6.3.10

Llueve


Llueve con avaricia, llueve como si no hubiese otra cosa que lluvia, llueve a conciencia, llueve hacia dentro, llueve con vocación avara. El cielo cae sobre nuestras cabezas. Cae a plomo. Sin otro alarde que el peso antiguo de su extensión infinita. La tierra está cumplida de agua. Se multiplica el agua en el agua y el barro invade el himno primordial del aire. Asciende como un pájaro al que hemos permitido el vuelo y desafina en un cascabel lujurioso de brincos hacia las nubes perfectas. Gris en la bóveda del universo. Sin lustre. Sin alegría. Asombra esta tozuda verdad líquida. Cansa y aturda. Persevera el cansancio y se hace rutina. Llueve como una advertencia. Ya se sabe que el apocalipsis es una metáfora del miedo a que exista Dios. Porque la lluvia la escribe un dios caprichoso y rudimentario. Un dios como una incertidumbre metafísica. Un dios invertebrado, un dios loco, un dios soberbio. Tiene la lluvia un misterio de dios invertebrado, loco, soberbio. Llueve con avaricia, como si hubiese otra cosa que lluvia. A conciencia. Hacia adentro. Con vocación avara. Uno busca palabras grandes que expliquen esta lluvia febril que nos niega la luz. Uno urde alquimias, se abastece de pudor y mira al cielo sin afecto. El demonio del agua funda catedrales en el pensamiento. Vastas catedrales de agua hecha orgasmo. Ebrio de asombro, pequeño y extraño, miro el milagro de la lluvia desde la ventana. El cielo se desploma. Lleva un par de meses cayendo sobre el mundo. El suelo es un espejo del cielo.


6 Indicios de vida exterior:

Isabel Huete dijo...

Una siempre pensaba en la lluvia como algo purificador, casi como un agua de manantial. Llevo un tiempo que la lluvia me parece barro líquido, sucia y pegajosa. Estoy deseando que llegue de nuevo una sequía para desear una nueva lluvia y olvidarme de ésta.
No sé si este deseo es bueno o malo para la madre tierra pero para mis entrañas sí.
Ánimo, que cualquier día de estos luce el sol de nuevo. :)
Besitos.

Ramón Besonías dijo...

¡Pues sí que llueve por tu tierra, Emilio!

Aquí, en Badajoz, nos hemos llevado un porcentaje, quizá menos avaricioso, pero ha caído lo suyo. Como para quedarse en casa y ver la vida pasar sin que te afecte.

Yo me quedo con la lluvia en primavera, que cuando moja, huele.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Es barro, Isabel. Molesta, más que agrada. Está uno ya "harto". Y eso contando con que yo soy de los que aplauden que llueva y sale a la calle y disfruta de la lluvia donde debe disfrutarse. Cosas mías. Ya no sé. Estamos hartos. Y luego la tierra no acepta este exceso. Mi pueblo está rodeado de olivos. Te aseguro que es un "mar" de olivos. En algunas fincas, literalmente.

Qué bonito eso del olor, Ramón. Poesía, poesía, poesía.

Anónimo dijo...

Perdona si no escribo sobre tu post, pero no sé tu correo electrónico y me cuelo aquí a contarte que estoy interesado en que escribas, si es que te parece bien, en un blog sobre cine "comunitario" que tengo en mente. Se trataría de aportar críticas sobre los estrenos y algún apartado para cine clásico. Un proyecto sencillo sobre el que construir otro más grande. Está todo en el aire. Nos gusta cómo escribes y la forma en que haces reseñas de películas. Si estás interesado escribe, por favor, al siguiente correo electrónico.


pbardel~arrobayahoo.es

Anónimo dijo...

joder cómo llueve, amigo, llueve como si fuese a acabar el mundo y eso sin haber salido de la crisis, oiga.

Alex dijo...

Cuatro días cuatro lloviendo sin parar. Y yo, que me confieso amante de la lluvia, comienzo a estar saturado y a echar de menos el sol que no termina de llegar. Largo invierno, amigo. Espero que la primavera sea también lluviosa. Espero, también, que deje paso al sol de vez en cuando. Hay suelos alfombrados de hierba en parques que echan de menos espaldas.