20.11.10

El azar, ah el azar


El azar tiene una serie de leyes internas, un patrón que opera subliminalmente, acoplando mecanismos, creando una arquitectura estable sobre la que la vida serpentea con las estridencias habituales. Creamos el concepto de azar para no enloquecer en demasía. El azar es un refugio. En el azar está el asombro, esa inercia a aceptar la perplejidad del mundo y no presentarle batalla. Al azar le debemos algunos de los momentos más felices que hemos vivido. Le debemos encuentros formidables, paisajes fantásticos, conversaciones perfectas, besos eternos y abrazos limpios. En el azar uno se siente como en casa quizá porque esas leyes, esos patrones invisibles, nos gobiernan a todos y nos igualan. Pocas cosas hay en este mundo que igualen más que el azar. El arte mismo nace del azar y de las infinitas posibilidades que plantea. El escritor vive del azar. El fotógrafo no sabría hacer fotografías sin el mágico concurso del azar. He escrito azar en este texto ya las veces suficientes. Estoy escribiendo esto y no otra cosa por puro azar. Estás leyendo esto y no otra cosa por puro azar. Estás en mi página y no tomando cañas con los amigos en un bar o haciendo cola en un ventanilla de la Seguridad Social por puro azar. Eres lo que eres por el puñetero azar. E incluso la palabra azar, así vista sin hacerla entrar en el vértigo de la experiencia, es hermosa como pocas. Díganla en voz alta unas cuantas veces. Azar. Azar. Azar. No pongan una "n" fortuita en mitad de la dicción. Podrían estropear el hechizo. Ustedes ya me entienden. Me ha dado de pronto por avisarles de esa incorrección fonética.
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3 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

A pesar de ello, Emilio, el ser humano es un animal que rehuye el azar, si acaso lo busca en dosis controlables. El azar es un agujero negro que al mismo tiempo que te alegra el día, te escupe. Somos enemigos del azar, pese a que, como indicas, le debamos sin saberlo la vida, o quizá -seamos más prudentes- algunos instantes en los que fuimos felices.

La cultura occidental reniega del azar, lo ve peligroso. Todo lo que no puede ser testado, comprobado, cuantificble, queda relegado al ámbito de la fe, del salto emocional. Sin embargo, ya hay estudios que corroboran la idea de que podemos tomar decisiones adecuadas guiados no solo por el análisis racional, también por la intuición, el buen pulso, el riesgo imponderable.

Lo cierto es que solo reconocemos la contribución del azar en nuestras vidas cuando se mide ya en pretérito. El azar está condenado siempre a ser una ficción, la estela que deja el rumbo inexorable de nuestros días.

Buen fin de semana, amigo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Somos lo que no controlamos: el hallazgo fortuito es siempre un prodigio. Damos al azar lo que no le damos a Dios los que no creemos. El que cree, el que acepta una providencia, descree de lo azaroso y ve leyes invisibles, cuidadas, que caen del cielo como un discurso ya aceptado por las partes. La vida es un templo, la vida es un altar: no tiene dioses: tiene injerencias extraordinarias, arcanos, tiene la imprevisiblidad como norma. Y yo disfruto con eso. Los días son caóticos por naturaleza. Incluso el orden aprendió del caos. Esto creo que lo escribió Santiago Auserón en la extinta y maravillosa Radio Futura. Un abrazo, amigo.

alex dijo...

El azar, ahora estoy seguro, son las piezas que sobran.