21.10.10

El ángel exterminador: Un "Lost" ateo



El azar no obsequió a Buñuel con la fe: tampoco convino. Esa suerte de intolerancia en materia teológica conformó una obra única que vino a representar, en parte, el convulso panorama político e ideológico de la España de la que Don Luis fue forzado a huir. Todo ese agitado ideario de apostasía militante y anarquía estética tienen están formidablemente escritas en El ángel exterminador, que vale tanto como vehículo estrictamente cinematográfico que como perfil de una personalidad compleja tallada en la adversidad y en cierta escuela de libre pensamiento y casi irrepetible talento ( Lorca, Dalí, Alberti ).
La habilidad enorme de Buñuel ( y el riesgo infinito que contrae ) es hacer verosímil una situación enteramente absurda, rayana en la sinrazón: un nutrido grupo de comensales, invitados por los burgueses Nóbile no pueden ( de forma literal ) salir de una habitación por más que ninguna evidencia física les impida un acto tan elemental y simple. El curso natural de esos días de encierro les reviste de un salvaje instinto de supervivencia que choca frontalmente con el protocolo y las educadas y civilizadas maneras que exhibían antes del desastramiento de la situación.

"Durante el rodaje de «Viridiana» me encontré con el escritor José Bergamín, quien me dijo que se proponía escribir una obra de teatro con el título de «El ángel exterminador».Yo le dije que era un título magnífico y que si iba por la calle y lo veía anunciado, entraría a ver el espectáculo. Como Bergamín jamás escribió la obra, le escribí pidiéndole los derechos del título. Me respondió que no necesitaba pedírselos, pueto que esas palabras aparecían en el Apocalipsis." Así explicaba Buñuel el origen del título.
El ángel exterminador es la crónica de una naufragio. De hecho la obra en la que libremente se basa se llamaba " Los naúfragos de la calle Providencia", nunca escrita, pero prefigurada en la mente de Buñuel y de Luis Alcoriza, su mano derecha en toda la experiencia mejicana. Y debemos entender la película como un naufragio y cómo los supervivientes deben aprender a comunicarse para lograr salir del encierro y abandonar la isla / la habitación. Hubiese sido mejor hacer la historia en Inglaterra (contaba Buñuel) por cuanto la sociedad allí es extremadamente educada, en un sentido aristocrático del término, y toda esa educación y refinamiento convenía muchísimo a la trama del film, que venía a ser la simple idea de que, en condiciones adecuadas, el ser humano es capaz de lo más perverso, aunque se le atribuyan ( por naturaleza, por cultura ) las cosas más sublimes. Nada nuevo.
El ángel exterminador es un retrato de la decadencia humana, pero tamizada por evidencias surrealistas. Quizá el pánico, el temor a la muerte o la soledad sean residuos de una forma surrealista de entender la realidad. Hay filósofos cuya absoluta escritura gira en torno a la idea de lo absurdo que es la muerte: la vida es una inercia, vivir es un continuo, y no un continuo que puede ser ( ilógicamente ) fragmentado, mutilado. Los invitados son seres deplorables, superiores en un sentido casi nazi del término: todo el esfuerzo de Buñuel escudriña hasta lo imposible el aborregamiento de una aristocracia culta, embebecida y altanera, que desprecia toda forma ajena a su beneficio, a su estricto protocolo.
Puede parecer una tomadura de pelo a quien asista a la película con un exceso de espíritu crítico ( o cinéfilo ). Hay que querer ir más allá y entender que Buñuel hizo una bufonada, una astracanada, un descenso al bochorno de que el mundo tenga gentuza encopetada que mira de refilón a los demás por el mero hecho de se distintos.
Este siglo XXI recién alumbrado ya ha pergeñado el término "otredad", que es un palabro, un recurso semántico horroroso para designar la evidencia del otro, su injerencia en nuestro mundo, que puede ( al cabo ) ser también el suyo. Película indispensable para hacer después mesa-camilla de sano diálogo: da igual que nos haya gustado mucho, poco o que consideremos que es un verdadero coñazo insoportable. Todo se acepta. Igual tiene un poco de todo eso y aglutina cine de altura y aburrimiento inconmensurable. A mí me ha llenado de gozo la revisión ( muchos antes después ) de una película que vi en tiempos de universidad, con la cabeza comida por fiebres gongorinas y un exaltado sentido de la injusticia del mundo. Ahora son otros tiempos o son siempre los mismos y se travisten para confundir nuestro aturdimiento generacional. Me sigue pareciendo cine maravilloso.

