8.3.10

El poeta en su laberinto



Debajo de la máscara está el poeta: se ha transfigurado en perro, en vampiro, en psicópata verbal. Está enrabietado, extraviado, convencido de que hay otro mundo posible, pero que algunos se obstinan (a posta, adrede, con voluntad y oficio) en joderlo. De ahí el vértigo en los gestos, ese gesto de desquicio animal bajo el que vive un poeta. Lo bueno que tiene dominar la palabra es que la palabra tiene a mano la imagen: uno se piensa perro y le bastan dos o tres utensilios modernos para extraer al perro del interior. Todos tenemos una fiera escondida. La apaciguamos como podemos, pero en ocasiones conviene soltarla, hacer que exhibe la dentadura fiera y el hambre en la baba. El que escribe tiene un poco de dios y otro poco de demonio. Dios suyo y demonio para sí mismo también. El que lee elige sus dioses y elige sus demonios. Así se va escribiendo la literatura. La del poeta enjaulado en la cara de perro que ilustra el post es una literatura alta y está manuscrita con el corazón rumboso de quien se da mucho y se da sin reserva. Abajo, en plan compensatorio, he colocado una foto del poeta infante. Toda la parte iconográfica está a disposición de lector interesado en su página. Falso: en sus páginas. Tiene unas cuantas. Las dedica a airear belleza. Y cuando se pone díscolo, cuando la realidad le pone a cien, tira de photoshop y se convierte en perro rabioso. Como la canción de Elvis. Espero, ya por último, que no se moleste por este atrevimiento.


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8 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Decía Nietzsche que debajo de la máscara no había nada, ya que somos esencialmente "máscara", apariencia. Apariencia no entendida en sentido negativo, "mentira" o "engaño", sino como el papel que cada día desempeñamos de manera creativa, quienes "vamos siendo".

El poeta es una máscara, una manera de ser, un ir viviendo a través de las palabras, de constastar los pasos andados y el miedo a dar el siguiente.

Para Nietzsche, ser poeta no sería una mala manera de ser "persona", aunque a él le gustaba más la danza y la música.

Un saludo desde Extremadura.

Pedro dijo...

A veces pienso en la inmensidad del mundo digital donde nos desenvolvemos ahora. La facilidad de trasladar ideas, informaciones, imágenes.... Y lo fácil que puede resultar perderlas por un furioso virus o un malvado gusano. Me pasa como cuando me hablan del universo. Me aterroriza pensar en que siempre hay algo más allá, inimaginable, inconcebible...
Me gusta entonces tomar un libro, da igual el estante, todos los hemos escogido, de alguna manera, nosotros; forman parte de nuestra existencia; lo abro y leo.
Imaginamos entonces, nos trasladamos, nos convertimos en perros enjaulados o en niños ilusionados gracias al autor.
¿Por qué no?

emilio dijo...

Los libros son vidas de otros. Hay más vida en algunos que en muchas vidas, pedro

emilio dijo...

Los libros son vidas de otros. Hay más vida en algunos que en muchas vidas, pedro

EMILIO dijo...

Máscara, Ramón, es persona, por eso cuando la llevamos somos verdaderamente como somos. Somos por ser máscara. El poeta es el ser sensible por naturaleza.

sALUDOS CORDOBESES.

Felipe Almansa dijo...

La poesía es el arma cargada de vida, de futuro o de lo que le eches. El poeta, como dices, es un ser sensible, el más sensible. Es tan sensible que a veces hasta le duele la realidad. A este hombre (ya he entrado en su página y merece mucho la atención y muchas visitas) le duele la realidad. Vaya personaje. Vaya persona. Vaya máscara. Vaya poeta. Muy bueno el comentario. Imagino que si te une amistad con "el perro rabioso" estará encantado de lo que escribes. No creo como dices que se moleste siquiera.

Isabel Huete dijo...

¿Molestarse Pipe? En absoluto. Él sabe bien a quién y a qué tiene que poner cara de perro. Es un creador excepcional, una especie en vías de extinción y sin embargo tan necesaria...
Has captado perfectamente a ese perro rabioso con alma de poeta, sensible y tierno como un cachorro.
Besos grandes.

luis felipe comendador dijo...

Gracias por el afecto...
Me tienes para lo que busques.

Un abrazo fuerte, amigo