16.4.10

Oh yeah


Confieso mi debilidad por la buena vida. Al modo en que otros se declaran enfermizamente devotos de las novelas victorianas, adictos al facebook o enganchados a machacarse el cuerpo en un gimnasio. Esta querencia mía ocupa más campo, se maneja mejor en argumentos menos particulares y apela al sencillo ejercicio de disfrutar de una manera consciente de los placeres. Puedo perderme en Jane Austen, pasar un buen par de horas en las redes sociales o hacer pesas oyendo jazz blandengue de fondo, pero ninguna de esas ricas experiencias sensitivas, culturales o atléticas me precipitará a la ceguera que me impida disfrutar de otras. Nada en esta vida merece que le prestemos toda la atención.
La buena vida, muy retorcidamente expresado, consiste en no dejar pasar nada que nos enriquezca sin que nada de eso que nos ha enriquecido nos ocupe el tiempo que podríamos invertir en encontrar más fuentes de riqueza personal. Estoy escuchando música barroca y me está saliendo un texto de alambique puro. Me parece que voy a sacar al fértil Bach de la bandeja del CD y voy a poner un poco de ska vía primeros Madness. Baggy Trousers. Benny Bullfrog. Todos aquellos alegres estribillos de farra que ahora me parecen, a la luz de la experiencia, himnos.
La buena vida, en esta noche en la que no pego ojo, consiste en quererse uno mucho para poder desprender amor a todos los que nos rodean. Me quiero hedónicamente. Me cuido en no lastimarme. Trato de darme el mayor número de júbilos posibles. Me como la cabeza en encontrar festejos nuevos, pero no voy a comprar ningún libro de Bucay. Ninguno de Coelho.
Oigo Bach a las dos de la mañana en unos cascos Kenwood que compré en Canarias hace veinte años y que todavía suenan cristalinamente. Tengo al gordo de Bach en la cabeza. Veo su peluca blanca y su cara gorda mientras me convenzo de que lo razonable sería ir retirándome al catre conciliador. Mañana será otro día. Viernes angelical. Feels so good, que tocaría Mangione.



5 Indicios de vida exterior:

Anónimo dijo...

Yo veo a Jiménez Losantos cuando cierro los ojos. ¿Tengo cura, doctor? Feliz Weekend, y escribe con más frecuencia, hombre.

Rafa

Bárbara dijo...

Por eso te queremos tanto como odiamos a Coelho y a Bucay.
¿Tan gordo estaba Bach? Nos daremos al estilizado ska madnesiano, por si las moscas.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

No alcanzo yo a tanto, amigo Rafa. Me quedo en Bach, que es más liviano, aunque pese lo suyo. Jiménez es un trauma óptico.

Gracias en lo que me toca, Bárbara. Bach estaba gordo. Me remito a su catálogo en Deutsche Grammophon. Lo de Madness no era broma. Llevo parte de la mañana, en mi Ipod, oyendo clásicos de estos genios de la bruma inglesa. Jamaica en el Soho. Un beso grande.

Anónimo dijo...

Yo ni facebook ni por supuesto Bucay, que me pone alterada a más no poder. Tengo un amigo, por cierto, que coloca frasecitas de Bucay en las paredes, con chinchetas, en los frigos, y se las lee para empezar el día. Prefiero empezar a pelo, no sé si me entiendes. Las recetas son siempre malas y traen efectos secundarios. No conozco el ska ni sé quiénes son Madness, pero me encanta Bach y me da lo mismo que esté gordo. La buena vida es un oficio en sí mismo. Y hay que estar preparada y hay que saber ejercerlo. Lo djeamos así, Emilio y ya te escribho otro día.

Laura García

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Conozco yo otro que cojea del mismo pie y pone a Bucay por donde pilla. Él sabrá. Abrazos, Laura.