11.7.10

Atticus cumple cincuenta años


Harper Lee escribió un libro para esconderse dentro. Hoy se cumplen cincuenta años de que inventara a Atticus Finch, el hombre bueno por excelencia, bueno machadianamente, bueno bíblicamente, bueno a salvo de todas las imperfecciones del mundo. Hoy hace todos esos años que esta mujer registró la historia de un abogado contra el Sistema, contra una sociedad cafre, incivil, escandalosamente injusta. Atticus es para siempre el impecable hombre vestido de blanco, con gafas de pasta que Gregory Peck bordó en la película Matar a un ruiseñor. La he visto muchas veces y sé que tengo que verla muchas más. Ahora la veo como cura, como evidencia de que un mundo mejor es posible y todo eso que uno se cuenta cuando ve que las cosas ahí afuera se están liando en exceso y que no tenemos aguante para casi nada. Hacen falta algunos Atticus en estos días atropellados. De algún modo Atticus simboliza la verdad sobre el caos que genera la mentira, hace pensar que un hombre solo puede derribar los altos muros de esa injusticia que campa por la tierra y se hace fuerte sin descanso. Hoy hace cincuenta años el libro de Harper Lee vio la luz. O la vimos nosotros, no sé. En estos días, encerrada en una granja con una hermana, con ochenta y cuatro años, la autora rehúye toda evidencia de que existe. Le da de comer a sus patos y evita los fastos y los premios. Como su Atticus. Limpio. Puro. Perfecto.

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2 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Cierto, Atticus es un arquetipo platónico de justicia y sensatez. El padre de tus hijos, el marido perfecto, el ciudadano ejemplar. Hasta viste con pulcritud. Su voz es serena, comprensiva. Todo talante.

Sin embargo, a mí este tipo de personajes siempre me hacen sospechar. Tanta virtud suena a peuvecé, a marca registrada. A mí me van más los personajes que huelen a persona, que tropiezan y moquean. Me van los héroes de media espada, si es posible con un par de defectillos que animen el metraje.

Atticus nos sonroja con su humanidad extraterrestre. Ójala se nos peje algo de él, pero no todo, por favor.

Buen día y buen partido, Emilio.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Los arquetipos no tienen pecados. Al menos los arquetipos arquetípìcos. En lo demás, estoy contigo. Más valen algunas fisuras, vicios visibles, historias sórdidas. La literatura se ha alimentado más de truhanes que de atticus, pero a mí me fascina todavía ese ideal. Buen día, buen partido, buen verano, en fin... Yo dejo esto por unos días... Probablemente un par de semanas. De todas maneras, si pillo un hueco, entro y escribo. Por eso, repito, amnigo, Buen Verano. Que nos bendiga el Pulpopol.