10.7.10

Frank Sinatra y la mecánica celeste


A mí me pasa también de vez en cuando. Me siento como está sentado Francis Albert Sinatra, dejo reposar la barbilla sobre la mano izquierda y hago como que el mundo está ahí justo para que yo lo observe. Contemplado desde esa distancia, el silencio ocupando las palabras, la mirada alojada en la esencia más serena de las cosas, el mundo es hermoso. Está ahí para nosotros. Sin el concurso de nuestra mirada, sin que pensemos en él, el mundo no existe. Londres vive en el momento en que pienso en la ciudad cosmopolita, en sus bares, en sus calles, en los parques. Mis libros se convierten en libros, en objetos armados de sustancia, de belleza, cuando los elijo y abro sus páginas. En el momento en que nombro la dicha, el mundo sucede. El buen lector, el avezado en estas digresiones de domingo tórrido de julio en mi pueblo, puede evitar la pose Sinatra, el desvanecimiento postural, esa actitud de demiurgo razonando la mecánica celeste. Sí, ya sé que me estoy perdiendo, que desde Frank Sinatra sentado en el estudio de la Columbia, esperando grabar You do something to me o Love and marriage a la mecánica celeste hay mucha voluntad y mucho desatino semántico, pero es que hoy me he levantado espeso y no me sale n otros desahogos del alma. Sabrán entenderme.

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1 comentario:

Juan Herrezuelo dijo...

Creo que un cerebro es realmente digno de tal nombre cuando le dejamos procesar despacio el hecho más aparentemente sencillo que ocurre ante nuestros ojos. El mundo existe porque pensamos en él, y nosotros, ya se dijo, porque pensamos en el mundo.