3.2.10

Lolitas


Llevo unos días aplazando la lectura de un libro. No son estos días los ideales para perderse en él. Tampoco sé cuáles. Me entretengo en cosas frívolas, busco distracciones que no me ocupen del todo. Podría empezarlo y abandonarlo en la página 43. Volver mañana y leer hasta la 56. Esperar al fin de semana para llegar a la 78. Abordajes brevísimos. La evidencia de que no son buenos tiempos para la lírica. Lo doloroso es no disponer de información fiable sobre la duración de esta travesía. No saber cuándo volverá uno a tener tiempo para enfangarse en esos vicios antiguos. Vi anoche el lomo inconfundible de mi adorada Lolita y me entristeció reconocer que hubo una época en que leía a dentelladas, inconsciente, jubiloso, inocente. No me sucede esto con la música: encontré el recurso formidable del Ipod. Lo llevo encima siempre. Cargado de batería. El disco duro lleno de Bill Evans y de Charlie Parker. No podemos sacar en la cola del supermercado Lolita, Lo-li-ta, y verla otra vez en esos moteles baratos, oliendo a tabaco rancio y a moho ancestral. El escaso rato del que disponemos lo queremos convertir en el mejor de los ratos posibles. No nos rebajamos a leer mala literatura, ver cine malo o escuchar música innecesaria. Queremos siempre tener a mano a Vladimir Nabokov, a John Ford o a Keith Jarrett. Queremos dosis masivas de placer. Por eso duele esa pérdida miserable de tiempo que supone leer libros malos, ver películas malas o escuchar discos malos. Malogramos el apetito con golosinas defectuosas. Se hace uno exigente hasta el desmayo. No transige entretenimientos vacíos. No ver televisión es un síntoma de cordura audiovisual en estos tiempos de penumbra. La tele ha pasado ser un monitor, una especie de receptorio cómplice sobre el que proyectamos todos nuestros vicios. Un premiado en la reciente gala de los Globos de Oro pronosticó que la televisión terminaría superando en calidad al cine. No lo dijo así, no lo expresó de forma tan diáfana, pero lo dejó caer, a su modo, convenciendo a la glamurosa concurrencia del atino del aserto. Es la mejor televisión posible, la más cercana al modelo puramente cinematográfico, convertido en un divertimento trascendente, narrativamente robusto. Lo doloroso, al menos en mi caso, es la certeza de que hay cosas que irremediablemente perdemos. No he visto Mad men, y tengo referencias estupendas. Tampoco Crazy heart, con el fabuloso Jeff Bridges. No he oído el último disco de J.J.Cale. No he leído poesía húngara del siglo XVIII. Todas esas cosas hermosas se quedan afuera, no se convierte en nada mío. Mi hambre se sacia con alimentos exquisitos. Mi estómago se está convirtiendo en un sibarita. Y pasan los días sin darle la ración diaria de asombro y me voy instalando en la mediocridad del que únicamente ocupa las horas en cumplir trámites ajenos. Nada, en el fondo. Frivolidades de ocioso que quiere serlo más.


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5 Indicios de vida exterior:

Anónimo dijo...

No pierdas el hábito de escribir en el blog. Leas más, leas menos, no dejes de escribir. Los que no escribimos, y leemos , lo agradecemos. Rafa

Pedro dijo...

Todos queremos ser mas ociosos de lo que somos, tirarnos a los vicios de cabeza, Emilio, y sacar la cabeza y ver como va el mundo, volver a meterla dentro y ahi se apañen ustedes, señores, que yo ande caliente y lo de Góngora, ya sabes. Qué difícil es todo. ¿np?

López Tirado dijo...

Tampoco yo tengo el tiempo que querría y el que tengo lo uso mal y me da remordimientos. ¿Por qué ve la jodida tele y no conectoun buen DVD? ¿Por qué leo prensa, loable empeño, y no le mete mano a un buen novelón de mil páginas? !Ah! Verdades como puños, preguntas sin respuesta, el viento lo sabrá, el tiempo lo sabrá. No me mareo mucho. Me da igual en el fondo porque no veo a mano solución y no voy a deprimirme. Lo de Bill Evans en el ipod es sencillo y da rendimiento inmediato. Jazz express, jejejejeje.

Pepe Márquez Nava dijo...

Cuando a alguien le gusta escribir no sabe como repartirse. Leer te quiota tiempo para esribir, ver cine te quita tiempo para leer, escuchar música te quita tiempo para escribir o para leer o para ver cine, incluso salir con los amigos te quita tiempo para todo eso. Al final lo que venga... es mi opinión, sin preocuparse demasiado por nada... Lo que vaya viniendo... Lees, esribes, ves pelis, sales... Todo es divertirte, aprender, formarte... Y no me quedo con ninguna y las uso todas. Saludos, bloguero.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Se pierde por días y se gana después con idéntico entusiasmo. Según qué días, según qué pase. Escribir es algo personal. Las ganas, el deseo, dependen de tantas cosas, Rafa.

He aprendido lo malo que es tener todo el tiempo del mundo. A veces abruma esa distancia, ese campo grande y sin cercar. Es difícil, sí, no te lo niego, Pedro.

No conectamos un buen DVD por pereza, por dejarnos llevar o, como sucede en ocasiones, porque precisamos alivios livianos y ver Fresas salvajes después de un día entero de trabajo pues...

Escribir te quita tiempo para vivir, decía un amigo mío. Escribes y estás muerto. Escribir es en cierto modo negar la realidad, inventar otra. Escribir en serio, digo. No se puede evitar ese deseo. Es un asunto que me preocupa últimamente mucho. Y ahí andamos; Pepe