17.9.10

En el país de Peter Pan


I
A Peter Pan lo matamos en Carnaby Street. La noche le zurcía plomo al gorrito estúpido y al traje ridículo y pudimos derrotarle. Antes de morir confesó que nunca amó a Wendy Darling. Que esas niñas cursis de Londres no tienen tres palabras. Que a la hora de la verdad, siempre tan golosa y lúbrica, se acordaba de su madre y le venía, como un río, el llanto. Que Campanita se metía resina de madreselva para levantar vuelo. Que a los niños perdidos mejor hubiese sido no encontrarlos. Que el canalla del Capitán Garfio era, en el fondo, una buena persona y que le hubiese encantado, antes de morirse, pedirle perdón. Que maldita la gracia de ir perdiendo su sombra por los tejados de Londres. Fue un acto de piedad. Disney no sale de su asombro.
II
Antes de hocicar su cara verde frente a un escaparate de ropa interior de marca maldijo a su creador y pidió royalties por el abuso de las multinacionales y los tics nerviosos de Robin Williams. No le dimos sepultura. Se lo comieron los niños pijos y las moscas.

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7 comentarios:

Joselu dijo...

Caña, caña, al mundo estúpido de Disney que ha conformado y estragado la imaginación de varias generaciones, y lo malo es que no podemos desprendernos de sus dibujitos cuando recreamos el mito de Peter Pan u otras historias repletas de densidad narrativa.

Felipe Hurtado dijo...

A la yugular, sin piedad semántica.

Ramón Besonías dijo...

Tienes razón, la inocencia que vende míster Pan es de silocona y poliespán, naif, ñoña. Hoy los niños prefieren perder su inocencia de la mano de Garfio que aventurarse a volar con semejante mamarracho, embutido en tafetán.

Por cierto, Emilio, otra vez (en parte) coincidimos en el leimotiv. Dejé una perla sobre la necesidad de no claudicar a la inocencia en mi casa digital:

http://lamiradaperpleja.blogspot.com/2010/09/la-vuelta-al-cole.html

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Sí, Joselu, no sé si animadversión pura, pero ya me harta Disney. Pasó la época en la que me metía en vena horas de Bambi y de Pluto. Ahora soy un mercenario contra los colorínes.

A la yugular, sí, Felipe, muy gráfico...

Ñoña como pocas. He disfrutado Fantasía. Mucho. El abuso me ha quemado. El imperio termina devorando a sus hijos/clientes. Leí tu post. No reseñé (no siempre lo hago, según me incite el texto) pero lo leí. Suelo hacerlo con independencia de que me lo cites. Un abrazo, amigo Ramón. ¿Qué pasó con Fincher? Ahora estoy cayendo...

Anónimo dijo...

Por mi todo Disney iría a la papelera de reciclaje de la cultura. Ha hecho más daño que bien. Colonialismo puro y duro. Colorínes, sí, en efecto, colorínes para aturdir a la gleba infantil y llevarla al punto de vista monocorde.

Lacort

Alejandro Cobos dijo...

Y después de matar a Peter Pan podemos probar con la abeja Maya y con Pepito Grillo y así hasta dejar sólo a Spìderman y al Capitán América, que son héroes chachilones que le gustan a todos los niños chachilones del mundo---- No vayamos matando a tanta gente, hombre, que alguna utilidad tendrán... Y después de darte caña, era mi obligación, te cuento lo que me gusta este blog. Mucho, de verdad. Lo de matar a Peter Pan, qué qieres qiue te diga, me ha gustado menos. Estamos para lo que haga falta. Saludos cordobeses, paisano.

Anónimo dijo...

Qué crueldad: me tiro por el ala bondadosa. Dejad a Peter volar por los tejados de Londres y amar a Wendy por siempre jamás, joder. Es coña. Saludos.


F.