29.9.10

¿Quién coño es Kafka?




El mundo era mío en mil novecientos ochenta y dos. Yo era un voyeur novicio despeñado en el escote de Kim Novak, un aburrido maquinista de una vida sin riesgo. Kafka todavía no es nadie en mil novecientos ochenta. Bajo un sol sin Kafka, la vida custodia desvaríos y almanaques y nos dirigimos hacia la semilla infinita del tiempo sin instrucciones precisas. Soy un niño supersticioso que describe milagros y toma rehenes estériles en las novelas de Julio Verne. Soy en mil novecientos ochenta y dos la fiebre y soy el vértigo y no confío en el futuro. Impúdico y hermoso, en un jardín británico, echo de menos el escote de Kim Novak, echo de menos las novelas de Clark Carrados y echo de menos el paseo marítimo de Fuengirola a la caída de la noche, cuando los turistas se abalconan en los chiringuitos y huele a coppertone en las aceras. Y ahora escribo sin inocencia, enfermo, huído, en una fuga sin aviso que no se aleja jamás . Yo era el dueño del mundo en mil novecientos ochenta y dos. Está Kafka aquí a mi vera, sobreleyendo lo que escribo. Está el jodío Kafka tutelando mi viaje, gobernando mis vicios, contándome el final de la historia sin habérsela pedido. Es Kafka. Ya lo decía Agustín González en Las bicicletas son para el verano: ¿Quién coño es Kafka?. Yo se lo digo: Kafka es el tío que me acompaña algunas mañanas cuando voy al trabajo, el que me susurra en las barrras de los bares lo gris que es el mundo y lo poco que podemos hacer para desgrisarlo, el que me enseña que el peso del mundo no es amor, pese a lo cantaba el bueno de Hilario Camacho, sino asombro. Asombro siento a diario: asombro y perplejidad. Igual convienen esas formas de la peripecia de lo humano para ir sobrellevando el viaje. En mil novecientos ochenta y dos, Kafka y yo era dos completos desconocidos. En mil novecintos ochenta y dos, mi amigo Raúl descubría a Frank Zappa. Pero ése es otro asunto y merecerá otro post. Hoy estoy agotado. Kafka me está agobiando más de la cuenta.


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9 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Pués bien;Kafka fue el primero en dar la alarma en el siglo veinte.Nos advirtió que venía el mundo sin memoria y traspapelado.Fue el que mejor supo aunar los sueños con la realidad (mucho mejor que los surrealistas).Fue el primer humorista del siglo XX.La mayoría de sus personajes se enojan sobre la cama con un pijama a rayas.Fue el primero en darse cuenta que cuando nos damos cuenta de que somos un insecto,lo primero que hacemos es angustiarnos(no por ser un insecto)sino cómo acudir con semejante aspecto al trabajo.El pobre agrimensor tiene el castillo delante de las narices y no hay manera de acceder a él,porque el agrimensor es un error que ni tan siquiera está impreso.Y respecto al cansancio;en la mayoría de sus personajes sólo quieren descansar,dormir.
Un cordial saludo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Es cuanto dices, Francisco, y es además uno de mis autores favoritos, uno al que acudo, sin reservas, consciente de entrar en un territorio fantástico. Pero Kafka es también lo que registro, fantasiosamente. Un saludo, amigo.

Anónimo dijo...

No tengo claro lo de kafkiano, que parece un adjetivo temible, una cosa de miedo de verdad, pero lo leído del autor de La metamorfosis me ha llenado del todo y entiendo (hasta cierto punto) el texto, como texto, pero le doy la razón a Machuca, que lo expone magistralmente.


¿Borges no te da migraña, Emilio?


Rafa

Alejandro Prieto Villa dijo...

Kafka para mí siempre será Gregorio Samsa, que leí postrado en una cama, en un hospital, recién operado de algo no leve, y que me persiguió durante años. Samsa era yo o yo era Samsa? Recuperado, no he vuelto a ese librito, aunque lo tengo a mano, y ganas a veces dan, no obstante, Samsa es mucho Samsa. Kafka es mucho kafka. Saludos pretorianos.

Joselu dijo...

No he leído intensivamente a Kafka, pese a sentir una gran atracción hacia su literatura. Leí hace años América, El proceso y, por supuesto, La metamorfosis, además de haber asistido a la representación de el Informe para una academia. Pero hay algo en él que me enerva, no puedo soportar la impotencia en que se sumen sus personajes en un universo sin salida y en el que el ser humano es culpable sin saber por qué. Creo que entiendo el mundo kafkiano pero me inquieta demasiado especialmente en épocas bajas. Quizás llegue algún día el tiempo de releerlo pensando que hay en él también mucho de humor judío.

elprimerhombre dijo...

Me resulta nostálgica la frase "¿Quién coño es Kafka?" porque es lo que dije cuando fui a Praga con los de mi clase del instituto (allá en 1994); yo estaba a punto de hacer 17 años y aún me quedaba un año para leerme La metamorfosis (si no recuerdo mal, me la hicieron leer en COU). Cuando llegamos a un callejón con casas muy bajitas, intentamos adentrarnos pero un hombre empezó a gritarnos (me imagino que en checo) y no nos dejó entrar. Ahí es cuando el profesor nos dijo que en una de esas casitas de ese callejón vivía Kafka. Y, como he dicho antes, yo me dije a mí mismo: "¿Kafka, y quién es ese Kafka?" (más o menos fue así, y creo que "coño" no lo dije).

Un saludo!

Brandebeille dijo...

Kafka, palabras mayores, el mayor obrero de la perplejidad sobre la faz de la tierra. Suyo es el castillo, suyo el insecto Samsa. Para esto sirve la red: ahora de pronto ESTOY QUE ME MUERO POR VOLVER A LEER LAS HISTORIAS DEL AGRIMENSOR. GRACIAS-

Anónimo dijo...

Kafka me viene grande, que le vamos a hacer, Emilio, pero leerte es un placer y así te lo transmito. Saludos sinceros.


Joan V.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Como decimos por aquí: Kafka es par que le toca. Como todo lo gris, para los que vivimos bajo ese color, lamentablemente adictivo.
Un saludo