20.10.10

El perímetro

Moseid, Lying figure


Vivir uno en sus cosas y apenas prestar atención a las ajenas tiene su punto de vértigo. Puede llegar el momento en que te apetezca quedarte dentro para siempre o te de el punto, salgas, y entonces ya no desees regresar al interior.
Lo ideal, dice mi amigo K., es hacer funambulismo entre la realidad y tu cerebro. Si te das un atracón de una, te revuelcas en la otra. O viceversa. Él dice que necesita mucha calle para regresar luego a casa y sentirse a gusto en ese vaciadero doméstico, en ese refugio aceptado. Es el perímetro invisible. Cada uno establece el suyo. Eso de las líneas crea compartimentos más o menos estancos, reductos, búnkers de lo mundano, pequeños o grandes refugios en los que dejarse vivir. Contrariamente a lo que este pensamiento pueda parecer, hay júbilo dentro y es razonable que lo haya afuera. Los días se presentan antojadizos. Los hay grises, reventones de fatalismo, y los hay exultantes como una resaca de besos.
El perímetro, me ha confesado K., se puede desmontar. Lo malo es que luego, cuando la realidad te atropella en exceso, no sepas montarlo como estaba y dejes ranuras, lugares por donde el frío y los relojes te van anestesiando el alma. Accesos fáciles para que los demás te manejen, urdan tu sencilla rendición y no seas, a pesar del esfuerzo, tú mismo. Ser uno mismo cuesta a veces mucho. Se puede vivir una vida entera y ser otro o ser muchos, pero jamás (en ningún caso) uno mismo. Y a lo mejor es lo que hay que hacer: ser los otros, ser los demás, ser atropellada y entusiásticamente todos los que nos circundan, un poco de unos y de otros, hasta conformar un ser presentable, en parte individual, pero disperso y diverso en los adentros. Sin interior. Sólo perímetro.

.

4 Indicios de vida exterior:

Ramón Besonías dijo...

Me has recordado al personaje de Woody Allen, Zelig, el hombre camaleón, metamorfoseándose en todo aquel a quien se acercaba. En realidad no es que no tuviera personalidad, es que ésta estaba configurada (cual Frankenstein) a partir de rasgos ajenos. Zelig era el prototipo de ciudadano contemporáneo, sin identidad propia, fabricado de retales sacados de la publicidad televisiva y demás mitologías mediáticas.

Ya, ya sé que tu perímetro va por otros circuitos.

P.D.: Sigo en mi nuevo microblog dejando recuerdos. A ver si me dejas uno que te venga (del perímetro, el núcleo o la periferia, tú eliges).

Buenas noches, Emilio.

Olga Bernad dijo...

Estoy de acuerdo con tu amigo K., "hacer funambulismo entre la realidad y el cerebro" no sólo me parece lo ideal sino, tal vez, lo único que podemos hacer. Tiene muchos riesgos, como tú dices, pero así son las cosas. Yo he visto maestros del tránsito y gente atrapada de un lado y del otro. Y a veces uno no sabe bien de qué lado está.
Buenas idas y vueltas.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Zelig. Curioso: llevo días pensando en Zelig, en lo que es, en lo que representa, no en la estupenda película de Allen. Y ahora esto... En fin...
El microblog no está teniendo todas mis atenciones, pero tengo que centrarme un poco y ponerme al tajo. La idea, ya te dije, me encanta.

K. es que es mucho K., Olga. Estamos de muchos lados y casi pienso que es bueno eso, estar afuera, no quedarse en uno, en el yo corto siempre, en el yo escaso. Gracias, un beso.