Hay que considerar (primero) la inutilidad absoluta del cine. Posiblemente el cine bueno no exista así que disfruta de los parques, sé feliz oyendo cómo ladran en los patios vecinales todos esos perros que nunca ves, pasea con tus hijos, entra en los grandes almacenes y mira las estanterías, observa la disposición del material expuesto, comete la imprudencia de no comprar nada de lo que ha engolosinado tu ojo. En otro orden de cosas, o es el mismo, tampoco leas. Nada que nadie haya escrito nunca (incluyendo este texto tosco de domingo en anochecida) va a procurarte una felicidad distinta a la que consigues por medios menos comprometidos. Leer compromete, leer salva esas distancias en ocasiones infranqueables entre la realidad y el deseo y entrega al lector mundos que no están en ninguno de los que conoces. Ningún mundo ajeno debe amenazar la integridad de éste. ningún azar rivalizar con el azar diario de sortear la acometida voraz y atropellada de las horas. A la ficción de los libros o a la felicidad ilusoria de la música le encomendamos cometidos de una exigencia absoluta y por eso no hay película perfecta ni libro que nos salve. Lo real es un pulso entre lo cotidiano y lo fantástico. Lo real es un alambique de causas y de azares que hacen que un perro ladre sin que lo veas o que el estómago brame de dolor metafísico cuando lo tratamos con desprecio a base de excesos o cuando no lo atendemos durante días como espera, enfrascados en un buen libro, metidos por completo en la mentira montada por otros para disuadirnos de la empresa de mirar muy de frente la realidad. Eso es lo que pasa y así es como vamos devorando los domingos a veces, trenzando y destrenzando vicios, asaltando ocupaciones que nos llenan y nos vacían, pensando en todos los domingos del infinito pasado del mundo y los domingos de la infancia cuando la familia venía a casa y amenizaba las horas con el café y la cháchara y tú, en otras cosas, en otro mundo, imaginabas el futuro como una suerte de libro infinito con personajes y tramas y azares. Todo eso pensabas: sin saberlo, sin decirlo, todo eso pensabas.
posdata coyuntural:
ando en obras con la página así que espero que disculpen las incomodidades visuales
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posdata coyuntural:
ando en obras con la página así que espero que disculpen las incomodidades visuales
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6 Indicios de vida exterior:
¡Sálvanos, dios mudo, de la con(s)ciencia, enemiga de toda felicidad! Regrésanos al útero obscuro donde no habita tiempo ni error.
A veces pienso también que mejor es vaciarse de deseo, Buda dixit. Pero después pienso -¡maldita sea, otra vez!- y prefiero la felicidad de un momento, ganada a voluntad o espera, que aquella que disfrutan las bestias, incapaces de saber que son felices ni merecerla.
Yo también, Emilio, tengo esos días...
Son buenos; lo son al modo en que uno deja de ser uno mismo y hace la travesía de ser otro, de ir afuera, de verse desde esa lejanía y regresar después al centro exacto y aceptar que se está bien, que se vive a gusto, que se disfruta (como bestia también) de las horas y de sus mundos.
Un abrazo, amigo.
Yo los domingos los empleo siempre en los demás. No son en nada mis días favoritos, y al día siguiente, al curro, así que a mì me parece elo peor día de la semana. Cómo ocuparlos es un asunto difícil de solucionar y el lunes viene empujando y el lunes viene empujando y el lunes viene empujando...
Limerick
El futuro nunca es como uno imagina, Emilio. Las dobleces, ya sabes. El cine ayuda a interpretar las sombras. Haces pocos días pisé la Fnac durante exactamente cuatro minutos. Fue suficiente para darme cuenta de que el cielo existe y tiene alfombras.
Yo he pisado gloriosamente la Fnac una vez; fue cuando fui a Madrid y oh azar oh gran azar tuve que ser ingresado y blablablá que tú bien recuerdas. Cuando me recompuse, salí del hotel y anduve solo por la Gran Vía, que me pareció la avenidad más hermosa del mundo, y me colé en la Fnac de Callao. Ay qué placer. Fui el hombre completo durante una hora, quizá algo más, que estuve allí, con mis cascos puestos, oyendo The Clash, sí, era ellos, me acuerdo, mientras golosineaba estanterías, sin necesidad de otra presencia que la mía propia, el convaleciente de oro, el hombre perfecto durante una hora. Fnac, sí, creo que te entendí, amigo.
Ah Limerick, el lunes viene siempre empujando. Incluso cuando no empuja, empuja. Ya ves. Una teoría compartida.
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