauro y luego hacer zapping de un cuento a otro. Tengo una etapa borgiana todos los años. Suelo evitar el verano, en donde prefiero algo más ligero. En esta época, en este frío, en la mesa camilla, con una buena lámpara detrás y la parafernalia predecible, leo a Borges orgiásticamente. Buena entrada de año, amigo Joselu.

Ramón Besonías dijo...

La inmortalidad del alma solo es demostrable al modo cuántico. El observador debe participar en el experimento para constatar a través de los hechos que se deriven tras el suicidio o la muerte natural. La ciencia requiere sacrificios, amigo Emilio.

Un saludo renovado cada día desde Extremadura.

zim dijo...

¿Y dónde andan todas esas almas sin cuerpo? Cierto pudor me produce pensar que puedan estarme viendo cuando para mí no están visibles; más aún, que pudieran saber lo que estoy pensando; y pena y preocupación que algunas, queridas, puedan seguir sufriendo a la vista de lo que por aquí cocemos los que tenemos cuerpo.

Me esforzaré, de palabra, obra y pensamiento, por resultarles una buena 'visión', si es que anduvieran por aquí.

Que el 2011 resulte tan propicio para Vd. como para su alma inmortal ... y para todos aquellos de quien ésta esté prendada, claro que sí.

Ana dijo...

A mí Borges me gusta a ratos y en otras me cansa muchísimo porque no llego, porque no le pillo, porque está por encima de mis Cortas Capacidades Mentales, Emilio. Tú eres más listo, tú llegas más llejos. No es coña de fin de año, es que es así, qué le vamos a hacer. A cada uno el destino le pone un límite y el mío está a las puertas de Borges. Yo, en un lado, Borges, enfrente. Qué quieres que te cuente, de todas maneras este cuentecito me ha sido útil y lo he pillado entero. No leyéndolo dos veces, sino una. Verás que estoy hoy un poquito de aquella manera, pero no estoy de broma. Las cosas son como son y yo, Ana, la Ana que entraba antes ucho por aquí y hace ya que no entra, estoy limitadita. Aprendo, eso sí, aprendo por donde pyuedo. Un saludo y feliz lo que sea.

Areli dijo...

Recientemente encontré tu blog y esta sección me encanta, tu selección tan exquisita de "palabras ajenas" me seduce... saludos.