3.8.10

Las cosas no son como son, y tampoco hace falta...

Valle-Inclán escribió que las cosas no son como las vemos sino como las recordamos. Entre lo fabulado y lo vivido a veces no existe mayor diferencia que la intensidad de esos recuerdos. Releída ahora, al albur de estos tiempos sentimentales y trágicos, apocalípticos y relativos, que diría el Papa Santo de la Santa Roma, la frase de Don Ramón estimula la percepción de un presente tan escorado a la ficción, a la literatura, a la invención lúdica, incluso la más perversa, que parece un capítulo desgajado de un novela.
Acostumbrados a confundir los titulares de prensa con los argumentos de las películas del garrulo Michael Bay, no deja de doler que la lluvia haya zanjado mil vidas en Pakistán, noticia que por suceder en Pakistán no alcanza la categoría de noticia que otros, ocurridas a este lado de las cosas, en el mundo visible, que es al cabo el que importa. Cuando otro cataclismo ocupe los rotativos y nos lo ametrallen por los canales habituales rebajaremos un dolor para colocar otro. El mundo gira con su pesada carga de fauna, flora, piedras y agua. Mientras unos (lo vi hace poco en televisión) se encuentran a sí mismos en hoteles de muchas estrellas, servidos como reyes, pagando como marajás, otros se pierden, no se hallan, nunca van a hoteles ni saben lo que es ser servidos como reyes y sacar tarjeta y pagar como marajás. Supongo que el mundo es así y así seguirá siendo hasta que explote por el azote de algún meteorito apocalíptico o porque la viejura lo resquebraje y se nos parta, quejumbroso, doliente y con mucho parkinson en árboles, playas y sistemas montañosos.
Sólo pienso en la frase de Valle-Inclán, que me ha seguido toda la tarde. Su frase lapidaria, incendiaria, reticente a no ser desmenuzada. Luego todo será un recuerdo. Como capítulos de una novela. Como un trailer de una película. Recuerdos. Escenas de verdad mezcladas con otras que nacieron en la ficción. Hoy mismo ya no recuerdo si de verdad bebí hasta caer redondo o era una película de Billy Wilder, no sé si me explico o ustedes piensan que me he puesto elusivo, tangencial y un poco gilipollas.
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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Durante muchos años me preocupé de arreglar el mundo, a mi manera, claro, y no recuerdo haber llegado a arreglar nada. Ahora sigo empeñado en arreglarlo, pero lo hago desde mí. Me muevo, me da por hacer cosas que son cosas, es decir, que se ven. El verano pasado estuve en Honduras en un campamento, ayudando en lo que podía, dando clases en una escuela en mitad de un bosque, y vi que aquello era útil. Me duele ver que el mundo gira y gira con muchos problemas, pero, ¿y podemos hacer algo? A lo sumo, en todo caso, pequeñas cosas. Somos lo que recordamos, es cierto, y cada uno que piense qué ha hecho bueno, qué se ha esforzado por ayudar. Yo, que pido a Dios por los demás, pido también por mí misma, para que me dé fuerza para salir adelante, y poder en ese camino ser de ayuda a los otros. Me gusta tu forma de escribir. Olga Díaz

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Uno arregla el mundo modestamente. Sin alardes. No podría ser de otra forma. Nunca estuve en Honduras y ni siquiera aquí, en España, he dado mi tiempo y mi esfuerzo a labores humanitarias del tipo que cuentas. Bien podría. Es envidiable tu deseo, las ganas que se te ven, Olga. Me gusta tu forma de vivir.

Ramón Besonías dijo...

Inclán (tocayo mío) ya de adolescente me recultaba un tipo muy interesante, pese a la pinta de indigente con la que paseaba su figura por el Callejón del Gato. Se me hacía algo así como uno de esos gurús de tribu recóndita, que con solo mirarte, te calaban el alma. Después descubrí sus escritos y mi admiración creció. Incluso su pinta se me antojó estilosa. Quizá sea mentira, pero -como bien dices- lo que es es lo que recordamos.

Lo de Pakistan, inefable, Emilio. Día aciago.

Joselu dijo...

De hecho el mayor placer que existe en experimentar la realidad es el momento presente, pero no es menor la capacidad de recrearla y volverla a vivir de múltiples maneras distintas mediante el recuerdo o también la escritura, el arte. Allí sí que las cosas son como queremos y a veces no menos apasionantes que cuando las vivimos, pero para desarrollar esta facultad es importante vivir intensamente, vivir imaginativamente, extraer de nuestro vivir savia densa y fresca.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo leí en la Universidad. No he vuelto a él habitualmente, pero el verano pasado releí Tirano Banderas. Cómo no. Hay un personaje detrás del autor. Un tópico, también. La cita es maravillosa, no obstante. Saludos, Ramón.
posdata:Fincher en agenda.

Somos lo que perdimos, escribió Borges. Lo perdido, recreado, vuelve. Y lo ganado, al recrearse también, vuelve de igual manera. La memoria es una de las cosas más sorprendentes que tenemos. Y el olvido, que es un mecanismo que parece que va por libre y nos resuelve conflictos. Que parezco Freud, de vacaciones, freudiano, en fin...

Anónimo dijo...

La realidad es más jodida que la memoria, Emilio. Se come uno el presente, pero el sabor lo da el pasado, que es maravilloso porque podemos modificarlo. El futuro es Asimov, como escribiste una vez, hace tiempo. Un saludo, amigo.