21.8.10

Besos de cine



No están de moda las películas con beso antes de cerrar cortinillas. De hecho no están de moda ni siquiera las cortinillas. Puestos a buscar cosas que ya se estilan poco, echo en falta el The End que me escoltó durante esos años en los que uno se hace adicto al cine. Echo en falta el león de la Metro en una terraza de verano en Córdoba. No está de moda el romanticismo. Todo se construye para que el mercado lo derribe. Las leyes de ese mercado son las que mandan. Por eso no hay besos antes del final. Igual venden menos que antes. Uno puede refugiarse en una habitación oscura, encender la pantalla (grande, a ser posible, pero no es necesario en modo alguno) y prender la belleza de alguna de esas cintas memorables, ajenas a la cinefilia sesuda del Cahiers du Cinema y a los análisis de la inteligencia aplicada al arte. En las habitaciones oscuras los besos ocupan todo el universo, aunque sepamos que son besos de mentira. La ficción misma nos educa para que apreciemos el valor de esa mentira. A veces la realidad, recién descendidos de la ficción que construyen las películas, no nos llena. Buscamos besos en la oscuridad. Creemos que ese beso al final del metraje puede excusar los errores de la trama. Pensamos que el guión de la vida que llevamos es el único posible y que el cine puede abastecernos de las mentiras con las que disfrutar más de ese guión imperfecto. Amo la ficción casi por encima de todas las cosas. Amo los besos en los cines de verano. Amo todas esas cosas que, sin estar de moda, están conmigo, en las estanterías de la habitación en donde alojo los libros, los discos y las películas que me apasionan. Una vez que entro ahí entiendo que el mundo cobra de pronto sentido. Dentro de ese cosmos privado la vida es perfecta. Afuera, en ocasiones, también. No tengo edad ya para exigir que todo sea bonito y alegremente los pájaros endulcen con sus trinos la mañana. La tengo para saber que puedo abrir el cofre del asombro en cuanto quiera y abrevar con mimo hasta el hartazgo. Y ver a Humphrey y a Lauren besarse hasta que la luz se enciende.
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9 comentarios:

Ana dijo...

Precioso, Emilio. El norte te está sentando de maravilla.

Joselu dijo...

Soy de esa generación de cines multitudinarios en que cuando se producía el beso, el jolgorio era fenomenal. Silbidos por doquier. Esta es la distancia que nos separa de otro tiempo en que un beso aún conmocionaba. Tengo la impresión de que el beso ha perdido actualidad entre los jóvenes ya acostumbrados desde adolescentes a palabras mayores. La seducción incluso es un ejercicio anticuado. Ya no se estila. Aquí te pillo y aquí te mato, y si te he visto no me acuerdo. La dilación en la conquista es un lastre innecesario. No es mejor ni peor, pero entra en conflicto paradójico con algunos viejos románticos de otro tiempo. Creo que El mundo feliz de Huxley y su planteamiento de las relaciones sexuales tiene algo que ver con lo que estamos viviendo. No totalmente, pero sí en cierta dirección. Escribí sobre el beso hace cuatro años y medio. Te dejo el enlace por si te interesa UN BESO. Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Un beso.
Este para ti.
Por escribir cosas tan bonitas.

Anónimo dijo...
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Ramón Besonías dijo...

Me he acordado de "Cinema Paradiso" y sus besos sesgados por la censura. Poder reunirnos y visionarlos es un placer inefable. Hoy, que parece que nada se censura, que todo está permitido, ese placer de recuperar lo que se nos niega es imposible. Pero esa ilusión de libertad es eso, ilusión.

Veo que la nostalgia se apoderó de ti hoy. Si te sirve, yo prefiero los besos que aún no se dieron, los que me imagino en la sala imaginaria de un cine que llegará. Pessoa decía: "Amo los paisajes imaginarios", no los presentes.

Un saludo extremeño.

Luzdeana dijo...

Entrañable tu entrada. Los besos no han muerto. Justamente anoche vi el último capítulo de una muy popular serie televisiva de lo más actual: su última temporada cierra con el beso que el protagonista venía debiendo a su dama desde hace años! Me dio mucha nostalgia la escena. Y obviamente, prueba que algunas cosas que parecen olvidadas siguen funcionando.
Saludos.

Alu dijo...

Hace tiempo que quiero ver esta película, supongo que es de esas 101 que hay que ver.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Me está sentando de maravilla, Ana. Pronto finaliza la maravilla. Regreso al sur caldeado. Ahí veremos en qué queda todo esto. Supongo que saldremos adelante...

Soy de una edad, imagino, parecido a la tuya. Viví eso y lo viví con cierta intensidad. El cine con banda sonora propia. La de ahora es maleducada, en muchos casos, vándala a veces. El mundo es un mundo express. No se estila la seducción: el tiempo apremia, el tiempo es el único placer al que nos acercamos en cada intento, Joselu. Seducir no se sabe ya qué es. O se sabe distorsionadamente. Sólo hay que ver gente joven hoy en día. El joven que yo fui tal vez fue un joven torpe, tímido, perdido, pero el tiempo era mío y lo modelaba a mi antojo. Ahora dudo de que eso sea realmente así.

Anónimo mìo, gracias.

Amo el futuro, amo el presente, amo el pasado. Es sólo cosa de organizarse. El futuro es perfecto. Debe serlo. No puede ser otra cosa. En ningún caso, Ramón, en ninguno. Un abrazo cántabro (hasta el jueves, sólo)

Víctor Manuel, al que ya casi no escucho, cantaba sobre el lugar al que iban los besos. Era bonito pensar que había una especie de espacio para los besos. Después de escribir, pensé en la canción, y la busqué. Un saludo, Luzdeana.

Sí, hay 101 o 1001 o 10001. El caso es verla. Las taxonomías, después

Raúl dijo...

Te recomienda Francisco Machuca, amigo, y autor de uno de los mejores blogs que jamás haya visitado, con lo quera obligado (benidto comrpomiso) pasarme a leer tus propuestas.
Un saludo.