22.11.10

Hendrix, Bickle y un hombre que arde


Uno exhibe sus vicios a la espera de que alguien los comparta. Estamos muy solos y la vida es muy corta. Recuerdo haber colgado en un piso en donde viví solo algunos meses esta fotografía de Taxi Driver. La recorté de una revista de cine y la apuntalé a la pared con cuatro chinchetas. Estaba junto a una cara enorme de Jimi Hendrix y la portada de Wish you were here de Pink Floyd. Ahora que no tengo paredes en donde colgar fotografías (entiéndase: no tengo veinte años y vivo en familia por lo que uno se frena en lo que puede) cuelgo las fotos que me fascinan en este blog. De hecho me encanta ir quitando y poniendo. Las busco con mimo y tardo en eliminarles del editor. En donde escribo hay un par de paredes casi libres en donde he ido colocando iconos, fotografías irrenunciables, cuadros de todas esas cosas sin las que no sabría vivir. Es una forma de hablar, ya me entienden: uno es capaz de vivir sin ver una sola película de Woody Allen (por cierto, La Sexta 2 emite cinco películas del maestro de lunes a viernes a las diez de la noche) o sin escuchar Kind of blue de Miles Davis, pero malviviría, me sentiría un poco perdido, sin nada a lo que agarrarme cuando la realidad te aturde. Lo real, ya se sabe, se obstina en contradecirnos, se empecina en poner obstáculos al logro de nuestra alegría. Por eso necesitamos refugios. Los míos son los de casi todo el mundo. No soy particularmente exigente: digamos que me conformo con mi película de Alfred Hitchcock de vez en cuando, mi libro de Joseph Conrad o mi disco de la primera etapa de Yes. En eso, en esas aspirinas para el desencanto emocional, soy normal hasta el desmayo. No veo cine iraní y jamás he leído a Flaubert en francés. He renunciado a entender el mundo y me doy por satisfecho con irme entendiendo yo mismo y sacar en claro algo para no molestar en exceso a los demás y, si puede ser, procurarles alguna alegría si estoy cerca. Y he visto la fotografía de Travis Bickle y he pensado en todo eso, en los años en los que tenía una pared en donde exhibía mi manera de ver el mundo. Ya saben, Hendrix, Bickle y un hombre que arde.

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2 comentarios:

Alfonso Espejo dijo...

Todos hemos tenido una etapa "Pictórica". A mí me dio por Klee y tuve una habitación vacía, con trastos, maletas. Era un piso de estudiante. Los amigos, al llegar, se paraban y preguntaban sin fallo. Klee se hizo famoso entre nosotros y le tengo cariño, aunque ahora, ya han pasado casi diez añs, no le tengo aprecio ninguno. Me aburre incluso. Y tú pensast een Bickle y yo en Klee. Salud.

Olga Bernad dijo...

Yo lo único que quiero es aprender a conformarme. Soy así de ambiciosa.
Leo tu texto y envidio tus aspirinas para el desencanto emocional. Yo digo que no, pero me duele mucho. Igual debería añadir "todavía", pero creo que seré siempre así.
Una pena.

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