3.4.10

Sinatra, el payaso interior



Esta cara de payaso la pintó Frank Sinatra en el hotel Felipe II, en El Escorial. Era el año 1.956 y Sinatra rodaba Orgullo y pasión (Stanley Kramer, 1.957) en el Madrid de Franco y del Fotogramas en blanco y negro, reventón de frivolidades y fotos de estrellas de Hollywood, por un par de pesetas. Al término de las sesiones de rodaje, en el hotel, Frank Sinatra se bebe el Manzanares con falda escocesa y se consuela en un piano del bar pensando en Ava Gardner, la mujer a la que amó, por la que trató de sucidarse dos veces, a la que veneró al punto de crear en su mansión de Los Ángeles un altar, en el que cientos de fotografías y de retratos ocupaban paredes limpias de materiales caros, la mujer que recorría las tascas de Madrid de la mano de Luís Miguel Dominguín, del que cuentan que nada más terminar de hacerle el amor en un hotel del barrio de los Austrias le dijo que se iba sin dilación, "a contarlo".
La cara de payaso es un autorretrato. Sinatra está dentro, herido, lleno de canciones de amor y de deseo. Ahí está el Sinatra de las baladas descorazonadas, el crooner perfecto que encandilaba a las mujeres con su voz sublime. Cuentan que Sinatra pidió en ese bar del Felipe II una conferencia con Ava Gardner, que vivía en la ciudad, un poco más abajo, hechizada por los toros y por la ginebra, convertida en el animal más hermoso de la Gran Vía, en el exótico trofeo de una España de hule y rezo, de No-Do y copla, pobre como un ayuno y pecadora como una suscripción al Playboy. Cuentan que el romántico Sinatra le susurró a la Gardner el repertorio completo de los años en la Capitol. Canciones de amor en un teléfono negro que ahora, sesenta años más tarde, sería un objeto retro, ahora que hasta los cereales Kellogg's se venden en envoltorio vintage. Cuentan que Sinatra cantó sin considerar si su amada seguía al otro lado de la línea y que sólo colgó el auricular cuando ella entró en el bar del hotel, envuelta en un abrigón de visión y sin nada debajo.
El bootleg de esa declaración de amor, si alguien hubiese pulsado el rec y el play de alguna grabadora casera, improvisada a la vera del teléfono, sería ahora un documento impagable. La Voz, el genio de los ojos azules, el cantante que hizo que a mí me interesara el inglés y que me atreviera a ensayar en ocasiones especialmente etílicas Cheek to cheek o I've got you under my skin, hizo su mejor recital. No imagino una ocasión mejor. De hecho creo que la historia es falsa, aunque Sinatra bebiese media Escocia en ese hotel y su amada esquiva se bebiese la otra media en Madrid, a unas decenas de kilómetros.
La Gardner se encamó lo que pudo con la chusma analfabeta de un país exótico a los ojos de una diva de la meca del cine. Sinatra se casó poco después con Mia Farrow. "Siempre pensé que Frank acabaría acostándose con un muchacho" fue lo que se le ocurrió a Ava cuando supo de la noticia de la boda. Luego setenció con más mala sangre: "Querida, eres la hija que Frank y yo nunca tuvimos..."
Todo eso tenemos. No nos faltan decenas de rumores, episodios sublimes sobre el vértigo de la carne y la ebriedad de la sangre. Amantes incansables. Bebedores insobornables. Crápulas inmortales, mujeres a salvo del olvido. Lo que no tenemos es Night and day susurrado en ese teléfono del Felipe II. Eso nos falta. Sinatra cantando desde lo más profundo de su accidentada alma.







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4 comentarios:

Alex dijo...

Hermoso, Emilio.

Antonio Lopera dijo...

Conocía la historia, pero no a este detalle. Ava Gardner no era la actriz más guapa del mundo pero era la más voluptuosa. Hasta se pueden ver rasgos latinos en su cara, en su cuerpo. Y los toros. Me imagino en esos años 50 a la estrella de Hollywood en el tendido de Las Ventas, que no me pilla lejos de mi casa, aplaudiendo a sus ídolos del toreo. Que se acostara o no con ellos, antes o después de una buena cogorza en las tascas aleadañas, sólo favorece la creación del mito. Como actriz, dime si llevo razón o no, no me gustó nunca en exceso. Era un personaje, más que una persona. Coincido con Alex en lo hermoso en cuanto al texto. Saludos, Emilio.

Olga B. dijo...

Me ha encantado el artículo. Ava me parece la actriz más guapa, y no conocía esas frases célebres a propósito de la boda de Frank con Mía Farrow. Me parece genial, además de guapa. Es un cuerpo misterioso, raramente hermoso.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La historia es hermosa, Álex. Eso es.

A mí si me parece guapa, a su forma, Antonio. No me gustan los toros. En absoluto. Pero debió ser un impacto ver a esta señora en el tendido, con sus gafas negras de sol y su pelo recogido como nos venden nostálgicamente las fotos de la época.

Es raramente hermoso, sí, Olga. Me parece más inquietante que hermosa. Es salvaje. Es un animal en el sentido de que uno imagina que debajo hay algo agreste, sin domesticar. Lo da el rostro.