8 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

En El ángel exterminador se podría decir que es una broma que finalmente se convierte en una parábola de la condición humana. Aquí la mirada de Buñuel se hace prístina: ¿qué diferencia hay entre vivir en un universo que para nosotros es infinito-aunque a algunos digan que puede ser finito-y un universo tan cerrado como el que nos presenta en El ángel exterminador? La humanidad vive en un universo cerrado, pero cerrado por sus prejuicios, sus ideas, sus reglas. Este universo está cerrado por las leyes de la sociedad que el hombre acepta sin ponerlas en entredicho. La leyes de la sociedad pretenden ser tan providenciales como las del Dios único creador y organizador del mundo, y hechas a su imagen y semejanza. Recuérdese que el título inicial de la película era "Los náufragos de la calle Providencia". ¿Y qué nos cuenta a través de estos náufragos? En una hora y veinte minutos, Buñuel presenta las formas más diversas de la alienación del hombre y de su degradación. Pero sin excesiva dramatización o ninguna. Como lo hace Sade en Las ciento veinte jornadas de Sodoma, obra que Buñuel tomó como referencia. Si los personajes no salen de la habitación sin puertas no es por broma, es porque no quieren salir, es porque actúan como lo hacen en la realidad cotidiana, están impregnados de una obediencia ciega a las reglas de la sociedad. Buñuel está en contra de una moral de la aceptación o de la resignación. Y en este magnífico filme, mejor que en casi todos los demás, expone ese tema que embarga toda su obra: su ataque al conformismo ideológico, moral, social, religioso, artístico, cultural, científico, etc. Pues para él, el conformismo provoca la dependencia, la alienación, la aceptación, y hace que el ser humano sea incapaz de reconocer su verdadera condición, al encerrarse en las reglas de la sociedad, siempre contraria a las de la naturaleza. Los personajes de El ángel exterminador repiten como ante un espejo los mismos gestos y claudicaciones de una humanidad socializada, que ha abandonado sus raíces naturales. Buñuel perteneció a una generación prodigiosa, nacida con el siglo XX. Supo incorporarse al grupo surrealista en el momento en que tenía cosas que hacer y las hicieron. Ahora, ciertamente, tenemos menos talento y además, ¿qué podemos hacer? Los verdaderamente grandes se diferencian del resto no en su manera de filmar sino en su forma de mirar. Los grandes, sencillamente, ven más. Una vez dijo Fernando Rey: "Buñuel no era un hombre que tuviera discípulos. No se le podía imitar, sólo respetar."

Disculpe la extensión,es que esta película me gusta muchísimo y su post lo ha suscitado.

Un cordial saludo.

Francisco Machuca dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Francisco Machuca dijo...
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Joselu dijo...

Leí una vez en una fuente digna de solvencia que a Buñuel -ateo, debelador de oscurantismos religiosos, sulfúrico con las imágenes religiosas- le gustaba conversar mucho con algún sacerdote que visitaba su casa y que le era íntimo. Y puede ser cierto que un ateo convencido goce de la conversación con quien representa lo contrario de su visión. No era un matacuras. La vida fue depurando su inicial tosquedad que conozco bien por compartir con él el origen aragonés.

En cuanto a El ángel exterminador, he de decir que no me gusta el surrealismo en el cine, aunque aprecie y mucho El perro andaluz y La edad de oro, pero ya filmes más largos en que los personajese se comportan absurdamente, no me llega a interesar, a pesar de que todo sea una metáfora o una astracanada que revela una profunda realidad. Intenté ver El ángel exterminador y me aburrió. No me gusta el humor absurdo, o me gusta el que me gusta, y en este caso el de Buñuel no pasa por mis afinidades electivas.

Un saludo.

Ramón Besonías dijo...

Tiene Buñuel algo que a ti, amigo Emilio, también te atraviesa: la indigesta letanía de deshacerse de la fe. Buñuel no hubiera tenido tanta mala leche ni sus temas quizá hubieran sido tan desmitificadores si en su niñez no hubiera tenido una educación religiosa. Sin esa infancia hoy tendríamos un genio más espiritual, menos pagano, menos necesitado de huir y rehacer. En cualquier caso, ¡bendito infortunio!

elprimerhombre dijo...

A mí me encanta este clásico y Buñuel tiene películas muy interesantes, como El discreto encanto de la burguesía, muy sorprendente.

Un saludo!

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Broma muy fina, Francisco. Broma sobre las cosas más serias, que se cuentan mejor en tono de burla, en la chanza metafísica casi que Buñuel plantea y que, es cierto, hacen pensar en sociedades como la pintada por Sade, con su cosa dictatorial, con su parte de tiranía absoluta.Buñuel era cineasta pero el cine era un vehículo simplemente. Era uno de esos raros genios que tienen que encontrar una salida a sus pulsiones...
La extensión es magnífica, gozosa.



El surrealismo, el mejor surrealismo, es más verbal, más de agitar ese limbo de lo racional en el que uno no siente firmes los pies en el suelo ni hay palabras que sustente con coherencia lo que va llegando, lo que se presenta en vértigo puro, en fiebre. Me gusta el surrealismo a trozos, sin atragantamientos. Una película, es cierto, puede aturdir. Mejor el surrealismo leído, sentido, aplicado a vece en el día a día. He visto la politica como surrealismo estos días...Gracias Joselu

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Buñuel y yo. Qué buen título para un post. Llevas algo de razón en eso de que los extremos ciegan el talento creativo, lo encierran también, lo dejan sin armas con las que explicarse. Buñuel, menos fanático, que no lo era tanto, en el fondo, hubiese llegado igual, e incluso a más gente. Da igual, es lo mismo, no nos importa a quienes disfrutamos de sus arrebatos teológicos, Ramón.

Tiene clásicos a porrillo, Primerhombre. Prueba a ver una mejicana impresionante: Él.