14.10.10

El dolor es un blues



Algún tiempo después el texto continúa siendo válido
: No estamos hechos de otra cosa que de dolor: el dolor mueve las palabras, ensucia el pensamiento, atrinchera su garfio cabrón en las dulces estancias del sueño y te levantas con el pecho abierto, encallecida el alma, notando el peso inconmovible de la sangre rota; el dolor acompaña las fiestas de cumpleaños, escolta la juventud al tedio, se manifiesta en la música y troca el arpegio más emotivo en ruda música de fondo; el dolor cubre los cuerpos de los amantes mientras se entregan a la celebración horizontal de la carne; el dolor empuja el feto a la luz; el dolor mueve el corazón y también las estrellas; el dolor es el itinerario exacto de las horas; el dolor discute con el tiempo la autoría de nuestros quebrantos; el dolor zanja a cuchilladas las pasiones; el dolor se anuncia en el neón fugaz de las once de la noche; el dolor acude sin que se le llame; el dolor azuza la tristeza; el dolor corrompe las metáforas; el dolor amarillea los recuerdos; el dolor percute la noche como un taladro melancólico; el dolor mancha el traje del domingo; el dolor asfixia la luz en los rincones; el dolor es un blues. Como escribía aquí un amigo "el dolor mueve más hilos que el amor, y eso sí que duele". Eso es: la letra de un blues. Voy a llamar a Robert Johnson antes de que algún marido afrentado lo defenestre. Voy a contar hasta tres y esperar al dolor con respeto; vendrá fiero, vendrá firme, vendrá ciego: será el dolor telúrico, el dolor místico, el dolor cósmico, el dolor esdrújulo que la vida exhibe en su travesía de tiempo. Pero no es un dolor que amengüe ni es un dolor que frene: es el dolor del parto y el dolor del muerto, el que se atrinchera en la carne y vuela el pensamiento; es el gran dolor sin protocolo que estimula al que crea. No hay gozo sin dolor: lo ponían todos los azulejitos de souvenirs en las calles de Santiago de Compostela, lo cuenta el trovador en su letanía de pueblos, lo sabe el poeta cuando da con el verso exacto al que acecha desde años y nunca se muestra puro. Es el dolor de la carne cuando nace y el dolor con el que crece y hasta el dolor con que se vence. Y no es un dolor triste ni éste es un texto que duela: se trata de contar de qué está hecho el mundo y entender entonces la razón por la que besamos la alegría y nos entregamos con ardor al júbilo sencillo de irnos queriendo los unos a los otros, sin aristas, sin cordajes, sin brida ni retorcimiento. Querernos para sobrellevar el dolor, que es miedo y es tiempo. Irnos (ya lo he escrito) queriendo mansamente para estar fuertes para cuando el dolor acuda. No estamos en otro oficio que éste: el de distraer las horas para evitar el duelo. Y van los años cerrando su viejo trabajo de rueda, y van las palabras semillando el tiempo venidero con besos limpios, con abrazos tiernos, con todo lo que no huela a dolor y con cuanto no traiga miedo. Porque estamos hechos de amor y es el amor el que todo lo despeja. Ya ven, un blues de jueves, nada, un arrebato de verbos.

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9 comentarios:

Isabel Cámara dijo...

Duele, joder, duele espléndido, duele como poco que yo haya leido duela.
Escribes como los ángeles.

Isabel dijo...

Permíteme, siendo la primera vez que entro, que recomiende este texto a todos mis alumnos para que aprendan a usar la repetición sin causar cansancio y expriman un concepto hasta dejarlo en los huesos. Entenderán y disfrutarán. Y espero a tu consentimiento (deja que te tutee) para llevar a la práctica ese ejercicio de clase. Perdona el atrevimiento.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Un Ancho Gracias, Isabel. Procede como dices. No dejes de contarme quiénes son tus alumnos, qué cursan, dónde. Me gustaría saberlo...

zim dijo...

Sin dolor no hay crecimiento ni madurez; sin sentir su presencia no se aprecia del mismo modo después su ausencia; sin dolor el mundo no giraría, porque todo lo hace a su alrededor. Cuanto hacemos tiene que ver con el dolor: para eludirlo, para mitigarlo, para olvidarlo, para restañar las heridas que causa, para evitárselo a otro, para rehuirlo, para aprender de él, para esperarlo, para verlo venir hacia otro y dejar que cumpla su necesaria función, y luego consolarlo, para regodearse en él, para verle la espalda cuando ya ha pasado ... El dolor nos da oportunidad de sacar lo mejor de nosotros mismos, aunque también lo peor. Para lidiar con él, hay que ser junco, nunca rama seca.

Pero para explicarlo, como Vd. lo explica, hay que tener la lucidez de un ensayista, y la sensibilidad y el genio de un poeta. Da gusto pasarse por aquí un rato.

Ramón Besonías dijo...

Es curioso, esta semana, Emilio (and friends), ando escuchando a una dama del blues, añeja, esculpida, que hacía tiempo que no escuchaba: Carrie Smith y su disco "Confessin' the blues". No es doloroso ni amargo. Es blues para después de la tormenta. Pura celebración.

Por lo demás, of course. Blues y dolor hacen duo, como en el flamenco. "Blues" viene a ser un "quejío", la digestión que nos hace aguantar y escupir los excedentes de mala leche, indignación, pena, agravios, desesperación, penuria, hambre y mil patadas más que la vida nos regala sin posibilidad de más devolución que el quejío, sólo eso, quejío. La dignidad del pobre, ya sabes, es la palabra, la voz...

Buen día.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Estará para que su anverso exista, Zim. En lo demás, agradecimientos, qué más decir.

El blues, Ramón, es un dolor siempre, y cuando no lo es, lo esconde, pero está debajo, empujando la alegría hacia arriba.

Lina Pardo dijo...

Qué dolor más hermoso.

alex dijo...

Joder si duele el blues. Y el jazz también, a veces. Duele más cuando las cosas te van mal y te sincronizas con lo que escuchas. Entonces piensas que el tipo que toca sabe lo que estás pasando. Y duele y duele. Todo dura, por suerte, entre cinco y diez minutos. Luego está la realidad, aquella que podemos modear aunque no seamos conscientes más que por un segundo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Sí, y no claro está el mío, hay dolores hermosos. Depende de qué salga de ellos. Hay partos hermosos. Y la vida, en sí, es también dolor. Y es hermosa, Lina, muy hermosa. Un saludo. Vuelva.

Duele el blues cuando te van mal las cosas, pero duele incluso yéndote bien. He oído blues lastimosos que me han devuelto a la rutina del dolor, a la pobreza de espíritu. Eso tienen. El jazz, en menor medida. Pero lo del blues era una excusa, aunque sólida. Es el dolor, en abstracto, puro, efervescente, dinámico, sólido, firme, ingente.